/ lunes 24 de mayo de 2021

Cristina Rivera Garza narra en novela el feminicidio de su hermana Liliana

Un acervo de escritos y recuerdos fueron la voz activa de El invencible verano de Liliana

Hace 30 años, Liliana Rivera Garza, hermana de la escritora Cristina Rivera Garza, fue víctima de feminicidio cuando apenas tenía 20 años de edad. La estudiante de arquitectura intentaba terminar una malsana relación con un novio de la preparatoria quien se aferraba a algo que disfrazó de amor, pero en realidad era violencia, control y terrorismo de pareja. El asesinato ocurrió semanas antes de que la joven volara a Inglaterra para continuar sus estudios.

Durante el primer confinamiento por la pandemia, en 2020, Rivera Garza encontró la concentración mental y emocional para reconstruir el rompecabezas del feminicidio de su hermana a partir del expediente policial y el propio archivo personal de la joven arquitecta.

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Un acervo de escritos, notas, tickets, cartas, fotos y recuerdos que se convirtieron en la voz activa de El invencible verano de Liliana (Random House Mondadori), la más reciente novela de Rivera Garza.

“Este es un libro que había intentado escribir muchas veces antes y para el que nunca había encontrado el lenguaje preciso para contar una historia tan compleja. Ahora yo creo que se juntaron una serie de circunstancias para que esta vez sí se lograra hacer. "Una tiene que ver con una frase que aparece en el libro de una burócrata en el ministerio público sobre que los expedientes no viven para siempre, y eso llegó a mis oídos con cierto peso, la frase que me dijo fue: 'Si tú mueres sin escribir esta historia, nadie sabrá de la existencia de tu hermana sobre la Tierra'”, manifestó Rivera Garza en entrevista.

Una segunda motivación fue la ola feminista y las tantas manifestaciones de madres sobre los cientos de miles de casos de mujeres víctimas del patriarcado. Expresiones que le han demostrado que uno de los grandes problemas es el lenguaje en sí mismo, pues si se nombran los crímenes como son muchos podrían evitarse: “No es un crimen pasional, es violencia de pareja; no es amor, es patriarcado”, advirtió la escritora.

En específico señaló que hay un lenguaje patriarcal que no deja identificar claramente un sinnúmero de violencias ni de víctimas o perpetradores, y es necesario hacer una traducción constante del lenguaje para no encubrir la agresión con palabras del amor romántico. Para la novelista es importante desnormalizar esa violencia encubierta y nombrar las cosas como son.

Con ese objetivo en mente, se dio a la cansada tarea de andar de ventanilla en ventanilla de las oficinas públicas en petición del expediente de su hermana. Un caso aún sin resolver ante la desaparición del presunto asesino. Y si bien la autora reconoce la excesiva amabilidad de los funcionarios y encargados de mostrador, no puede negar la travesía agotadora que cada madre, hermana, amiga e incluso hija atraviesa para tener información sobre el feminicidio de su familiar.

“A mí me interesaba –insistió- mucho que esa experiencia se notara en la novela, las vueltas y los múltiples recorridos que se hacen porque no es directo ni hay una ventanilla que nos dé todo lo que queremos. Hay que recorrer la ciudad. Esta es también una historia de la Ciudad de México.”

En suma al expediente policial, la novela se construye de testimonios directos de amigos y familiares de Liliana, y el eje conductor es la propia voz de la joven que a la distancia se convierte en la voz de miles de mujeres. Porque la historia de Liliana es a la vez la historia de otras novias y esposas asesinadas por el patriarcado.

Pero escarbar en el pasado fue también abrir el archivo personal, el más íntimo y doloroso. “Me encontré con una hermana que no conocía, muy directa, esa era su marca, su ironía; yo la creía más dedicada a la artes visuales, pero viendo su archivo me doy cuenta que era una escritora en ciernes”, confesó.

