/ martes 9 de abril de 2019

En la biblioteca de mi abuelo, mi primer acto racional

Méndez Vivanco cita a Bioy Casares: la primera experiencia del humano es la vida, la segunda, la lectura

PRIMERA PARTE

Daniel Méndez Vivanco es sin lugar a dudas un personaje en toda la extensión de la palabra. Rara avis, decían los latinos. “Una persona excepcional, difícil de encontrar”, como lo define la locución romana en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Lector voraz, dedicado, erudito de la lengua, educador, historiador, dotado de una memoria excepcional, nos sentamos en el café de La Parroquia de la calle Zaragoza, en el corazón de Xalapa y pide un café americano con media carga a “Yorch” –Jorge–, el mesero que atiende de inmediato su petición.

Es un sábado soleado, caluroso. Estamos ahí, en el viejo café, del lado de la vieja manzana que ha sobrevivido a la avasallante modernidad de la cuadra anterior, donde se erige una plaza, con un hotel nuevo y nuevos espacios comerciales y restaurantes, símbolos de la modernidad que llegó al centro histórico de esta capital.

En esa calle, el ulular de una ambulancia, que anuncia tragedia, se confunde con la risa y chacoteo de unos jóvenes, que en la mesa de junto, disfrutan de este cálido día. Parecen amigos, parecen turistas. Sonríen, cuentan bromas, toman café, piden enfrijoladas, enchiladas y malteadas de fresa y vainilla.

Ahí, frente a una canasta de pan con canillas, un lechero y el café americano al que apenas le daría un par de sorbos, el maestro Daniel Méndez Vivanco me habla apasionadamente, de su abuelo, el doctor Darío Méndez Lima, hijo predilecto de Huatusco, la ciudad a la que sirvió como médico y educador y en donde, por cierto, fundó la primera escuela para mujeres en educación básica.

En la biblioteca, mi primer acto racional

Ahí, en la biblioteca de su abuelo –con un impresionante acervo, como la edición completa de la Revista Azul que fundaron Manuel Gutiérrez Nájera y Carlos Díaz Dufoo–, me cuenta Daniel Méndez Vivanco, que tuvo su primer acto racional existencial.

“Sí, ese fue mi primer acto racional como ser humano. Es lo primero que recuerdo. Ahí estaba yo, tomado de la mano de mi padre, contemplando la biblioteca, mientras él me explicaba lo que tenía frente a mis ojos”.

Se detiene en esa imagen. Sus ojos vivaces, detrás de los redondos anteojos me buscan, con vehemencia, para explicar, la tesis de Ortega y Gasset, “el hombre y la circunstancia”, “el hombre y su entorno”, que genera conductas aprendidas.

En esa gran biblioteca del abuelo Darío Méndez Lima, en Huatusco, su tierra natal, nace la vocación de este hombre por las letras, la educación, los libros y la literatura.

El galano arte de leer

Daniel Méndez se enamoró formalmente de la lectura siendo un niño, a través de El galano arte de leer, un libro editado por Trillas, de dos escritores de origen coscomatepecano, sobre todo el primero de ellos, Manuel Michaus –precisa– y Jesús Domínguez.

“Esta es una obra que realmente debería rescatarse ahora que nos estamos quejando que el hábito de la lectura del país no anda tan bien en términos estadísticos”, expresa, al señalar que es una obra con textos extraídos de grandes obras literarias, con ejercicios que permiten la reflexión, el análisis y el desarrollo de la creatividad.

Otro libro que le impactó mucho y que lo guarda con gran cariño, porque fue un obsequio de su padre, es Viajando con Jesucristo, una especie de crónica periodística que lleva a cabo el autor en un viaje a tierra santa.

“Créeme que conforme vas leyendo y te vas adentrando en sus páginas, sientes la presencia de Jesucristo a un lado, sientes que Jesucristo va contigo”, dice Daniel Méndez, quien a pregunta expresa nos confiesa que en su juventud quiso ser sacerdote y realizó durante varios años estudios clericales hasta que su padre se opuso rotundamente.

