/ miércoles 9 de enero de 2019

Industria editorial en el siglo XXI

El editor alerta que las corporaciones digitales tienen varios efectos nocivos, como el acoso publicitario que irrumpe la vida cotidiana y la homogeneización de la mentalidad del individuo

Si de algo está seguro Diego Rabasa, cofundador y codirector de la editorial independiente Sexto Piso, es que en México jamás ha sido fácil publicar buenos libros y venderlos. Pese a ello, asegura que nunca traicionaría la línea editorial por fines comerciales.

Con menos de 40 años de edad, el periodista cultural, director comercial y editor de la revista mensual Reporte SP es considerado una figura imprescindible para entender la industria editorial literaria actual, pues a 16 años de la creación de Sexto Piso, con este sello se publican entre 40 y 50 novedades anuales y entre 10 y 15 reimpresiones. Además, tiene filial en España y está la idea de abrir una más en Sudamérica.

Diego Rabasa ha hecho de los libros y su creación una forma de vida, en la cual tienen cabida los talleres, uno de los cuales le permitió visitar la capital veracruzana y conceder la siguiente entrevista a Diario de Xalapa.

Diego, los resultados de varias estadísticas indican que en México menos del 1 por ciento de la población compra libros. ¿Qué es lo que ha permitido que Sexto Piso se sostenga durante 16 años y sea considerada un caso de éxito?

Determinación, mucha voluntad, trabajo y esfuerzo. Además de buscar presencia, participamos en cuantos subsidios públicos existen y nos ayuda la filial en España. Y sí, hay poca venta de libros en México con respecto a otros países, pero no solo eso, tiene uno de los peores índices de librerías per cápita de toda Latinoamérica. Mientras en Argentina hay una librería por cada 40 mil habitantes y en España una por cada 20 mil, en México hay una por cada 110 mil.

Las personas viven con economías ajustadas, si no es que precarias. Comprar un libro es un esfuerzo, por eso hay quienes se interesan por un texto pero lo compran en Internet, recurren a la piratería o simplemente adquieren una edición mal hecha.

¿Cuál crees que es el lugar que ocupan los productos artísticos y culturales en la población mexicana?

México es un país que está pasando por un drama social, especialmente por tres motivos: está tomado por la pobreza y el crimen organizado, sus sistemas de gobierno no son funcionales y existen los corporativos que actúan casi como cárteles. Ante una sociedad imposibilitada, maniatada, sin posibilidades de desarrollo, los productos culturales y artísticos están centralizados en lugares urbanizados donde hay un poder adquisitivo mayor. La cultura, por tanto, está rezagada.

¿De qué manera ese rezago cultural impacta al profesional de la edición?

En el caso específico del editor, se le relega. Esto tiene que ver con una tendencia cultural de la época a eliminar los procesos de intermediación. Si pensamos en las grandes corporaciones que dominan nuestros tiempos, que son, en muchos sentidos, gigantes digitales como Facebook, Google, Amazon, lo que quieren hacer es eliminar cualquier tipo de proceso intermediación entre el individuo y una entidad que obtiene una remuneración a partir de la actividad del individuo.

Lo publicidad está orientada a irrumpir tu cotidianidad. Ya no es necesaria la revista, la televisión, la radio o el espectacular porque ahora todo va a la cotidianidad. Basta que entres a Google a buscar algo para que inmediatamente te empiecen a ofrecer productos relacionados con aquello que acabas de buscar. A mí me parece aterrador, espeluznante, porque los procesos de intermediación son claves para varias cosas, además de generar empleos.

¿Puedes mencionar cuáles son algunos de los beneficios?

Uno muy importante es la amortiguación del acoso y la forma en que estas grandes corporaciones pretenden delinear nuestras vidas. Pareciera que van en sentido contrario estas plataformas. La idea es que todas las personas sean quienes quieren ser, pero en realidad lo que hacen es una vida muy particular que se va pareciendo mucho a las vidas de todas las personas, homogeneizando la mentalidad del individuo. Ya no hay algo que amortigüe y le permita al individuo elegir.


En el caso de los medios informativos, ¿cuáles son los efectos?

