/ sábado 8 de junio de 2019

Robo de arte, una nueva forma de colonización donde la legislación internacional en nada ayuda

La escultora Aurora Noreña denuncia el caso del traficante Leonardo Patterson, quien ganó a México en litigio internacional 690 piezas de su patrimonio prehispánico. Al saquear, dice, "nos están quitando nuestro derecho a reconstruir nuestra memoria"

Xalapa, Ver.- En su más reciente producción artística, la escultora e investigadora Aurora Noreña reflexiona y denuncia el tráfico ilícito de bienes culturales. Con recursos como la escultura, la fotografía, la instalación y un proyecto de colaboración con integrantes de los pueblos originarios despojados, trabaja en el caso de Leonardo Patterson, traficante que le ganó a México, en litigio internacional, 690 piezas de su patrimonio prehispánico, en diciembre de 2017.

En la serie Colonizados otra vez conjunta las investigaciones sobre el litigio, las legislaciones vigentes, los mecanismos de reclamo y restitución de obra expoliada, con la producción artística derivada de dicha investigación.

Quien vive y trabaja en la Ciudad de México, visitó recientemente la capital del estado veracruzano, donde ofreció una conferencia y también habló de sus líneas de estudio en entrevista concedida a Diario de Xalapa.

Aurora, de acuerdo con sus investigaciones, ¿cuál es el estado actual del tráfico ilícito de bienes culturales en México?

El problema del tráfico de bienes culturales es como un monstruo de mil cabezas al que resulta muy difícil vencer. Aunque me he centrado en el caso particular de Patterson y las piezas mexicanas, es un hecho que además de nuestro país, Bolivia, Perú, Colombia, Guatemala y Chile también están en una enorme desventaja porque la legislación internacional defiende a los traficantes, de alguna manera; aunque se han hecho cosas para cambiar el tráfico ilegal, falta mucho por hacer.

¿Cómo considera que ha sido el proceder de México en tanto país despojado de bienes culturales?

México no ha actuado muy bien en el reclamo de bienes, sin embargo, la legislación internacional tampoco ayuda. La Convención de la Unesco de 1970 trabaja para mejorar la legislación internacional, pero, repito, falta mucho por hacer.

En México, ¿quienes trabajan en la recuperación de piezas?

Principalmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y sí ha hecho esfuerzos por lograr la repatriación de bienes, pero es complejo. En el caso del traficante Leonardo Patterson, el litigio se perdió porque no se tradujo al inglés o al francés —idiomas que se requerían para hacer el inventario—.

Es ilógico que se haya perdido las piezas por una traducción, cuando el español es una lengua que tiene millones de hablantes en el mundo. Pero bueno, las instancias judiciales debieron tener traductores. Por otro lado, México no fue el único país que pagó una cantidad fuerte para llevar a cabo este litigio, y que aparte pagó para que las piezas estuvieran en resguardo -en una bodega en Alemania-.

Ahora, debo decir que además del INAH, Relaciones Exteriores también coopera y hay departamentos judiciales muy especializados. El caso al que yo me refiero, y a partir del que hago mi obra artística, es un caso fallido, pero hay ejemplos exitosos.

De entre las tantas prácticas que propician que se siga expoliando el tesoro de México, ¿cuál considera ineludible mencionar?

Las casas subastadoras como Sotheby's y Christie's venden las piezas prehispánicas a precios altísimos, lo cual, lejos de desmotivar el mercado de obra prehispánica, lo apoya e impulsa, porque naturalmente hay un creciente interés en el mercado por estas piezas de arte prehispánico.

En cuanto a su obra reciente, compártanos, por favor, ¿qué la motiva a hacer la deconstrucción de vasijas prehispánicas que han salido ilegalmente de México?

Siempre me ha interesado el arte prehispánico y buscaba hacer piezas —soy escultora básicamente— donde confluyeran tiempos y espacios diferentes de la historia de México. Empecé así a trabajar piezas que evocan a vasijas prehispánicas, algo que también tiene que ver con que me han atraído siempre —son bellísimas y tienen una increíble solución volumétrica, formal—, pero han sido consideras obra menor. Mi interés era elevarlas a un nivel escultórico.

Posteriormente vino mi encuentro con la pérdida de las piezas y entonces mi proyecto dio un giro; decidí empezar a trabajar con vasijas que hubieran salido ilegalmente de su país de origen. Inicié con unas peruanas, luego comencé a investigar sobre el caso de Patterson y solicité la información al INAH, pero fui rechazada porque me decían que iba en contra de los intereses de la Nación. Y es que resulta que México, después de haber perdido ese litigio, se amparó. Legalmente no le puede dar información a nadie sobre ese caso.

