/ sábado 16 de febrero de 2019

Nazario Bustos García, de maestro rural a catedrático en universidades de Japón

Afirma que la principal diferencia entre mexicanos y japoneses es el comportamiento de sus ciudadanos, quienes tienen que asumir su responsabilidad con la sociedad en la que viven

Xalapa, Ver.- Formado en la desaparecida Escuela Normal Rural “Enrique Rodríguez Cano” de Perote, el veracruzano Nazario Bustos García logró obtener el mayor reconocimiento que puede tener una persona en Japón: ser profesor universitario y desempeñarse en cuatro universidades del país oriental.

Tras una vida dedicada a la academia, el catedrático reconoce que la principal diferencia que encuentra entre México y Japón es el comportamiento de los ciudadanos, quienes tienen que asumir su responsabilidad con la sociedad en la que viven. Indicó que desde los 0 años, los niños en Japón son educados en la disciplina, honestidad, independencia lo que permite que al crecer mantengan estos valores como ejes de su vida.

En entrevista para Diario de Xalapa, Bustos García destacó que de empezar ya a formar a las nuevas generaciones bajo un esquema de educación social, al país le tomaría al menos 30 años hacer un cambio de conducta que se refleje en una mejor sociedad.

Tenemos que cambiar la conducta como sociedad y tenemos que disponer de 30 años mínimo. No es un cambio de tecnologías sino de mentalidad y de comportamiento


“EDUCACIÓN SOCIAL, LA BASE DE TODO”

Con más de cinco décadas de experiencia en la educación, el profesor veracruzano asegura que la clave del comportamiento de los japoneses es la educación social que reciben desde sus primeros meses de vida y hasta su muerte. Refirió que se trata de un esquema que los instruye en la conducta que deben tener en su casa, escuela y en su trato con la sociedad.

Dio a conocer que esta disciplina la aprendió en la Ciudad Científica de Tsukuba, espacio en el que el gobierno japonés concentra al 30% de todos los científicos del país para que al vivir juntos convivan y generen conocimientos de manera integral.

Desde 1989, año en el que Bustos García llega a Japón por segunda vez, el país del sol naciente ya estaba diseñando estrategias para vivir en la Sociedad 5.0 a pesar de que actualmente, de manera general la humanidad estaría ingresando a la Sociedad 4.0. “Japón estaba pensando en la 5.0 porque ellos ya vivieron todo lo que abarca la sociedad 4.0”.

El psicólogo aseguró que la educación de los japoneses los lleva a tener a los profesores y a los policías como los miembros más respetables de la sociedad a quienes agradecen en todo momento el trabajo que hacen. Detalló que a los primeros se les ubica como los formadores de las nuevas generaciones y para conseguir un puesto en la academia se deben superar varias evaluaciones y competir con los mejores del país.

El profesor tiene una reputación tremenda, pero no es fácil ser profesor porque se tiene que estudiar de manera simultánea a la licenciatura que quieran y de ahí presentan cuatro exámenes y sólo quienes pasen los cuatro tienen derecho a una entrevista. Son los mejores los que se seleccionan

Por su parte, dijo, los policías tienen a la atención comunitaria como base. Y es que explica que en Japón el policía asignado a una sección conoce a los miembros de la familia, sus rutinas y sus propiedades por lo que es fácil darse cuenta cuando alguno aumenta de manera inexplicable sus posesiones. “Lo que diga el policía es la ley y es un señor muy respetado”.

En la charla para Diario de Xalapa expuso que en contraparte, cada vez que regresa a México enfrenta un “choque emocional” al ver destruidas las calles, ver que las vialidades se pavimentan para convertirlas en estacionamientos, observar la corrupción en todos los nivele, además de la situación de violencia.

En ese último punto, explicó que hasta Japón han llegado las noticias de la inseguridad que se vive en México y que eso ha provocado que la cantidad de estudiantes japoneses de intercambio disminuya drásticamente. Precisó que él mismo ha dejado de recomendar a universitarios para estudios en nuestro país por miedo a que les pueda pasar algo y tenga que indemnizar a sus familiares.

“NO ME IMPORTABA SER MATADO, ME GUSTABA ESTUDIAR”

Entre risas, el entrevistado reconoció que por el hecho de estudiar psicología y de manera paralela estar en la escuela de idiomas estudiando inglés, francés y alemán le valió entre sus amigos el apodo de “matado”, sin embargo esto nunca le incomodó porque él mismo se reconoce como alguien a quien le gustaba “pasársela estudiando”.

Y es que, reconoce que su formación normalista en un internado lo dejó acostumbrado a estudiar desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche, por lo que nunca le fue complicado concluir la licenciatura y buscar de inmediato una beca para irse a seguir estudiando en el extranjero.

Detalló que aunque su meta era irse a Estados Unidos, de manera específica a Hawai, un error del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) lo dejó fuera de las universidades que lo habían aceptado en su matrícula. “Cuatro meses después del cierre de las universidades me llega un telegramota de Conacyt diciendo que cometieron un error y sí había yo ganado mi beca”.

