/ sábado 18 de abril de 2020

Xalapa es una mezcla de colores y sensaciones aderezadas con la personalidad de la gente: escritora

Alaíde Ventura Medina es xalapeña y antropóloga, sin embargo, rompió con su profesión al darse cuenta que le costaba apegarse a la realidad

Xalapa, Ver.- La Xalapa verde, húmeda y tranquila de los años 90 y principios de los 2000 aparece retratada en los libros de Alaíde Ventura Medina, escritora veracruzana quien en menos de un año obtuvo dos premios literarios por Como Caracol y Entre los rotos, libros que tienen a Veracruz como escenario. La escritora xalapeña dejó la capital veracruzana hace 13 años, justo “antes de la guerra” por lo que sus textos son en parte un homenaje al escenario en el que nació y creció. “Xalapa es mi mundo, es mi casa”, asegura la mujer de 34 años.

Ventura Medina cuenta que aunque escritores de la talla de Sergio Galindo y Sergio Pitol han retratado a Xalapa en sus textos, las palabras que pueden escribirse sobre la Atenas Veracruzana se quedan cortas para describir la ciudad a quienes no la conocen.

No somos como otra ciudad del mundo. Xalapa es otra cosa, es una mezcla de elementos, colores, sensaciones aderezadas con la personalidad de la gente. Entonces yo pensé que este era el escenario en el que tenían que desarrollarse –sus libros- porque solamente aquí podían pasar esto

¿Cuándo descubriste que querías ser escritora? “Siempre he escrito, lo que descubrí es que me gustaba contar historias y para eso internet se prestó mucho”.

Egresada de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, la escritora reconoce que experimentó una especie de rompimiento con la profesión en el momento en el que le costó mucho trabajo apegarse a la realidad. Es ahí cuando comenzó a buscar su propia voz a través de la literatura de ficción. “Yo soy antropóloga pero doy un salto hacia la ficción y eso no era justo para la antropología porque yo ya no estaba haciendo eso. Es cuando decidí volcarme a la ficción, que es lo que escribo, la autoficción que es un poco una realidad paralela al mundo real”.

VERACRUZANA SE PONE EN LA MIRA NACIONAL

En julio pasado, Ventura Medina obtuvo el premio Mauricio Achar de Novela con Entre los rotos y apenas unos meses antes, en noviembre de 2018, el Premio Gran Angular a la novela juvenil, por Como caracol. Estos premios le dieron no solo el reconocimiento literario sino también la certeza de que era una escritora.

Catalogada como una novela juvenil, Como caracol le tomó cerca de 8 años escribirlo ya que se trata de una historia compuesta en un 90 por ciento por ficción. En ella la autora combina sus recuerdos de la infancia con su interés por la vejez y en específico con el Alzheimer.

Por su parte, su más reciente novela, Entre los rotos explora la autoficción ya que buena parte del texto es basado en sus vivencias.

Entre uno y otro premio hay muy poca diferencia, ¿Cómo fue el proceso de escritura de ambos? “El de Como caracol me llevó mucho tiempo, más de seis años, y cuando me gané el premio comencé a escribir el otro. Fueron uno tras otro, nunca se empalmaron”.

Sobre Entre los rotos, cuenta que se trató de un libro “más honesto” que fue escrito durante un tiempo en el que estaba viviendo procesos personales intensos lo que ocasionó que “prácticamente lo vomitara”. Fue este texto y el premio Mauricio Achar de Novela lo que hizo que Alaíde se supiera a sí misma como una escritora. “No era mi imaginación ni era mi mamá me aplaudiera. Si soy escritora”, concluye.

EL XALAPA DE ALAÍDE DEBE REGRESAR

Aunque durante 13 años vivió en la Ciudad de México y desde hace unos meses se mudó a El Paso, Texas, en la literatura de Alaíde se encuentra presente Xalapa. Para ella, el hacer de la capital veracruzana un personaje más de sus libros obedece al respeto que le tiene a la ciudad y al hecho de que ningún otro sitio lo conoce con tanta profundidad.

