/ jueves 14 de enero de 2021

Ni estufas ni cobijas quitan el frío que azota a la región

La gente ha demandado durante años apoyos con proyectos productivos, pero no han llegado

EL CONEJO, Perote, Ver.- Con las primeras nevadas en el Cofre de Perote llega también el frío que cala a cientos de familias asentadas en las comunidades de El Conejo y Los Pescados, las dos últimas poblaciones antes de llegar al Cofre. Aunque para ellos, las bajas temperaturas son habituales en estas épocas, hay días en los que ni la estufa de leña ni las múltiples cobijas sirven para mantenerse calientes en sus viviendas.

Vista del Cofre de Perote | Foto: Eduardo Murillo/Diario de Xalapa

Al frío de esta época se le suma la crisis económica que están viviendo cientos de personas en la zona. Sin apoyos gubernamentales, oportunidades de trabajo y con el precio de la papa -su principal cultivo- por los suelos, los habitantes están viviendo uno de los inviernos más complicados.

CALA HASTA LOS HUESOS

Con 6 grados centígrados, Carmen lava ropa en el patio de su casa. Mete un bote en el tambo lleno de agua y tiene que hacer presión para romper la delgada capa de hielo que se formó en la superficie. Acostumbrada como está al frío pareciera no percatarse de la temperatura del agua y la echa sobre una prenda de ropa que talla afanosamente.

La ama de casa quiere aprovechar los débiles rayos del sol para que se seque la ropa de los cinco integrantes de la familia. Con cada miembro usando de seis a siete prendas en cada puesta, la ropa sucia se acumula fácilmente. “Ahorita que medio sale el solecito hay que avanzar al quehacer porque si no después de viene otro frío y ya no se avanza”, dice la mujer de 38 años. Sin dejar de lavar, Carmen reconoce que el hecho de que la gente de la comunidad El Conejo ya esté acostumbrada a las bajas temperaturas que se registran en los meses de diciembre, enero y febrero, no significa que no les cale el frío hasta los huesos. “Claro que se siente, mucha gente piensa que porque vivimos aquí no sentimos el frío y eso no es cierto, nos aguantamos que es otra cosa”, explica.

La mujer asegura que, aunque en las mañanas y tardes las bajas temperaturas les afectan, es durante las madrugadas cuando realmente se sufre. Tanto que muchas veces prefiere pararse a “hacer algo” para entrar en calor que seguir en la cama con el cuerpo engarrotado de frío. “Desde las cuatro de la mañana empieza a calar y aunque nos acostamos con todas las cobijas se siente. Llega el punto en el que no deja dormir y mejor le digo a mi esposo que nos paremos para dejar de sentirlo”, cuenta.

Del domingo para acá, asegura la mujer, las nueve cobijas que tienen en casa comenzaron a no ser suficientes. La prioridad es tapar a su nieto, un pequeño de cuatro años a quien hay noches que le tocan hasta cuatro cobertores, el resto se reparten entre los cuatro adultos restantes: su esposo, su hijo, su nuera y ella. “Suficientes no son porque el niño duerme aparte y es al que tapamos mejor para que no se nos enferme porque aquí las gripas son muy comunes y luego vienen las temperaturas; pero ahorita gracias a Dios aquí estamos y ninguno se ha enfermado”.

FALTA DE APOYOS

Con cinco o seis cobijas en cada una de las tres camas, los siete integrantes de la familia de Carmen Rangel Cruz pasan las noches y las madrugadas de invierno. A pesar de eso, reconoce que se pasa frío en la casa. “Antes llegaban apoyos y cada año en diciembre nos traían una cobijita pero últimamente ya nada nos traen y esas cobijas son las que tenemos que ir conservando. Ya las viejitas que nos estuvieron dando las cuidamos para que aguanten”, cuenta.

