/ viernes 22 de febrero de 2019

La Filarmónica ofrece concierto

En el Foro Boca y bajo la dirección de Jorge Mester, la 34 del Genio de Salzburgo y “Titán” del maestro de Bohemia

Hoy en la Sala Principal del Foro Boca, la Orquesta Filarmónica de Boca del Río ofrecerá un programa de excepción que contiene dos significativas partituras de autores europeos bajo la dirección de Jorge Mester. Se trata de la Sinfonía número 34 en Do mayor Koechel 338, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), y la Sinfonía número 1, conocida como “Titán”, de Gustav Mahler (1860-1911). Previo al acontecimiento, que dará inicio a las 20 horas, desde las 19 horas se ofrecerá la acostumbrada charla de apreciación bajo la responsabilidad del autor de esta redacción.

La obra de Mozart fue escrita en el transcurso de 1780, mismo año en que dio forma a su Sonata para órgano y cuerdas, los tres Minuetos Koechel 363, la Missa Solemnis en Do mayor y Vesperae solennes de conffesore, entre otras obras.

La Sinfonía 34 marca la transición desde el estilo italiano en tres movimientos hacia la estructura que habría de caracterizar la forma germana-austriaca, que se conformó en cuatro fragmentos. Pero la forma primaria de esta partitura fue en tres movimientos, aunque más tarde el propio Mozart añadió una sección escrita en 1782 como segundo fragmento. Esta noche se interpretará la versión original en tres movimientos.

Un compositor “de moda”

Las sinfonías de Gustav Mahler, tormentosas y apasionadas, se ajustan a la turbulencia de los tiempos que nos ha correspondido vivir. Por tanto, la obra de este maestro nacido en la región de Bohemia, conoce una celebridad que le establece como “un compositor de moda” y el solo anuncio de la interpretación de alguna de sus partituras es suficiente para mover el entusiasmo de los melómanos contemporáneos.

Pero sus virtudes en la composición nunca le fueron reconocidas en vida, en contraste con su perfil de afamado director de orquesta. El acercamiento a la Sinfonía 1 nos remite a los años de su niñez y los inicios de su carrera profesional. Hacia mediados de la década de 1880, Mahler retomó los borradores de una partitura iniciada poco tiempo atrás e inspirada en la novela “Titán” del alemán Jean Paul (1763-1825).

Terminada en 1888, la Sinfonía 1 se estrenó el 20 de noviembre de 1889, en la ciudad de Budapest, con una fría y desangelada recepción.

Muchos la consideraron música “demasiado moderna” y, concebida como heterogéneo y enorme poema sinfónico, el público registró problemas para visualizarla como música que guardase unidad.

Para el primer movimiento, de inicio similar al de la Novena sinfonía de Beethoven (nebuloso hasta alcanzar su entera definición bien avanzada la obra), Mahler combinó los cantos de cucús con el tema de la canción inicial de los Lieder eines fahrenden Gesellen (“Canciones de un viajero”), obra escrita en 1885. Pero el tercer movimiento es algo de lo más inquietante escrito en el siglo antepasado: una marcha fúnebre que es la deformación de la tonada infantil “Frère Jacques” o “Martinillo”. La adaptación es grotesca y hasta macabra, iniciada por un solo de timbales a lo que seguirá el contrabajo con el tema en forma de canon.

El origen de este concepto partió de “El funeral del cazador”, grabado del francés Jacques Callot (1592-1635) que muestra la patética imagen de un hombre cuyo cadáver es conducido por los animales del bosque.

El sorpresivo paso hacia el movimiento final es indicativo del curso que habría de tomar su creatividad en las sinfonías subsiguientes. Un fragmento dramático y apasionado estructurado de forma contrastante, con agitados fragmentos seguidos por momentos líricos y amables. Los conceptos sonoros presentes en cada uno de los movimientos de esta Sinfonía son mundos difícilmente conciliables entre sí, pero en esto estriba una de las características medulares en la obra de Mahler. La heterogeneidad de ideas es un rasgo que responde precisamente al especial concepto del músico en torno de la forma. Para él, cada sinfonía debía abarcarlo todo y, como lo expresó de viva voz, “significa construir un mundo por todos los medios a mi alcance”.