¿Qué ha cambiado del Xalapa en el que viviste al que ahora visitas? “Todo, porque yo me fui antes de la guerra. Yo cuando llegué a México tenía miedo de México, todo el mundo me decía de la inseguridad mientras que Xalapa era el paraíso.

Aquí dejabas la puerta abierta del coche, las casas siempre estaban abiertas. Cuando me fui, fue el primer año de Calderón y cuando comenzó todo el desmadre. Poco a poco yo venía de regreso y me empezaron a decir “no vengas tan de noche”, “no salgas tanto” o “las cosas ya no son como antes” y para mí fue muy difícil asimilarlo”, explica.

A pesar de este panorama, la escritora asegura que lo horrible que ahora vive Xalapa “no puede ser para siempre” ya que aunque la aquejen problemas sociales graves como la inseguridad, lo verde y su gente aun siguen. “Sigue siendo verde, sigue siendo colorido y sigue siendo delicioso”, explica.

Ventura Medina añade que no todos los cambios han sido malos ya que las nuevas generaciones de jóvenes -esos que no pueden salir a la calle con la misma tranquilidad que lo hizo ella- gozan de una oferta cultural envidiable. Oferta que Alaide se perdió cuando migró de Xalapa.

Algo que envidio y que me gusta es el boom de expresiones culturales, feministas, de ideas. Yo sé que me lo perdí por irme pero ahora lo veo desde lejos y pienso que es un momento fenomenal para ser xalapeño. Así como a mi me tocó un lugar muy bonito para crecer porque era seguro y agradable, a las nuevas generaciones les está tocando un buen lugar para hacer arte y para consumir estas expresiones culturales

“EL FEMINISMO DE MI MADRE NOS SALVÓ”

Ventura Medina forma parte una nueva generación de escritoras. Su nombre se ha colocado a la par de mujeres talentosas como Valeria Luiselli, Isabel Zapata, Bibiana Camacho, Alejandra Eme Vázquez, Brenda Navarro, Ave Barrera o Fernanda Melchor, en listas literarias nacionales e internacionales que han apuntado que el 2019 fue un año lleno de literatura femenina.

Para la xalapeña, el que las mujeres sean las protagonistas de un nuevo boom en la literatura de ficción no es algo que haya llegado de manera gratuita sino que es resultado de un trabajo arduo de sus antecesoras y contemporáneas. Reconoce entonces, que tiene en sus manos una responsabilidad grande aunque la asume con bastante tranquilidad. “Habíamos leído toda la vida de las guerras y los problemas del mundo y la urbanidad y de pronto las protagonistas de los libros son las madres y las abuelas; lo que ahora estamos leyendo es lo doméstico, las raíces de todo. Esa es una responsabilidad porque ahora debemos evitar el reproducir estereotipos, no irse por el camino fácil”, explica.

Cuestionada acerca del movimiento feminista y del protagonismo que tuvo este a nivel nacional, la “amiguis”,- como la conocen en redes sociales- explica que aunque siente respeto y admiración por las mujeres que encabezan la lucha feminista en México, de manera personal le cuesta trabajo reconocerse como feminista.

Y es que para ella, la etiqueta la deben llevar aquellas mujeres que están “rifando el físico” por otras y acompañando a quienes han sido víctimas de violencia por lo que ella tiene una deuda con este movimiento. “Digamos que yo soy feminista de sentido común pero lo que yo hago no es activismo, tuitear no es hacer acompañamiento de aborto o de violencia. Lo que yo hago es lo mínimo”, explica.

Sin embargo, destaca que su red de apoyo familiar si está compuesto por mujeres feministas, empezando por su madre quien le enseñó con el ejemplo la forma en la que podían ser las cosas. “Vengo de un linaje muy de mujeres que se abrieron camino solas (…) si mi mamá no hubiera sido feminista yo no estaría viva, así de sencillo”, concluye justo a tiempo para reunirse con las mujeres que ya la esperan para conocerla.