–¿Qué le pasa al ser humano con la experiencia de la lectura?, le pregunto a bocajarro. Me lo he encontrado muchas veces en este café o en algunos otros lugares de la ciudad, leyendo, ¿qué me puede decir de este acto humano?, le añado.

“Con esta pregunta me haces recordar lo que decía Camilo José Cela. Cuando le dieron un premio importante a nivel internacional le hicieron una pregunta similar y dijo que el acto de leer es un acto solitario, el acto de leer es un acto privado, y que por tal motivo para poder recrearlo y disfrutar placenteramente de la lectura sí efectivamente requiere la individualidad del acto humano, una gran paciencia, una gran disciplina y una gran entrega”.

También se refiere a Rafael Pérez Gay cuando en sus programas de televisión comenta que cuando abres un libro, abres una puerta hacia todo un mundo insospechado.

–La palabra es la casa del ser, decía don Martin Heidegger.

“Sí, es la casa del ser, porque es un reencuentro con tu propia esencia. El ser es tu propia esencia, entonces no nos debe extrañar que Heidegger es un filósofo existencialista y cuando emite ese tipo de expresión toca y refleja su propia visión filosófica, toca las fibras más sensibles que es su esencia, buscas finalmente tu esencia”.

“Adolfo Bioy Casares, otro gran escritor que admiro, dice que la primera gran experiencia del ser humano es la vida misma, y la segunda, agrega, muy probablemente es el mundo de la lectura”.

–¿Qué prefiere, el libro impreso o el digital?

“Yo soy una persona formada en la lectura impresa. Me fascina, disfruto mucho. Decía Sergio Pitol, agarras el libro, lo tocas y es un acto placentero, cálido, llevártelo bajo el brazo, ahí llevas toda una tecnología también. ¿Y cuál es la lectura electrónica? Bueno la lectura electrónica es como la parte inmediata de la información, la rapidez, pero para la profundidad, la reflexión profunda, para la meditación, como pedagogo que soy te digo, para que se lleven a cabo todos nuestros procesos mentales, nuestros niveles cognitivos, siento que es la lectura impresa”.

PRIMERA PARTE

Daniel Méndez Vivanco es sin lugar a dudas un personaje en toda la extensión de la palabra. Rara avis, decían los latinos. “Una persona excepcional, difícil de encontrar”, como lo define la locución romana en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Lector voraz, dedicado, erudito de la lengua, educador, historiador, dotado de una memoria excepcional, nos sentamos en el café de La Parroquia de la calle Zaragoza, en el corazón de Xalapa y pide un café americano con media carga a “Yorch” –Jorge–, el mesero que atiende de inmediato su petición.

Es un sábado soleado, caluroso. Estamos ahí, en el viejo café, del lado de la vieja manzana que ha sobrevivido a la avasallante modernidad de la cuadra anterior, donde se erige una plaza, con un hotel nuevo y nuevos espacios comerciales y restaurantes, símbolos de la modernidad que llegó al centro histórico de esta capital.

En esa calle, el ulular de una ambulancia, que anuncia tragedia, se confunde con la risa y chacoteo de unos jóvenes, que en la mesa de junto, disfrutan de este cálido día. Parecen amigos, parecen turistas. Sonríen, cuentan bromas, toman café, piden enfrijoladas, enchiladas y malteadas de fresa y vainilla.

Ahí, frente a una canasta de pan con canillas, un lechero y el café americano al que apenas le daría un par de sorbos, el maestro Daniel Méndez Vivanco me habla apasionadamente, de su abuelo, el doctor Darío Méndez Lima, hijo predilecto de Huatusco, la ciudad a la que sirvió como médico y educador y en donde, por cierto, fundó la primera escuela para mujeres en educación básica.

En la biblioteca, mi primer acto racional

Ahí, en la biblioteca de su abuelo –con un impresionante acervo, como la edición completa de la Revista Azul que fundaron Manuel Gutiérrez Nájera y Carlos Díaz Dufoo–, me cuenta Daniel Méndez Vivanco, que tuvo su primer acto racional existencial.

