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Chikorita, de alma espartana y el crossfit, su pasión

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HAY gente que dice que se engancha con la actividad física por el placer que ésta produce. Otros, por los beneficios de la salud. Pero para Chikorita, esto es poco. Esta atleta, campeona mexicana de Spartan Race en 2016 y una espartana en la vida real, vive a la máxima potencia el crossfit y las carreras con obstáculos: “El ejercicio para mí es una obsesión”.

Alex Roudayna de la Huerta Susilla, conocida como Chikorita, es la única mexicana en el Pro Team de Spartan Race de Estados Unidos. Sus músculos definidos son resultado de un entrenamiento que a diario le toma un mínimo de cuatro horas y puede llegar hasta ocho, divididas entre velocidad, fuerza y técnica. Todo es parte del proceso para llevar al máximo rendimiento su cuerpo. Chikorita es la personificación del slogan “No pain, no gain”, por eso fue elegida por RedBull para patrocinarla en todas sus aventuras.

Sus 18 tatuajes completan un look rudo que camufla su personalidad amable; el último que se hizo hace un mes es un Darth Vader. “Siempre he dicho que soy del lado oscuro porque soy muy honesta y no tengo miedo de ser quien soy”.

El apodo Chikorita, nombre de un Pokemon, es la única cosa lúdica en la dura rutina de esta atleta. “Mucha gente no lograba decir Roudayna y comenzaron a decirme así. Llegó un punto que ya no era Alex, era Chikorita”, cuenta. “Siempre fui fan de Pokemon. Entonces adopté a Chikorita como algo mío. Si escucho Alex, pienso que me vienen a regañar”.

Cuando Spartan Race llegó a México, en 2013, Chikorita sintió haber encontrado su lugar. Sin embargo, el deporte era parte de su vida desde la niñez. En el taekwondo y el remo, ella llegó a las selecciones nacionales juveniles. Además, la primera vez que corrió 10K quedó en primer lugar. En marzo de este año, fue la primera colocada en la Spartan Race Sprint Zacatlán.

Una de sus fortalezas tiene que ver con el control de la mente. “En mi caso, yo tengo Aspergers, que es un trastorno del espectro autista, y puedo decir que es un arma de doble filo. Puedo entrar in the zone más fácilmente y quedarme ahí. Lo que más me engancha es la exigencia. Llegar al punto del dolor máximo, en el que el cuerpo te dice, ‘No lo vas a lograr’, y romper esta barrera. Lo puedes aplicar a todo en tu vida. Llegar al momento de Nirvana es la prueba de que valió la pena”.

La dieta forma parte de su disciplina y come los gramos exactos de pollo y verduras que necesite y, si viaja, se lleva su báscula para pesar los alimentos. ¿Y si alguien se atreve a pedirle una nuez? “Fuera de broma, no comparto mi comida. La nutrición es el 80% del éxito en tu ejercicio”.

En los demás aspectos de su vida, las reglas están ahí. Tras terminar la licenciatura de psicología, cursa una maestría.