“A mí me cuesta mucho trabajo hablar”, explica la xalapeña en cuanto se reúne con las asistentes al círculo de lectura. “Soy mejor escribiendo”, argumenta y deja en el aire una frase que quedó confirmada con dos premios literarios consecutivos.

Xalapa, Ver.- La Xalapa verde, húmeda y tranquila de los años 90 y principios de los 2000 aparece retratada en los libros de Alaíde Ventura Medina, escritora veracruzana quien en menos de un año obtuvo dos premios literarios por Como Caracol y Entre los rotos, libros que tienen a Veracruz como escenario. La escritora xalapeña dejó la capital veracruzana hace 13 años, justo “antes de la guerra” por lo que sus textos son en parte un homenaje al escenario en el que nació y creció. “Xalapa es mi mundo, es mi casa”, asegura la mujer de 34 años.

Ventura Medina cuenta que aunque escritores de la talla de Sergio Galindo y Sergio Pitol han retratado a Xalapa en sus textos, las palabras que pueden escribirse sobre la Atenas Veracruzana se quedan cortas para describir la ciudad a quienes no la conocen.

No somos como otra ciudad del mundo. Xalapa es otra cosa, es una mezcla de elementos, colores, sensaciones aderezadas con la personalidad de la gente. Entonces yo pensé que este era el escenario en el que tenían que desarrollarse –sus libros- porque solamente aquí podían pasar esto

¿Cuándo descubriste que querías ser escritora? “Siempre he escrito, lo que descubrí es que me gustaba contar historias y para eso internet se prestó mucho”.

Egresada de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, la escritora reconoce que experimentó una especie de rompimiento con la profesión en el momento en el que le costó mucho trabajo apegarse a la realidad. Es ahí cuando comenzó a buscar su propia voz a través de la literatura de ficción. “Yo soy antropóloga pero doy un salto hacia la ficción y eso no era justo para la antropología porque yo ya no estaba haciendo eso. Es cuando decidí volcarme a la ficción, que es lo que escribo, la autoficción que es un poco una realidad paralela al mundo real”.

VERACRUZANA SE PONE EN LA MIRA NACIONAL

En julio pasado, Ventura Medina obtuvo el premio Mauricio Achar de Novela con Entre los rotos y apenas unos meses antes, en noviembre de 2018, el Premio Gran Angular a la novela juvenil, por Como caracol. Estos premios le dieron no solo el reconocimiento literario sino también la certeza de que era una escritora.

Catalogada como una novela juvenil, Como caracol le tomó cerca de 8 años escribirlo ya que se trata de una historia compuesta en un 90 por ciento por ficción. En ella la autora combina sus recuerdos de la infancia con su interés por la vejez y en específico con el Alzheimer.

Por su parte, su más reciente novela, Entre los rotos explora la autoficción ya que buena parte del texto es basado en sus vivencias.

Entre uno y otro premio hay muy poca diferencia, ¿Cómo fue el proceso de escritura de ambos? “El de Como caracol me llevó mucho tiempo, más de seis años, y cuando me gané el premio comencé a escribir el otro. Fueron uno tras otro, nunca se empalmaron”.

Sobre Entre los rotos, cuenta que se trató de un libro “más honesto” que fue escrito durante un tiempo en el que estaba viviendo procesos personales intensos lo que ocasionó que “prácticamente lo vomitara”. Fue este texto y el premio Mauricio Achar de Novela lo que hizo que Alaíde se supiera a sí misma como una escritora. “No era mi imaginación ni era mi mamá me aplaudiera. Si soy escritora”, concluye.

EL XALAPA DE ALAÍDE DEBE REGRESAR

Aunque durante 13 años vivió en la Ciudad de México y desde hace unos meses se mudó a El Paso, Texas, en la literatura de Alaíde se encuentra presente Xalapa. Para ella, el hacer de la capital veracruzana un personaje más de sus libros obedece al respeto que le tiene a la ciudad y al hecho de que ningún otro sitio lo conoce con tanta profundidad.

