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Literatura: Cenizas

POR ROBERTO RONDERO
A siete idiomas ha sido traducido Cenizas (Nocturna Ediciones, 509 páginas, distribuido por Lecturalia), libro escrito por Ilsa J. Bick, primer tomo de una trilogía conformada por Sombras y Monstruos, bestsellers de esta licenciada en Literatura y Estudios Cinematográficas, autora de más de 15 novelas. Inscrita en los terrenos de la literatura mágica, Ilsa J. Bick se cuestiona en Cenizas: “Primero fue el zumbido. Después, los dispositivos electrónicos dejaron de funcionar. Y entonces…
¿SOBREVIVIRÍAS?

Para James Dashner, autor de El corredor del laberinto, la novela de Bick “Me mantuvo en vilo del principio al final. Es oscura, inquietante y mantiene el suspenso. Me ha encantado”.

Con una trama que atrae a lectores jóvenes pero también a seguidores de Los Juegos del Hambre y The Walking Dead, Cenizas, con traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo, se divide en cinco partes: “La montaña”, “Tom”, “El cambio”, “Rule” y “El horror”.

Un fragmento: “Nadie avanzaba; esa era la cuestión. La muchedumbre se arracimaba desconcertada ante un enorme tráiler de dieciocho ruedas volcado como una orca varada en la playa. El bosque abrazaba la carreta por ambos lados, pero nadie hacía un movimiento hacia él para rodear el obstáculo y entonces vio por qué. Entre los árboles, alineados a cada lado del camión tumbado, y encaramados, encima de éste, había más gente y muchos, muchos perros. Oyó un hueco repiqueteo de casos que procedía del otro lado del tráiler y el tintineo de unas riendas y supo que había acertado con lo de los caballos.

Más adelante, uno de los hombres subido al camión-barricada estaba gritando con un megáfono antiguo:

-Atenderemos a todos. Sabemos que están cansados, pero tienen que esperar su turno. Aquí estarán a salvo. Los Cambiados no vienen por aquí, así que cálmense todos.

Los Cambiados. De modo que era así como la gente los llamaba a hora. ¿Cómo podían estar seguros de que aquellos chicos con el cerebro frito no iban a venir? Alex aminoró el paso, se quedó rezagada en el mismísimo borde de la multitud, intentando decidir cuál sería su siguiente paso. Tenía miedo de adentrarse en el bosque y aquellos tipos del camión portaban rifles. ¿Y si se agachaba y serpenteaba entre la muchedumbre? Eso era demasiado arriesgado. Si chocaba con alguien, si alguien se fijaba en ella”…