/ miércoles 13 de enero de 2021

Cierra tienda de 73 años; no superó crisis por Covid-19

La tienda de ropa “La Cigüeña” fue instalada por el padre de María Teresa Ochoa Albrant, Humberto Ochoa Sánchez en el año 1947

Orizaba, Ver.- Cortinas cerradas tras décadas de historia y carteles de “se renta” en la zona comercial son el escenario del corazón del Centro Histórico de Orizaba. Negocios de abolengo cierran sus puertas. Son los otros afectados de la pandemia.

María Teresa Ochoa Albrant, propietaria de un negocio familiar, herencia de abuelos y padres, dijo que no pensó reconvertirlo, porque la situación no va a cambiar durante varios años.

La pandemia no es un juego, no es de un año, faltan cuatro, cinco, o más. Aunado a la pandemia está el problema del gobierno, con el cual no comparto mis ideas, estoy en desacuerdo, pero tengo que vivirlo, superarlo; no quiero arriesgarlo. Si esto se compone será después del 2024, va a costar mucho levantar al país con esfuerzo, trabajo y tiempo”, agregó.

Dijo que, con 74 años de edad, ya no tiene tiempo para volver a iniciar y tampoco ganas, “creo que ya cumplí mi misión. Cierro un ciclo y hasta ahí”, añadió.

La tienda de ropa “La Cigüeña” fue instalada por su padre, Humberto Ochoa Sánchez en el año 1947, pero quien la trabajó toda su vida fue su abuela Anita González Albrant durante más de 37 años.

En 1984 mi abuela y mi abuelo Juan, que tenía el negocio El Borceguí, una zapatería de la misma época, se retiran y nos quedamos con las tiendas mi hermano Humberto Ochoa y yo”, dijo y apuntó que desde el 8 de enero de 1984 trabajó sin descanso. “Cumplí hace unos días 37 años al frente del negocio”, señaló.

Al negocio se dedicaba con ahínco y tenía muy buena clientela, la ropa que vendía siempre gustaba pues es de buenas marcas, pero llegó la pandemia. Trató de salir adelante, pero había días en los que no tenían clientes, llegaba uno o 2 al día, no había ventas.

Foto: Cortesía | María Teresa Ochoa

Hice pedidos para primavera-verano 2020, pero no surtieron la mercancía; aun así, hice pedidos para otoño-invierno con la esperanza de que cambiara la situación y llegó al 30 de noviembre del año pasado, sin que surtieran los proveedores. Y pensé, si no surtieron 2020, hoy, todos encerrados, las calles a veces abiertas a la circulación, exhibía la mercancía, pero no se vendía. Entonces el día 10 de diciembre decidí cerrar, me costó todo el año pensarlo, pero ya no había opciones”.

El local es rentado de toda la vida, es parte de un edificio que construyeron luego del terremoto de 1973. Antes la tienda estaba enfrente. Ahí pasó toda una vida de trabajo y de satisfacciones.

Me voy muy contenta, con la frente en alto. Agradezco a toda la clientela que nos haya favor orecido tantos años, hice muy bonitas amistades, las llevo en mi corazón y viviré de recuerdos”. abundó.

Dijo estar contenta y tranquila pues tuvo la oportunidad, una temporada, de convivir en el DIF. Me fui al DIF norte a recibir clases, pasé una temporada bellísima, muy a gusto; combiné mi trabajo con el ocio que nos daba vida, aunque ahora también está cerrado”.

A los 70 años descubrió que puede pintar e hizo bonitos cuadros. Los tengo en mi casa, no tenía ninguno colgado, la verdad no es por nada, pero estoy satisfecha con lo logrado, descubrí etapas que pude realizar. Tengo una bonita familia”, concluyó.

Foto: Cortesía | María Teresa Ochoa

Orizaba, Ver.- Cortinas cerradas tras décadas de historia y carteles de “se renta” en la zona comercial son el escenario del corazón del Centro Histórico de Orizaba. Negocios de abolengo cierran sus puertas. Son los otros afectados de la pandemia.

María Teresa Ochoa Albrant, propietaria de un negocio familiar, herencia de abuelos y padres, dijo que no pensó reconvertirlo, porque la situación no va a cambiar durante varios años.

La pandemia no es un juego, no es de un año, faltan cuatro, cinco, o más. Aunado a la pandemia está el problema del gobierno, con el cual no comparto mis ideas, estoy en desacuerdo, pero tengo que vivirlo, superarlo; no quiero arriesgarlo. Si esto se compone será después del 2024, va a costar mucho levantar al país con esfuerzo, trabajo y tiempo”, agregó.

Dijo que, con 74 años de edad, ya no tiene tiempo para volver a iniciar y tampoco ganas, “creo que ya cumplí mi misión. Cierro un ciclo y hasta ahí”, añadió.

La tienda de ropa “La Cigüeña” fue instalada por su padre, Humberto Ochoa Sánchez en el año 1947, pero quien la trabajó toda su vida fue su abuela Anita González Albrant durante más de 37 años.

En 1984 mi abuela y mi abuelo Juan, que tenía el negocio El Borceguí, una zapatería de la misma época, se retiran y nos quedamos con las tiendas mi hermano Humberto Ochoa y yo”, dijo y apuntó que desde el 8 de enero de 1984 trabajó sin descanso. “Cumplí hace unos días 37 años al frente del negocio”, señaló.

Al negocio se dedicaba con ahínco y tenía muy buena clientela, la ropa que vendía siempre gustaba pues es de buenas marcas, pero llegó la pandemia. Trató de salir adelante, pero había días en los que no tenían clientes, llegaba uno o 2 al día, no había ventas.

Foto: Cortesía | María Teresa Ochoa

Hice pedidos para primavera-verano 2020, pero no surtieron la mercancía; aun así, hice pedidos para otoño-invierno con la esperanza de que cambiara la situación y llegó al 30 de noviembre del año pasado, sin que surtieran los proveedores. Y pensé, si no surtieron 2020, hoy, todos encerrados, las calles a veces abiertas a la circulación, exhibía la mercancía, pero no se vendía. Entonces el día 10 de diciembre decidí cerrar, me costó todo el año pensarlo, pero ya no había opciones”.

El local es rentado de toda la vida, es parte de un edificio que construyeron luego del terremoto de 1973. Antes la tienda estaba enfrente. Ahí pasó toda una vida de trabajo y de satisfacciones.

Me voy muy contenta, con la frente en alto. Agradezco a toda la clientela que nos haya favor orecido tantos años, hice muy bonitas amistades, las llevo en mi corazón y viviré de recuerdos”. abundó.

Dijo estar contenta y tranquila pues tuvo la oportunidad, una temporada, de convivir en el DIF. Me fui al DIF norte a recibir clases, pasé una temporada bellísima, muy a gusto; combiné mi trabajo con el ocio que nos daba vida, aunque ahora también está cerrado”.

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