A mí lo que me ayudó fue encontrar el libro de la exposición donde se supo de toda la colección de este señor. Es el inventario de todas las piezas, entonces a partir de imágenes comencé a trabajar. Giró mi proyecto y ya no fueron sólo esculturas sino también una propuesta de denuncia y divulgación del tráfico de bienes culturales.

¿Desde sus inicios ha encontrado en el arte un medio para denunciar?

No. Es una nueva etapa porque siempre he estado centrada en mi producción en cuestiones de la autonomía y estrictamente escultóricas, pero la verdad es que para mí el arte, aparte de lo estético, es una forma de conocimiento, al igual que la ciencia. Siempre he intentado que los contenidos sean ricos y que aporten, pero esto que estoy haciendo es muy nuevo para mí.

¿Qué es lo que intenta con su proyecto?

Intento hacer una repatriación simbólica, sobre todo de una pieza, una vasija mixteca que robaron no se sabe cuándo ni cómo ni en dónde. No nada más trabajo como escultora; estoy en conjunto con mucha gente del INAH y del Registro de Patrimonio Mueble e Inmueble, porque también estoy haciendo productos artísticos, así como un certificado en mixteco, un poco para criticar que México haya perdido por no haber traducido.

¿Cómo está planteada la reflexión en torno al despojo del que somos objeto?

Está planteada en términos de una nueva colonización, debido a la conformidad de la legislación internacional con el comercio ilegal que no hace otra cosa que permitir que los países ricos continúen manteniendo el poder económico y la hegemonía cultural.

Se ha referido a que vivimos una nueva colonización, ¿por qué?

Resulta que con el saqueo de piezas arqueológicas nos están colonizando otra vez. ¿Por qué? Porque nos están quitando nuestro derecho a reconstruirnos, a reconstruir nuestra memoria. A esta pieza que robaron, como no sabemos de dónde viene, no se le pueden hacer los estudios correspondientes para determinar su época o cómo se vincula con otros objetos o con un espacio ceremonial. A partir del contexto es que se reconstruye la historia, pero si no lo sabemos, si nos quitaron su contexto, nos lo robaron, por más que nos lo regresen, es un objeto decorativo porque le vaciaron el contenido. Ya no nos dice nada.

Xalapa, Ver.- En su más reciente producción artística, la escultora e investigadora Aurora Noreña reflexiona y denuncia el tráfico ilícito de bienes culturales. Con recursos como la escultura, la fotografía, la instalación y un proyecto de colaboración con integrantes de los pueblos originarios despojados, trabaja en el caso de Leonardo Patterson, traficante que le ganó a México, en litigio internacional, 690 piezas de su patrimonio prehispánico, en diciembre de 2017.

En la serie Colonizados otra vez conjunta las investigaciones sobre el litigio, las legislaciones vigentes, los mecanismos de reclamo y restitución de obra expoliada, con la producción artística derivada de dicha investigación.

Quien vive y trabaja en la Ciudad de México, visitó recientemente la capital del estado veracruzano, donde ofreció una conferencia y también habló de sus líneas de estudio en entrevista concedida a Diario de Xalapa.

Aurora, de acuerdo con sus investigaciones, ¿cuál es el estado actual del tráfico ilícito de bienes culturales en México?

El problema del tráfico de bienes culturales es como un monstruo de mil cabezas al que resulta muy difícil vencer. Aunque me he centrado en el caso particular de Patterson y las piezas mexicanas, es un hecho que además de nuestro país, Bolivia, Perú, Colombia, Guatemala y Chile también están en una enorme desventaja porque la legislación internacional defiende a los traficantes, de alguna manera; aunque se han hecho cosas para cambiar el tráfico ilegal, falta mucho por hacer.

¿Cómo considera que ha sido el proceder de México en tanto país despojado de bienes culturales?

México no ha actuado muy bien en el reclamo de bienes, sin embargo, la legislación internacional tampoco ayuda. La Convención de la Unesco de 1970 trabaja para mejorar la legislación internacional, pero, repito, falta mucho por hacer.

En México, ¿quienes trabajan en la recuperación de piezas?

Principalmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y sí ha hecho esfuerzos por lograr la repatriación de bienes, pero es complejo. En el caso del traficante Leonardo Patterson, el litigio se perdió porque no se tradujo al inglés o al francés —idiomas que se requerían para hacer el inventario—.