Sin embargo, fue ese error el que le cambió la vida por completo a Bustos García ya que en medio de la tristeza por el error que había cometido la dependencia federal, se cruzó en su camino un profesor japonés que en ese momento estaba dando clases en la Universidad Veracruzana y le sugirió la idea de “irse a Japón”.

En medio de la charla, el catedrático veracruzano señaló que al oír el nombre de ese país se le vino a la mente de manera inmediata un coche rojo que su padre le había regalado siendo niño y al que vio la leyenda de “Made in Japan” en la parte inferior. Para ese niño, el nombre de Japón se relacionó de inmediato con la calidad.

En ese momento, con ocho años pensé que si yo tuviera que hacer un cochecito lo haría como ése (…) pero yo era psicólogo no ingeniero y aun así creí que podía hacer muchas cosas allá

En 1970, Bustos García llega a Japón con la intención de investigar métodos psicológicos para tratar el estrés y una vez estando ahí comenzó el aprendizaje con personas en la universidad de Hiroshima, ciudad en la que cayó la bomba atómica y con cuyos sobrevivientes interactuó en entrevistas.


NORMAL RURAL DE PEROTE, CUNA DE BUENOS EDUCADORES

Respecto a sus inicios, Bustos García destacó su formación en la escuela normal rural de Perote que en 1963 —año que ingresó— funcionaba como un internado en el que los adolescentes ingresaban a los 12 años y salían a los 18 ya con formación docente.

Destacó que entre las enseñanzas que la institución dejó en los egresados de este modelo es la responsabilidad social, además de que aprendían autonomía y administración, todo esto con tantas limitaciones económicas que incluso se decía que la alimentación de cada alumno costaba menos que la de un caballo del Ejército.

“Nosotros limpiábamos la escuela, limpiábamos los baños, hacíamos las compras y éramos responsables de los víveres y de la administración de los recursos que teníamos”, precisó.

En ese sentido, lamentó la desaparición un espacio en el que se formaban jóvenes “con espíritu de cambiar las cosas para mejorarlas” y del que salían como profesores rurales listos para acudir a las comunidades más necesitadas a construir escuelas desde cero.

Te enseñaban que tú como maestro tenías que mejorar la comunidad entera no sólo la escuela. Nos encargábamos de todos los aspectos y las necesidades. Éramos el centro de la comunidad

Recordó que de este lugar egresaron personas como Antonio Jaimes Aguilar, exsecretario general del SNTE; Juan Nicolás Callejas Arroyo, exsecretario de la Sección 32 del SNTE en Veracruz; Gustavo Moreno, exdiputado y líder magisterial, entre otros.

“Una institución se mide por sus frutos y esos la sociedad los está viviendo, o los vivió, pero fueron muchos los líderes dentro del ámbito educativo que surgieron de ahí, pero es la gente la que debe emitir un juicio”.


Xalapa, Ver.- Formado en la desaparecida Escuela Normal Rural “Enrique Rodríguez Cano” de Perote, el veracruzano Nazario Bustos García logró obtener el mayor reconocimiento que puede tener una persona en Japón: ser profesor universitario y desempeñarse en cuatro universidades del país oriental.

Tras una vida dedicada a la academia, el catedrático reconoce que la principal diferencia que encuentra entre México y Japón es el comportamiento de los ciudadanos, quienes tienen que asumir su responsabilidad con la sociedad en la que viven. Indicó que desde los 0 años, los niños en Japón son educados en la disciplina, honestidad, independencia lo que permite que al crecer mantengan estos valores como ejes de su vida.

En entrevista para Diario de Xalapa, Bustos García destacó que de empezar ya a formar a las nuevas generaciones bajo un esquema de educación social, al país le tomaría al menos 30 años hacer un cambio de conducta que se refleje en una mejor sociedad.

Tenemos que cambiar la conducta como sociedad y tenemos que disponer de 30 años mínimo. No es un cambio de tecnologías sino de mentalidad y de comportamiento


“EDUCACIÓN SOCIAL, LA BASE DE TODO”

Con más de cinco décadas de experiencia en la educación, el profesor veracruzano asegura que la clave del comportamiento de los japoneses es la educación social que reciben desde sus primeros meses de vida y hasta su muerte. Refirió que se trata de un esquema que los instruye en la conducta que deben tener en su casa, escuela y en su trato con la sociedad.

Dio a conocer que esta disciplina la aprendió en la Ciudad Científica de Tsukuba, espacio en el que el gobierno japonés concentra al 30% de todos los científicos del país para que al vivir juntos convivan y generen conocimientos de manera integral.

Desde 1989, año en el que Bustos García llega a Japón por segunda vez, el país del sol naciente ya estaba diseñando estrategias para vivir en la Sociedad 5.0 a pesar de que actualmente, de manera general la humanidad estaría ingresando a la Sociedad 4.0. “Japón estaba pensando en la 5.0 porque ellos ya vivieron todo lo que abarca la sociedad 4.0”.

