/ lunes 17 de diciembre de 2018

In Vivo / ¡Científico del pasado vs científico del presente!

La ciencia tiene un papel fundamental para ayudar al cambio de actitud de los ciudadanos

Hace algún tiempo me reencontré con Pedro, un compañero de la escuela, me lo encontré saliendo del supermercado, me saludó y empezamos a hablar. Llevaba botas para caminar, un pantalón fresco y una playera negra. No logré descifrar a qué se dedicaba. Me dijo –te invito a un café, tengo un par de horas libres. Acepté sin dudarlo, tenía mucha curiosidad de saber qué había pasado en su vida.

Apenas nos sentamos le pregunté, ¿cómo has estado? ¿Qué ha pasado estos últimos diez años Pedro? El empezó la frase diciendo que podría resumirlo como una montaña rusa de emociones. Hizo una pausa y continuó: Apenas salí de la prepa estaba entre la música y la biología… no sabía si alguno era el camino correcto –dijo entre risas. Al final me decidí por la biología, esa ciencia que intenta responder algunas preguntas sobre la naturaleza.

Qué interesante –exclamé– me imagino que has viajado mucho.

Uff sí, por suerte, eso sí– dijo Pedro y continuó–. Durante la licenciatura tuve varias salidas, lo más importante es que mis primeras salidas a campo me abrieron el pensamiento; empecé a entender que hay distintas maneras de vivir, existen distintas formas de vida y todo está conectado, las acciones tienen reacciones.

Foto: Cortesía


Recuerdo que uno de los primeros sitios que visité no tenía más de 300 habitantes y estaba muy cerca de la universidad, los niños debían caminar más de una hora para buscar agua potable pues de la ciudad les llegaba el agua contaminada porque no éramos conscientes de cómo usarla. –Vaya Pedro no me imaginaba eso –le dije asombrada–. Si Carla, la mayoría de los ciudadanos piensan que el agua sale del grifo y la verdad es que el agua sale por ahí luego de la intervención de animales, bosques, nubes y lluvia.

Ay Pedro qué fuerte historia, cuando me dijiste que eras biólogo te imaginé como un científico loco que pasaba todo el tiempo en el laboratorio pensando cómo conquistar el mundo– Pedro soltó una carcajada y me dijo –no Carla, con decirte que ya ni recuerdo la última vez que estuve en un laboratorio. ¿En verdad?, ¿y entonces cuál es tu oficina? –pregunté confundida– bueno, si tuviera que definir la oficina como el sitio en el que paso la mayor parte de mi tiempo trabajando, diría que mi oficina son las selvas y los pueblos cercanos a ellas. ¿Recuerdas la playa a la que fuimos de excursión en nuestra clase? –me preguntó– le respondí que sí, emocionada. Estuve allí hace algunos años y no queda ni rastro de lo que conocimos, han talado mucho bosque en las partes altas, cuando llueve se inundan las calles porque no hay vegetación que ayude a acumular el agua y además porque las alcantarillas están taponadas con la basura que dejan los pocos turistas que van y las personas del pueblo.

¿Recuerdas que pasábamos horas viendo a las aves cazar cangrejos? –Sí, siempre nos ganabas adivinando cuál sería la mejor cazadora –le dije– a lo que Pedro agregó –la primera vez que regresé no había ni un cangrejo en la playa, no lo podía creer, regresé al cabo de un mes y decidí averiguar qué había pasado, cual detective empecé a buscar pistas. Luego de un año de trabajo descubrimos que el bosque era el refugio de algunas plantas que comían los cangrejos y también el sitio donde anidaban las aves. Tumbar el bosque afectaba el turismo, la calidad de vida se los que viven allí y la pérdida de muchas especies. Wow, increíble –dije– ¿y tiene solución? –pregunté–. Si, logramos trabajar con los pobladores y se restauraron los bosques talados, están regresando los cangrejos y ya están llegando las aves para comérselos. Qué buena noticia Pedro –dije.

Si, Carla aún hay muchas cosas que se pueden hacer si todos vamos hacia el mismo rumbo, con mucho esfuerzo podemos generar grandes transformaciones.

Foto: Cortesía


Miró el reloj y exclamó: ¡uy! debo irme viajo en unas horas. Ay, estaba muy entretenida la charla, cuando regreses quedamos y me cuentas de tus aventuras –dije– claro que sí respondió Pedro emocionado. Nos despedimos con un abrazo y salió corriendo.

Ese día entendí que aquel científico despeinado, enredado y desinteresado de bata blanca se quedó en el siglo pasado. Los científicos de ahora cada día se acercan más a escenarios reales ya sea porque sus investigaciones están en la naturaleza o porque sus inventos son útiles para resolver problemas o necesidades cotidianas.

La humanidad y el planeta están en crisis y se necesitan cambios reales, la innovación no es sólo una necesidad para la tecnología y las metodologías sino para transmitir y hacer llegar los descubrimientos y lo que se ha entendido a diferentes escalas de decisión, es decir, es vital poder incidir en tomadores de decisiones en leyes y en tomadores de decisiones en uso de territorios. La ciencia tiene un papel fundamental en ayudar al cambio.

Hay que intentar contar la ciencia como una historia, describir un personaje narrar una experiencia de vida. ¡Las cosas no nos llegan como razón, nos llegan como narración y como imaginación!