Por último, es necesario citar que ésta no fue la sinfonía inicial de Mahler y que seguramente trabajó en por lo menos cuatro anteriores, cuyos manuscritos se perdieron para siempre.

Hoy en la Sala Principal del Foro Boca, la Orquesta Filarmónica de Boca del Río ofrecerá un programa de excepción que contiene dos significativas partituras de autores europeos bajo la dirección de Jorge Mester. Se trata de la Sinfonía número 34 en Do mayor Koechel 338, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), y la Sinfonía número 1, conocida como “Titán”, de Gustav Mahler (1860-1911). Previo al acontecimiento, que dará inicio a las 20 horas, desde las 19 horas se ofrecerá la acostumbrada charla de apreciación bajo la responsabilidad del autor de esta redacción.

La obra de Mozart fue escrita en el transcurso de 1780, mismo año en que dio forma a su Sonata para órgano y cuerdas, los tres Minuetos Koechel 363, la Missa Solemnis en Do mayor y Vesperae solennes de conffesore, entre otras obras.

La Sinfonía 34 marca la transición desde el estilo italiano en tres movimientos hacia la estructura que habría de caracterizar la forma germana-austriaca, que se conformó en cuatro fragmentos. Pero la forma primaria de esta partitura fue en tres movimientos, aunque más tarde el propio Mozart añadió una sección escrita en 1782 como segundo fragmento. Esta noche se interpretará la versión original en tres movimientos.

Un compositor “de moda”

Las sinfonías de Gustav Mahler, tormentosas y apasionadas, se ajustan a la turbulencia de los tiempos que nos ha correspondido vivir. Por tanto, la obra de este maestro nacido en la región de Bohemia, conoce una celebridad que le establece como “un compositor de moda” y el solo anuncio de la interpretación de alguna de sus partituras es suficiente para mover el entusiasmo de los melómanos contemporáneos.

Pero sus virtudes en la composición nunca le fueron reconocidas en vida, en contraste con su perfil de afamado director de orquesta. El acercamiento a la Sinfonía 1 nos remite a los años de su niñez y los inicios de su carrera profesional. Hacia mediados de la década de 1880, Mahler retomó los borradores de una partitura iniciada poco tiempo atrás e inspirada en la novela “Titán” del alemán Jean Paul (1763-1825).

Terminada en 1888, la Sinfonía 1 se estrenó el 20 de noviembre de 1889, en la ciudad de Budapest, con una fría y desangelada recepción.

Muchos la consideraron música “demasiado moderna” y, concebida como heterogéneo y enorme poema sinfónico, el público registró problemas para visualizarla como música que guardase unidad.

Para el primer movimiento, de inicio similar al de la Novena sinfonía de Beethoven (nebuloso hasta alcanzar su entera definición bien avanzada la obra), Mahler combinó los cantos de cucús con el tema de la canción inicial de los Lieder eines fahrenden Gesellen (“Canciones de un viajero”), obra escrita en 1885. Pero el tercer movimiento es algo de lo más inquietante escrito en el siglo antepasado: una marcha fúnebre que es la deformación de la tonada infantil “Frère Jacques” o “Martinillo”. La adaptación es grotesca y hasta macabra, iniciada por un solo de timbales a lo que seguirá el contrabajo con el tema en forma de canon.

El origen de este concepto partió de “El funeral del cazador”, grabado del francés Jacques Callot (1592-1635) que muestra la patética imagen de un hombre cuyo cadáver es conducido por los animales del bosque.

El sorpresivo paso hacia el movimiento final es indicativo del curso que habría de tomar su creatividad en las sinfonías subsiguientes. Un fragmento dramático y apasionado estructurado de forma contrastante, con agitados fragmentos seguidos por momentos líricos y amables. Los conceptos sonoros presentes en cada uno de los movimientos de esta Sinfonía son mundos difícilmente conciliables entre sí, pero en esto estriba una de las características medulares en la obra de Mahler. La heterogeneidad de ideas es un rasgo que responde precisamente al especial concepto del músico en torno de la forma. Para él, cada sinfonía debía abarcarlo todo y, como lo expresó de viva voz, “significa construir un mundo por todos los medios a mi alcance”.

Por último, es necesario citar que ésta no fue la sinfonía inicial de Mahler y que seguramente trabajó en por lo menos cuatro anteriores, cuyos manuscritos se perdieron para siempre.

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