El psicólogo aseguró que la educación de los japoneses los lleva a tener a los profesores y a los policías como los miembros más respetables de la sociedad a quienes agradecen en todo momento el trabajo que hacen. Detalló que a los primeros se les ubica como los formadores de las nuevas generaciones y para conseguir un puesto en la academia se deben superar varias evaluaciones y competir con los mejores del país.

El profesor tiene una reputación tremenda, pero no es fácil ser profesor porque se tiene que estudiar de manera simultánea a la licenciatura que quieran y de ahí presentan cuatro exámenes y sólo quienes pasen los cuatro tienen derecho a una entrevista. Son los mejores los que se seleccionan

Por su parte, dijo, los policías tienen a la atención comunitaria como base. Y es que explica que en Japón el policía asignado a una sección conoce a los miembros de la familia, sus rutinas y sus propiedades por lo que es fácil darse cuenta cuando alguno aumenta de manera inexplicable sus posesiones. “Lo que diga el policía es la ley y es un señor muy respetado”.

En la charla para Diario de Xalapa expuso que en contraparte, cada vez que regresa a México enfrenta un “choque emocional” al ver destruidas las calles, ver que las vialidades se pavimentan para convertirlas en estacionamientos, observar la corrupción en todos los nivele, además de la situación de violencia.

En ese último punto, explicó que hasta Japón han llegado las noticias de la inseguridad que se vive en México y que eso ha provocado que la cantidad de estudiantes japoneses de intercambio disminuya drásticamente. Precisó que él mismo ha dejado de recomendar a universitarios para estudios en nuestro país por miedo a que les pueda pasar algo y tenga que indemnizar a sus familiares.

“NO ME IMPORTABA SER MATADO, ME GUSTABA ESTUDIAR”

Entre risas, el entrevistado reconoció que por el hecho de estudiar psicología y de manera paralela estar en la escuela de idiomas estudiando inglés, francés y alemán le valió entre sus amigos el apodo de “matado”, sin embargo esto nunca le incomodó porque él mismo se reconoce como alguien a quien le gustaba “pasársela estudiando”.

Y es que, reconoce que su formación normalista en un internado lo dejó acostumbrado a estudiar desde las 7 de la mañana hasta las 8 de la noche, por lo que nunca le fue complicado concluir la licenciatura y buscar de inmediato una beca para irse a seguir estudiando en el extranjero.

Detalló que aunque su meta era irse a Estados Unidos, de manera específica a Hawai, un error del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) lo dejó fuera de las universidades que lo habían aceptado en su matrícula. “Cuatro meses después del cierre de las universidades me llega un telegramota de Conacyt diciendo que cometieron un error y sí había yo ganado mi beca”.

Sin embargo, fue ese error el que le cambió la vida por completo a Bustos García ya que en medio de la tristeza por el error que había cometido la dependencia federal, se cruzó en su camino un profesor japonés que en ese momento estaba dando clases en la Universidad Veracruzana y le sugirió la idea de “irse a Japón”.

En medio de la charla, el catedrático veracruzano señaló que al oír el nombre de ese país se le vino a la mente de manera inmediata un coche rojo que su padre le había regalado siendo niño y al que vio la leyenda de “Made in Japan” en la parte inferior. Para ese niño, el nombre de Japón se relacionó de inmediato con la calidad.

En ese momento, con ocho años pensé que si yo tuviera que hacer un cochecito lo haría como ése (…) pero yo era psicólogo no ingeniero y aun así creí que podía hacer muchas cosas allá

En 1970, Bustos García llega a Japón con la intención de investigar métodos psicológicos para tratar el estrés y una vez estando ahí comenzó el aprendizaje con personas en la universidad de Hiroshima, ciudad en la que cayó la bomba atómica y con cuyos sobrevivientes interactuó en entrevistas.


NORMAL RURAL DE PEROTE, CUNA DE BUENOS EDUCADORES

Respecto a sus inicios, Bustos García destacó su formación en la escuela normal rural de Perote que en 1963 —año que ingresó— funcionaba como un internado en el que los adolescentes ingresaban a los 12 años y salían a los 18 ya con formación docente.

Destacó que entre las enseñanzas que la institución dejó en los egresados de este modelo es la responsabilidad social, además de que aprendían autonomía y administración, todo esto con tantas limitaciones económicas que incluso se decía que la alimentación de cada alumno costaba menos que la de un caballo del Ejército.

“Nosotros limpiábamos la escuela, limpiábamos los baños, hacíamos las compras y éramos responsables de los víveres y de la administración de los recursos que teníamos”, precisó.

En ese sentido, lamentó la desaparición un espacio en el que se formaban jóvenes “con espíritu de cambiar las cosas para mejorarlas” y del que salían como profesores rurales listos para acudir a las comunidades más necesitadas a construir escuelas desde cero.

Te enseñaban que tú como maestro tenías que mejorar la comunidad entera no sólo la escuela. Nos encargábamos de todos los aspectos y las necesidades. Éramos el centro de la comunidad

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