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Neblina morada/ Los escritores excéntricos y los de culto, ¿son lo mismo?

  • Irving Ramírez
  • en Cultura

Fuera de lo que se presume como literatura oficial o comercial, existe y ha existido esa otra que no siempre emerge hacia las librerías de forma masiva, sino que crece como un ave raris por su naturaleza. Los excéntricos basan su estatus en una originalidad que no se conecta con la tradición, sigue su propio camino, y no hace concesiones, puede ser desesperante como Bernhard, o como Luigi Malerba. A veces, son un tanto herméticos. Su discurso es una búsqueda y se basa en el cultivo del lenguaje. Andre Pieyre de Mandiargues, Francisco Tario, esos escritores que permanecen secretos lo ejemplifican. Los excéntricos no interesan a los editores mercantiles, ni a los académicos, menos a los competidores como  dice Pitol, varios de ellos son ya de culto.

Empero, ¿hay diferencia? Un excéntrico y uno de culto. Simbiosis natural, un raro generalmente se torna de culto, sobre todo si su calidad se sostiene, pero no necesariamente. Hablamos de cofradías, de sectas selectas que en grupos y países se rotan sus libros, se revelan datos, se zambullen en las obras de estos escritores casi inéditos. Poseen un mundo particular, único, a diferencia de los otros que si les cambia uno el nombre parecen ser el mismo. Generalmente, son obsesivos, profundos, irreverentes, experimentales.

Y aún así, ¿pueden alcanzar la fama sin dejar de serlo? Sí. Ejemplos: Borges y Kafka y Beckett. Raros y de culto y famosos. Porque esto sucedió después, con el tiempo. Son los menos. Otros permanecen en un estadio discreto, cuasi olvidados, tres veracruzanos me llegan a la mente: Sergio Galindo, Juan Vicente Melo, Juan Manuel Torres. Otros son reconocidos póstumamente. ¿Hay autores de culto que no son excéntricos? Lo decimos al revés. No. Salinger es las dos cosas. Kennedy Toole también. Pero sí excéntricos sin ser de culto, como Inés Arredondo o Josefina Vincens, o Bataille y Klossowsski es más común.

De todos modos, los dos son difíciles de publicar, de leer, y hasta de entender. Autores excéntricos como Musil o Broch en México, sólo son seguidos por pocos lectores; creo que el autor de culto es aún más ínsula que el excéntrico, su condición es ser para minorías, que lo atesoran y lo resguardan como un secreto. Casi permanecerán así por siempre. Lejos de los lectores masivos. A ellos no los derrota el tiempo, al contrario: los engrandece. A diferencia de los literatos de moda que están pendientes de aparecer en las listas de los más leídos a fin de año, de las ferias y giras donde son tratados como rock stars, de ser comentados en suplementos y todo lo que significa el marketing, su límite está marcado por la tendencia en boga, y se agota en fórmulas gastadas; un autor de culto concibe su obra lenta, y sujeta sólo a sus demonios personales, sin el ansia de eso que llaman “reconocimiento”.

La construcción de la obra no tiene nada que ver con la literatura nacional, menos con el contexto histórico, tampoco con el gusto o la demanda, y los rechazos en las editoriales innúmeros, se los confirman. Es un trabajo que se gesta aislado, solo, complejo, y a veces emerge en un lado, o se aventura hacia los lectores, pero permanece incólume en su esencia. Todos, de una u otra forma, provienen de la estirpe de Flaubert, el inmenso excéntrico y autor de culto maestro de los modernos narradores de estos dos últimos siglos. Aportaciones que espulgan el mundo, que lo desmenuzan, que dan una versión otra de la realidad, más compleja, más misteriosa, y más lúcida para beneplácito de lectores exigentes. ¿Se acabaron los excéntricos en México? ¿Hay aún autores de culto? Lo sabremos antes que acabe este siglo. ¿Y hay lectores excéntricos? Sí, los que los leen.

bardamu 64hotmail.com

*Colaborador