Si bien el objeto a priori de la novela es visibilizar la vida y muerte de Liliana, la también autora de Autobiografía del algodón, dijo que el ciclo del proceso de escribir esta historia se cerraría si gracias a este libro aparece y se detiene al asesino de su hermana, de quien se tiene sólo una foto publicada en la prensa hace 30 años. Se habilitó el correo elinvencibleveranodeliliana@gmail.com para quien tenga información Ángel González Ramos, presunto asesino.

Hace 30 años, Liliana Rivera Garza, hermana de la escritora Cristina Rivera Garza, fue víctima de feminicidio cuando apenas tenía 20 años de edad. La estudiante de arquitectura intentaba terminar una malsana relación con un novio de la preparatoria quien se aferraba a algo que disfrazó de amor, pero en realidad era violencia, control y terrorismo de pareja. El asesinato ocurrió semanas antes de que la joven volara a Inglaterra para continuar sus estudios.

Durante el primer confinamiento por la pandemia, en 2020, Rivera Garza encontró la concentración mental y emocional para reconstruir el rompecabezas del feminicidio de su hermana a partir del expediente policial y el propio archivo personal de la joven arquitecta.

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Un acervo de escritos, notas, tickets, cartas, fotos y recuerdos que se convirtieron en la voz activa de El invencible verano de Liliana (Random House Mondadori), la más reciente novela de Rivera Garza.

“Este es un libro que había intentado escribir muchas veces antes y para el que nunca había encontrado el lenguaje preciso para contar una historia tan compleja. Ahora yo creo que se juntaron una serie de circunstancias para que esta vez sí se lograra hacer. "Una tiene que ver con una frase que aparece en el libro de una burócrata en el ministerio público sobre que los expedientes no viven para siempre, y eso llegó a mis oídos con cierto peso, la frase que me dijo fue: 'Si tú mueres sin escribir esta historia, nadie sabrá de la existencia de tu hermana sobre la Tierra'”, manifestó Rivera Garza en entrevista.

Una segunda motivación fue la ola feminista y las tantas manifestaciones de madres sobre los cientos de miles de casos de mujeres víctimas del patriarcado. Expresiones que le han demostrado que uno de los grandes problemas es el lenguaje en sí mismo, pues si se nombran los crímenes como son muchos podrían evitarse: “No es un crimen pasional, es violencia de pareja; no es amor, es patriarcado”, advirtió la escritora.

En específico señaló que hay un lenguaje patriarcal que no deja identificar claramente un sinnúmero de violencias ni de víctimas o perpetradores, y es necesario hacer una traducción constante del lenguaje para no encubrir la agresión con palabras del amor romántico. Para la novelista es importante desnormalizar esa violencia encubierta y nombrar las cosas como son.

Con ese objetivo en mente, se dio a la cansada tarea de andar de ventanilla en ventanilla de las oficinas públicas en petición del expediente de su hermana. Un caso aún sin resolver ante la desaparición del presunto asesino. Y si bien la autora reconoce la excesiva amabilidad de los funcionarios y encargados de mostrador, no puede negar la travesía agotadora que cada madre, hermana, amiga e incluso hija atraviesa para tener información sobre el feminicidio de su familiar.

“A mí me interesaba –insistió- mucho que esa experiencia se notara en la novela, las vueltas y los múltiples recorridos que se hacen porque no es directo ni hay una ventanilla que nos dé todo lo que queremos. Hay que recorrer la ciudad. Esta es también una historia de la Ciudad de México.”

En suma al expediente policial, la novela se construye de testimonios directos de amigos y familiares de Liliana, y el eje conductor es la propia voz de la joven que a la distancia se convierte en la voz de miles de mujeres. Porque la historia de Liliana es a la vez la historia de otras novias y esposas asesinadas por el patriarcado.

Pero escarbar en el pasado fue también abrir el archivo personal, el más íntimo y doloroso. “Me encontré con una hermana que no conocía, muy directa, esa era su marca, su ironía; yo la creía más dedicada a la artes visuales, pero viendo su archivo me doy cuenta que era una escritora en ciernes”, confesó.

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