En lo informativo, lo más impresionante sucede en WhatsApp. Te puede llegar un escrito del tío loco, paranoico, que está empezando una cadena.

Habrá quienes le den el mismo peso a esa información que a una nota de periodismo de investigación. Sin los procesos de intermediación nos vemos expuestos a este tipo de asedio, de carácter político o de mercadotecnia.

Hay efectos nocivos que afectan al lenguaje, a los procesos de formación y hasta el trabajo de quienes desarrollan un oficio, con un criterio y con posturas claras.

Con respecto a la profesionalización del editor, ¿cuáles consideras que son las características que debe tener para adaptarse a los nuevos tiempos?

Cuando mi hermano Eduardo y yo pusimos la editorial en marcha, apenas tenía 21 años. No sabía nada de lo que implicaba ser un editor. Me gustaba leer y tenía mucha energía; aprendí en el camino. Pero bueno, me parece que se confunde el trabajo del editor, porque la mayoría solo lo vincula con la lectura, cuando un editor tiene que ser lector empedernido, pero también entender su época para saber en dónde se sitúa su quehacer editorial con respecto a lo que está sucediendo en el tiempo, ya sea para ir contracorriente o para abonar a alguna inercia.

El editor tiene que entender dónde están las posibles fuentes de conexión con sus públicos.

Con lo que expones, ¿qué conlleva la precarización de la industria editorial? Está llevando a un empobrecimiento en el trabajo, en la figura del editor y en los contenidos que se generan. Se está desplazando la publicidad y se genera una cadena: al ser menores los presupuestos en las redacciones, cada vez es menos lo que se le puede pagar a un redactor de notas.

En el mejor de los casos, te pagarán 500 pesos. ¿Qué haces? Dedicas el tiempo proporcional o, si eres el empleador, consigues a una persona proporcional a esa inversión. Esto establece un empobrecimiento sistemático de los contenidos disponibles para el público. Y si los contenidos son, en general, pobres, la lectura será pobre y eso tendrá consecuencias graves para el desarrollo cultural de una sociedad.

Diego, con este afecto que te vincula a las letras desde adolescente, ¿cuál crees que es el encanto del libro impreso?

Una de las tesis que he encontrado es la que tiene que ver con el desarrollo mental y espiritual. La lectura tiene algo de místico, de revolucionario, y poder palpar esa entidad que te puede emocionar, e incluso transformar, sigue teniendo un peso simbólico.

Si de algo está seguro Diego Rabasa, cofundador y codirector de la editorial independiente Sexto Piso, es que en México jamás ha sido fácil publicar buenos libros y venderlos. Pese a ello, asegura que nunca traicionaría la línea editorial por fines comerciales.

Con menos de 40 años de edad, el periodista cultural, director comercial y editor de la revista mensual Reporte SP es considerado una figura imprescindible para entender la industria editorial literaria actual, pues a 16 años de la creación de Sexto Piso, con este sello se publican entre 40 y 50 novedades anuales y entre 10 y 15 reimpresiones. Además, tiene filial en España y está la idea de abrir una más en Sudamérica.

Diego Rabasa ha hecho de los libros y su creación una forma de vida, en la cual tienen cabida los talleres, uno de los cuales le permitió visitar la capital veracruzana y conceder la siguiente entrevista a Diario de Xalapa.

Diego, los resultados de varias estadísticas indican que en México menos del 1 por ciento de la población compra libros. ¿Qué es lo que ha permitido que Sexto Piso se sostenga durante 16 años y sea considerada un caso de éxito?

Determinación, mucha voluntad, trabajo y esfuerzo. Además de buscar presencia, participamos en cuantos subsidios públicos existen y nos ayuda la filial en España. Y sí, hay poca venta de libros en México con respecto a otros países, pero no solo eso, tiene uno de los peores índices de librerías per cápita de toda Latinoamérica. Mientras en Argentina hay una librería por cada 40 mil habitantes y en España una por cada 20 mil, en México hay una por cada 110 mil.

Las personas viven con economías ajustadas, si no es que precarias. Comprar un libro es un esfuerzo, por eso hay quienes se interesan por un texto pero lo compran en Internet, recurren a la piratería o simplemente adquieren una edición mal hecha.