¿Qué ha cambiado del Xalapa en el que viviste al que ahora visitas? “Todo, porque yo me fui antes de la guerra. Yo cuando llegué a México tenía miedo de México, todo el mundo me decía de la inseguridad mientras que Xalapa era el paraíso.

Aquí dejabas la puerta abierta del coche, las casas siempre estaban abiertas. Cuando me fui, fue el primer año de Calderón y cuando comenzó todo el desmadre. Poco a poco yo venía de regreso y me empezaron a decir “no vengas tan de noche”, “no salgas tanto” o “las cosas ya no son como antes” y para mí fue muy difícil asimilarlo”, explica.

A pesar de este panorama, la escritora asegura que lo horrible que ahora vive Xalapa “no puede ser para siempre” ya que aunque la aquejen problemas sociales graves como la inseguridad, lo verde y su gente aun siguen. “Sigue siendo verde, sigue siendo colorido y sigue siendo delicioso”, explica.

Ventura Medina añade que no todos los cambios han sido malos ya que las nuevas generaciones de jóvenes -esos que no pueden salir a la calle con la misma tranquilidad que lo hizo ella- gozan de una oferta cultural envidiable. Oferta que Alaide se perdió cuando migró de Xalapa.

Algo que envidio y que me gusta es el boom de expresiones culturales, feministas, de ideas. Yo sé que me lo perdí por irme pero ahora lo veo desde lejos y pienso que es un momento fenomenal para ser xalapeño. Así como a mi me tocó un lugar muy bonito para crecer porque era seguro y agradable, a las nuevas generaciones les está tocando un buen lugar para hacer arte y para consumir estas expresiones culturales

“EL FEMINISMO DE MI MADRE NOS SALVÓ”

Ventura Medina forma parte una nueva generación de escritoras. Su nombre se ha colocado a la par de mujeres talentosas como Valeria Luiselli, Isabel Zapata, Bibiana Camacho, Alejandra Eme Vázquez, Brenda Navarro, Ave Barrera o Fernanda Melchor, en listas literarias nacionales e internacionales que han apuntado que el 2019 fue un año lleno de literatura femenina.

Para la xalapeña, el que las mujeres sean las protagonistas de un nuevo boom en la literatura de ficción no es algo que haya llegado de manera gratuita sino que es resultado de un trabajo arduo de sus antecesoras y contemporáneas. Reconoce entonces, que tiene en sus manos una responsabilidad grande aunque la asume con bastante tranquilidad. “Habíamos leído toda la vida de las guerras y los problemas del mundo y la urbanidad y de pronto las protagonistas de los libros son las madres y las abuelas; lo que ahora estamos leyendo es lo doméstico, las raíces de todo. Esa es una responsabilidad porque ahora debemos evitar el reproducir estereotipos, no irse por el camino fácil”, explica.

Cuestionada acerca del movimiento feminista y del protagonismo que tuvo este a nivel nacional, la “amiguis”,- como la conocen en redes sociales- explica que aunque siente respeto y admiración por las mujeres que encabezan la lucha feminista en México, de manera personal le cuesta trabajo reconocerse como feminista.

Y es que para ella, la etiqueta la deben llevar aquellas mujeres que están “rifando el físico” por otras y acompañando a quienes han sido víctimas de violencia por lo que ella tiene una deuda con este movimiento. “Digamos que yo soy feminista de sentido común pero lo que yo hago no es activismo, tuitear no es hacer acompañamiento de aborto o de violencia. Lo que yo hago es lo mínimo”, explica.

Sin embargo, destaca que su red de apoyo familiar si está compuesto por mujeres feministas, empezando por su madre quien le enseñó con el ejemplo la forma en la que podían ser las cosas. “Vengo de un linaje muy de mujeres que se abrieron camino solas (…) si mi mamá no hubiera sido feminista yo no estaría viva, así de sencillo”, concluye justo a tiempo para reunirse con las mujeres que ya la esperan para conocerla.

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