Divulgar es representar la ciencia, es hacer artesanías con los hallazgos, es decir es poner mucho corazón a la forma de comunicar. El triciclo para que la divulgación llegue a muchos sitios y personas es que sea ameno, fiel y claro.

Hace algún tiempo me reencontré con Pedro, un compañero de la escuela, me lo encontré saliendo del supermercado, me saludó y empezamos a hablar. Llevaba botas para caminar, un pantalón fresco y una playera negra. No logré descifrar a qué se dedicaba. Me dijo –te invito a un café, tengo un par de horas libres. Acepté sin dudarlo, tenía mucha curiosidad de saber qué había pasado en su vida.

Apenas nos sentamos le pregunté, ¿cómo has estado? ¿Qué ha pasado estos últimos diez años Pedro? El empezó la frase diciendo que podría resumirlo como una montaña rusa de emociones. Hizo una pausa y continuó: Apenas salí de la prepa estaba entre la música y la biología… no sabía si alguno era el camino correcto –dijo entre risas. Al final me decidí por la biología, esa ciencia que intenta responder algunas preguntas sobre la naturaleza.

Qué interesante –exclamé– me imagino que has viajado mucho.

Uff sí, por suerte, eso sí– dijo Pedro y continuó–. Durante la licenciatura tuve varias salidas, lo más importante es que mis primeras salidas a campo me abrieron el pensamiento; empecé a entender que hay distintas maneras de vivir, existen distintas formas de vida y todo está conectado, las acciones tienen reacciones.

Foto: Cortesía


Recuerdo que uno de los primeros sitios que visité no tenía más de 300 habitantes y estaba muy cerca de la universidad, los niños debían caminar más de una hora para buscar agua potable pues de la ciudad les llegaba el agua contaminada porque no éramos conscientes de cómo usarla. –Vaya Pedro no me imaginaba eso –le dije asombrada–. Si Carla, la mayoría de los ciudadanos piensan que el agua sale del grifo y la verdad es que el agua sale por ahí luego de la intervención de animales, bosques, nubes y lluvia.

Ay Pedro qué fuerte historia, cuando me dijiste que eras biólogo te imaginé como un científico loco que pasaba todo el tiempo en el laboratorio pensando cómo conquistar el mundo– Pedro soltó una carcajada y me dijo –no Carla, con decirte que ya ni recuerdo la última vez que estuve en un laboratorio. ¿En verdad?, ¿y entonces cuál es tu oficina? –pregunté confundida– bueno, si tuviera que definir la oficina como el sitio en el que paso la mayor parte de mi tiempo trabajando, diría que mi oficina son las selvas y los pueblos cercanos a ellas. ¿Recuerdas la playa a la que fuimos de excursión en nuestra clase? –me preguntó– le respondí que sí, emocionada. Estuve allí hace algunos años y no queda ni rastro de lo que conocimos, han talado mucho bosque en las partes altas, cuando llueve se inundan las calles porque no hay vegetación que ayude a acumular el agua y además porque las alcantarillas están taponadas con la basura que dejan los pocos turistas que van y las personas del pueblo.

¿Recuerdas que pasábamos horas viendo a las aves cazar cangrejos? –Sí, siempre nos ganabas adivinando cuál sería la mejor cazadora –le dije– a lo que Pedro agregó –la primera vez que regresé no había ni un cangrejo en la playa, no lo podía creer, regresé al cabo de un mes y decidí averiguar qué había pasado, cual detective empecé a buscar pistas. Luego de un año de trabajo descubrimos que el bosque era el refugio de algunas plantas que comían los cangrejos y también el sitio donde anidaban las aves. Tumbar el bosque afectaba el turismo, la calidad de vida se los que viven allí y la pérdida de muchas especies. Wow, increíble –dije– ¿y tiene solución? –pregunté–. Si, logramos trabajar con los pobladores y se restauraron los bosques talados, están regresando los cangrejos y ya están llegando las aves para comérselos. Qué buena noticia Pedro –dije.

Si, Carla aún hay muchas cosas que se pueden hacer si todos vamos hacia el mismo rumbo, con mucho esfuerzo podemos generar grandes transformaciones.

Foto: Cortesía


Miró el reloj y exclamó: ¡uy! debo irme viajo en unas horas. Ay, estaba muy entretenida la charla, cuando regreses quedamos y me cuentas de tus aventuras –dije– claro que sí respondió Pedro emocionado. Nos despedimos con un abrazo y salió corriendo.

Ese día entendí que aquel científico despeinado, enredado y desinteresado de bata blanca se quedó en el siglo pasado. Los científicos de ahora cada día se acercan más a escenarios reales ya sea porque sus investigaciones están en la naturaleza o porque sus inventos son útiles para resolver problemas o necesidades cotidianas.

La humanidad y el planeta están en crisis y se necesitan cambios reales, la innovación no es sólo una necesidad para la tecnología y las metodologías sino para transmitir y hacer llegar los descubrimientos y lo que se ha entendido a diferentes escalas de decisión, es decir, es vital poder incidir en tomadores de decisiones en leyes y en tomadores de decisiones en uso de territorios. La ciencia tiene un papel fundamental en ayudar al cambio.

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