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La caída de reservas amenaza la estabilidad del régimen chino

  • Carlos Siula
  • en Finanzas

 

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Para China es una cuestión de vida o muerte. La caída espectacular que sufrieron las reservas de cambio en 2016 plantea una cuestión esencial para el régimen en tres aspectos cruciales de las finanzas públicas: traduce el fracaso de la política para estabilizar el yuan, no logra controlar la salida de capitales de los particulares y, al mismo tiempo, pone en peligro las inversiones estratégicas en el exterior.

Las reservas pacientemente acumuladas desde principios de siglo en el Banco Central gracias a los excedentes comerciales, en 2016 cayeron en 320 mil millones de dólares para terminar el año en tres mil 011 billones. Aún así, China sigue poseyendo las mayores reservas del planeta, pero esa realidad es un espejismo.

La “foto” que arroja la situación financiera de China constituye un grave desafío para el presidente Xi Jinping, que este año enfrentará el juicio de la nomenklatura partidaria en el Congreso del Partido Comunista (PCCh) previsto para el segundo semestre. Xi no puede soñar con aspirar a un nuevo mandato de cinco años, si no presenta un balance económico brillante.

Por eso es que, desde fines de noviembre, Pekín anunció una serie de restricciones para contener esa hemorragia.

El régimen reconoció el sábado pasado que una de las razones que provocaron esa caída de reservas fue el enorme esfuerzo financiero que requirió la “estabilización del yuan” para aumentar la competitividad de las exportaciones. Para evitar un repliegue demasiado rápido de la moneda, tuvo que vender en los mercados más de un billón de dólares que salieron de los cofres del Banco Central.

Además de provocar la ira de Donald Trump, esa política entraña el peligro de “alentar anticipaciones suplementarias de depreciación y crear una corrida de pánico entre los inversores que puede conducir a riesgos financieros”, según Tao Wang, economista del banco suizo UBS en Pekín.

Para combatir otra razón de esa sangría, impuso restricciones a las salidas de capitales de los particulares en viajes, compras suntuarias. También comenzó a controlar, sobre todo, las inversiones especulativas realizadas en el exterior para aprovechar el reajuste de las tasas de interés que ofrece el dólar y el diferencial de cambio de siete por ciento entre las dos monedas, que aumentó gracias a la estampida del dólar de los últimos meses.

Otra medida esencial consistió en imponer una verificación de carácter estratégico y no especulativo, que tienen las inversiones directas que realizan las empresas chinas en el extranjero. Las compras y fusiones de sociedades en el exterior dieron un salto de 50 por ciento en 2016 para totalizar la cifra récord de 154 mil 250 millones de dólares.

Antes de las medidas adoptadas por el Banco Central, el gabinete Baker & McKenzie había calculado que las empresas chinas seguirían invirtiendo a un ritmo de 200 mil millones de dólares anuales hasta 2020.

Hasta hace solo 10 años, 90 por ciento de esa política era conducida por las empresas públicas, que operaban conforme a los intereses estratégicos del régimen. Pero en los últimos seis años, el sector privado pasó de 12 a 53 por ciento de la cantidad de operaciones, aunque en volumen las compañías estatales mantienen una amplia ventaja (65 por ciento de las grandes operaciones industriales en 2015). El otro fenómeno interesante reside en que los actores privados embistieron sectores que parecían reservados al área estatal, como las nuevas tecnologías, las industrias electrónicas, salud, agroalimentaria y manufacturera, sin menospreciar la hotelería, el turismo y la gran distribución, que no responden precisamente a la noción que tiene el Estado de las inversiones estratégicas.

Las autoridades, por lo demás, quieren impedir que la caída de reservas provoque una contracción de la liquidez doméstica y una disminución del consumo susceptible de afectar el crecimiento.

En los próximos seis meses, contener la hemorragia de reservas será probablemente la única preocupación del presidente del Banco Central, Zhou Xiaochuan. La única condición para continuar en su puesto—al cual accedió en 2002 es asegurar que Xi Jinping no será atacado en el próximo Congreso del PCCh por los resultados de su política económica.

No es preciso ser un sinólogo demasiado perspicaz para comprender por qué razón para el régimen se trata de una cuestión de vida o muerte.