¿Cuál crees que es el lugar que ocupan los productos artísticos y culturales en la población mexicana?

México es un país que está pasando por un drama social, especialmente por tres motivos: está tomado por la pobreza y el crimen organizado, sus sistemas de gobierno no son funcionales y existen los corporativos que actúan casi como cárteles. Ante una sociedad imposibilitada, maniatada, sin posibilidades de desarrollo, los productos culturales y artísticos están centralizados en lugares urbanizados donde hay un poder adquisitivo mayor. La cultura, por tanto, está rezagada.

¿De qué manera ese rezago cultural impacta al profesional de la edición?

En el caso específico del editor, se le relega. Esto tiene que ver con una tendencia cultural de la época a eliminar los procesos de intermediación. Si pensamos en las grandes corporaciones que dominan nuestros tiempos, que son, en muchos sentidos, gigantes digitales como Facebook, Google, Amazon, lo que quieren hacer es eliminar cualquier tipo de proceso intermediación entre el individuo y una entidad que obtiene una remuneración a partir de la actividad del individuo.

Lo publicidad está orientada a irrumpir tu cotidianidad. Ya no es necesaria la revista, la televisión, la radio o el espectacular porque ahora todo va a la cotidianidad. Basta que entres a Google a buscar algo para que inmediatamente te empiecen a ofrecer productos relacionados con aquello que acabas de buscar. A mí me parece aterrador, espeluznante, porque los procesos de intermediación son claves para varias cosas, además de generar empleos.

¿Puedes mencionar cuáles son algunos de los beneficios?

Uno muy importante es la amortiguación del acoso y la forma en que estas grandes corporaciones pretenden delinear nuestras vidas. Pareciera que van en sentido contrario estas plataformas. La idea es que todas las personas sean quienes quieren ser, pero en realidad lo que hacen es una vida muy particular que se va pareciendo mucho a las vidas de todas las personas, homogeneizando la mentalidad del individuo. Ya no hay algo que amortigüe y le permita al individuo elegir.


En el caso de los medios informativos, ¿cuáles son los efectos?

En lo informativo, lo más impresionante sucede en WhatsApp. Te puede llegar un escrito del tío loco, paranoico, que está empezando una cadena.

Habrá quienes le den el mismo peso a esa información que a una nota de periodismo de investigación. Sin los procesos de intermediación nos vemos expuestos a este tipo de asedio, de carácter político o de mercadotecnia.

Hay efectos nocivos que afectan al lenguaje, a los procesos de formación y hasta el trabajo de quienes desarrollan un oficio, con un criterio y con posturas claras.

Con respecto a la profesionalización del editor, ¿cuáles consideras que son las características que debe tener para adaptarse a los nuevos tiempos?

Cuando mi hermano Eduardo y yo pusimos la editorial en marcha, apenas tenía 21 años. No sabía nada de lo que implicaba ser un editor. Me gustaba leer y tenía mucha energía; aprendí en el camino. Pero bueno, me parece que se confunde el trabajo del editor, porque la mayoría solo lo vincula con la lectura, cuando un editor tiene que ser lector empedernido, pero también entender su época para saber en dónde se sitúa su quehacer editorial con respecto a lo que está sucediendo en el tiempo, ya sea para ir contracorriente o para abonar a alguna inercia.

El editor tiene que entender dónde están las posibles fuentes de conexión con sus públicos.

Con lo que expones, ¿qué conlleva la precarización de la industria editorial? Está llevando a un empobrecimiento en el trabajo, en la figura del editor y en los contenidos que se generan. Se está desplazando la publicidad y se genera una cadena: al ser menores los presupuestos en las redacciones, cada vez es menos lo que se le puede pagar a un redactor de notas.

En el mejor de los casos, te pagarán 500 pesos. ¿Qué haces? Dedicas el tiempo proporcional o, si eres el empleador, consigues a una persona proporcional a esa inversión. Esto establece un empobrecimiento sistemático de los contenidos disponibles para el público. Y si los contenidos son, en general, pobres, la lectura será pobre y eso tendrá consecuencias graves para el desarrollo cultural de una sociedad.

Diego, con este afecto que te vincula a las letras desde adolescente, ¿cuál crees que es el encanto del libro impreso?

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