Es ilógico que se haya perdido las piezas por una traducción, cuando el español es una lengua que tiene millones de hablantes en el mundo. Pero bueno, las instancias judiciales debieron tener traductores. Por otro lado, México no fue el único país que pagó una cantidad fuerte para llevar a cabo este litigio, y que aparte pagó para que las piezas estuvieran en resguardo -en una bodega en Alemania-.

Ahora, debo decir que además del INAH, Relaciones Exteriores también coopera y hay departamentos judiciales muy especializados. El caso al que yo me refiero, y a partir del que hago mi obra artística, es un caso fallido, pero hay ejemplos exitosos.

De entre las tantas prácticas que propician que se siga expoliando el tesoro de México, ¿cuál considera ineludible mencionar?

Las casas subastadoras como Sotheby's y Christie's venden las piezas prehispánicas a precios altísimos, lo cual, lejos de desmotivar el mercado de obra prehispánica, lo apoya e impulsa, porque naturalmente hay un creciente interés en el mercado por estas piezas de arte prehispánico.

En cuanto a su obra reciente, compártanos, por favor, ¿qué la motiva a hacer la deconstrucción de vasijas prehispánicas que han salido ilegalmente de México?

Siempre me ha interesado el arte prehispánico y buscaba hacer piezas —soy escultora básicamente— donde confluyeran tiempos y espacios diferentes de la historia de México. Empecé así a trabajar piezas que evocan a vasijas prehispánicas, algo que también tiene que ver con que me han atraído siempre —son bellísimas y tienen una increíble solución volumétrica, formal—, pero han sido consideras obra menor. Mi interés era elevarlas a un nivel escultórico.

Posteriormente vino mi encuentro con la pérdida de las piezas y entonces mi proyecto dio un giro; decidí empezar a trabajar con vasijas que hubieran salido ilegalmente de su país de origen. Inicié con unas peruanas, luego comencé a investigar sobre el caso de Patterson y solicité la información al INAH, pero fui rechazada porque me decían que iba en contra de los intereses de la Nación. Y es que resulta que México, después de haber perdido ese litigio, se amparó. Legalmente no le puede dar información a nadie sobre ese caso.

A mí lo que me ayudó fue encontrar el libro de la exposición donde se supo de toda la colección de este señor. Es el inventario de todas las piezas, entonces a partir de imágenes comencé a trabajar. Giró mi proyecto y ya no fueron sólo esculturas sino también una propuesta de denuncia y divulgación del tráfico de bienes culturales.

¿Desde sus inicios ha encontrado en el arte un medio para denunciar?

No. Es una nueva etapa porque siempre he estado centrada en mi producción en cuestiones de la autonomía y estrictamente escultóricas, pero la verdad es que para mí el arte, aparte de lo estético, es una forma de conocimiento, al igual que la ciencia. Siempre he intentado que los contenidos sean ricos y que aporten, pero esto que estoy haciendo es muy nuevo para mí.

¿Qué es lo que intenta con su proyecto?

Intento hacer una repatriación simbólica, sobre todo de una pieza, una vasija mixteca que robaron no se sabe cuándo ni cómo ni en dónde. No nada más trabajo como escultora; estoy en conjunto con mucha gente del INAH y del Registro de Patrimonio Mueble e Inmueble, porque también estoy haciendo productos artísticos, así como un certificado en mixteco, un poco para criticar que México haya perdido por no haber traducido.

¿Cómo está planteada la reflexión en torno al despojo del que somos objeto?

Está planteada en términos de una nueva colonización, debido a la conformidad de la legislación internacional con el comercio ilegal que no hace otra cosa que permitir que los países ricos continúen manteniendo el poder económico y la hegemonía cultural.

Se ha referido a que vivimos una nueva colonización, ¿por qué?

Resulta que con el saqueo de piezas arqueológicas nos están colonizando otra vez. ¿Por qué? Porque nos están quitando nuestro derecho a reconstruirnos, a reconstruir nuestra memoria. A esta pieza que robaron, como no sabemos de dónde viene, no se le pueden hacer los estudios correspondientes para determinar su época o cómo se vincula con otros objetos o con un espacio ceremonial. A partir del contexto es que se reconstruye la historia, pero si no lo sabemos, si nos quitaron su contexto, nos lo robaron, por más que nos lo regresen, es un objeto decorativo porque le vaciaron el contenido. Ya no nos dice nada.

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