“Sí, ese fue mi primer acto racional como ser humano. Es lo primero que recuerdo. Ahí estaba yo, tomado de la mano de mi padre, contemplando la biblioteca, mientras él me explicaba lo que tenía frente a mis ojos”.

Se detiene en esa imagen. Sus ojos vivaces, detrás de los redondos anteojos me buscan, con vehemencia, para explicar, la tesis de Ortega y Gasset, “el hombre y la circunstancia”, “el hombre y su entorno”, que genera conductas aprendidas.

En esa gran biblioteca del abuelo Darío Méndez Lima, en Huatusco, su tierra natal, nace la vocación de este hombre por las letras, la educación, los libros y la literatura.

El galano arte de leer

Daniel Méndez se enamoró formalmente de la lectura siendo un niño, a través de El galano arte de leer, un libro editado por Trillas, de dos escritores de origen coscomatepecano, sobre todo el primero de ellos, Manuel Michaus –precisa– y Jesús Domínguez.

“Esta es una obra que realmente debería rescatarse ahora que nos estamos quejando que el hábito de la lectura del país no anda tan bien en términos estadísticos”, expresa, al señalar que es una obra con textos extraídos de grandes obras literarias, con ejercicios que permiten la reflexión, el análisis y el desarrollo de la creatividad.

Otro libro que le impactó mucho y que lo guarda con gran cariño, porque fue un obsequio de su padre, es Viajando con Jesucristo, una especie de crónica periodística que lleva a cabo el autor en un viaje a tierra santa.

“Créeme que conforme vas leyendo y te vas adentrando en sus páginas, sientes la presencia de Jesucristo a un lado, sientes que Jesucristo va contigo”, dice Daniel Méndez, quien a pregunta expresa nos confiesa que en su juventud quiso ser sacerdote y realizó durante varios años estudios clericales hasta que su padre se opuso rotundamente.

–¿Qué le pasa al ser humano con la experiencia de la lectura?, le pregunto a bocajarro. Me lo he encontrado muchas veces en este café o en algunos otros lugares de la ciudad, leyendo, ¿qué me puede decir de este acto humano?, le añado.

“Con esta pregunta me haces recordar lo que decía Camilo José Cela. Cuando le dieron un premio importante a nivel internacional le hicieron una pregunta similar y dijo que el acto de leer es un acto solitario, el acto de leer es un acto privado, y que por tal motivo para poder recrearlo y disfrutar placenteramente de la lectura sí efectivamente requiere la individualidad del acto humano, una gran paciencia, una gran disciplina y una gran entrega”.

También se refiere a Rafael Pérez Gay cuando en sus programas de televisión comenta que cuando abres un libro, abres una puerta hacia todo un mundo insospechado.

–La palabra es la casa del ser, decía don Martin Heidegger.

“Sí, es la casa del ser, porque es un reencuentro con tu propia esencia. El ser es tu propia esencia, entonces no nos debe extrañar que Heidegger es un filósofo existencialista y cuando emite ese tipo de expresión toca y refleja su propia visión filosófica, toca las fibras más sensibles que es su esencia, buscas finalmente tu esencia”.

“Adolfo Bioy Casares, otro gran escritor que admiro, dice que la primera gran experiencia del ser humano es la vida misma, y la segunda, agrega, muy probablemente es el mundo de la lectura”.

–¿Qué prefiere, el libro impreso o el digital?

“Yo soy una persona formada en la lectura impresa. Me fascina, disfruto mucho. Decía Sergio Pitol, agarras el libro, lo tocas y es un acto placentero, cálido, llevártelo bajo el brazo, ahí llevas toda una tecnología también. ¿Y cuál es la lectura electrónica? Bueno la lectura electrónica es como la parte inmediata de la información, la rapidez, pero para la profundidad, la reflexión profunda, para la meditación, como pedagogo que soy te digo, para que se lleven a cabo todos nuestros procesos mentales, nuestros niveles cognitivos, siento que es la lectura impresa”.

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