La mujer de 60 años dice que lo que salva en la zona son las estufas de leña que tienen casi todas las viviendas de la comunidad de Los Pescados. Además de servir para cocinar, estos aparatos hacen la suerte de calefactor y mantienen las viviendas tibias. “Uno le mete leñita y con eso nos vamos calentando porque si no es por la estufita yo creo que nos entumimos porque sí han estado fuertes los fríos”, cuenta.

Foto: Eduardo Murillo | Diario de Xalapa

Entrevistada mientras atiende un pequeño negocio familiar de abarrotes, doña Carmen considera que año con año se siente más el frío. Para este 2021, explica, ya van 13 días en los que las temperaturas han estado cercanas a los 0 grados durante las noches y madrugadas. “En las mañanas tiene uno que recurrir a los tecitos, cafecitos calientes o un ponche de frutas para entrar en calor y en las tardes otros más para cuando llegan los hombres del trabajo, cuando pueden salir y los deja el frío”.

Es medio día y el termómetro presenta una ligera recuperación. Con 8 grados en Los Pescados, los menores comienzan a salir de sus casas y a reunirse entre grupos para jugar. A pesar de ser horario escolar, ninguno de ellos parece estar atendiendo las clases por televisión. En la tienda, un grupo de al menos cinco niños se amontonan en una vieja maquinita para la reta de Street Fighter.

En medio de las risas y los gritos infantiles, doña Carmen sube el tono de voz y cuenta que además del frío, la falta de oportunidades laborales y la caída en el precio de las papas también le ha pegado fuerte a su familia. Platica que al dejar de ser productiva la siembra familiar. Entre el salario de jornaleros y lo poco que la tienda deja es como pueden sobrevivir ella, su esposo, su hijo, su nuera y sus tres nietos. “Cuando hay trabajo les pagan sus 200 pesos, pero cuando no hay se acaba por completo el trabajo”.

El apoyo de alimentación que ella y su esposo recibían en años anteriores por parte del Gobierno Federal se acabó y aún faltan varios años para aspirar a una pensión . Por el momento, en la familia solo se recibe recursos de las becas escolares de sus tres nietos, dinero que no siempre llega de manera puntual y que últimamente se les va en copias e impresiones de las tareas que mandan las y los maestros para seguir con el curso escolar. “Pues que le vamos a hacer, hay que buscarle por donde se pueda para irla pasando”, concluye.

NI COBIJAS NI APOYOS

Ignacia Cruz Domínguez, ha vivido toda su vida en El Conejo y ha visto como hombres y mujeres de este lugar sufren por la falta de oportunidades laborales que les permitan sacar adelante a sus familias. Entrevistada en la puerta de su casa, recuerda que desde hace 35 años que se juntó con su esposo ha venido pidiendo a funcionarios públicos y candidatos proyectos productivos o vinculación laboral para que las mujeres de la región -la mayoría de ellas amas de casa- puedan contribuir al ingreso familia. “Nosotros no pedimos regalado, queremos trabajo”, asegura.

Foto: Eduardo Murillo | Diario de Xalapa

Para ella y su esposo, cuenta Ignacia, la cosa es más complicad, pues les fue retirado el apoyo federal. Con los 950 pesos que recibían al bimestre podían comprar una despensa, “pero no llega nada, vamos ni una cobija porque también cuando vienen a regalar les dan a las familias con niños. Nosotros nos arrimamos para ver si nos toca algo, pero con 50 años y sin hijos chiquitos no soy ni lo suficientemente joven para recibir ayuda ni tan vieja para que me den pensión”, lamenta.

EL CONEJO, Perote, Ver.- Con las primeras nevadas en el Cofre de Perote llega también el frío que cala a cientos de familias asentadas en las comunidades de El Conejo y Los Pescados, las dos últimas poblaciones antes de llegar al Cofre. Aunque para ellos, las bajas temperaturas son habituales en estas épocas, hay días en los que ni la estufa de leña ni las múltiples cobijas sirven para mantenerse calientes en sus viviendas.

Vista del Cofre de Perote | Foto: Eduardo Murillo/Diario de Xalapa

Al frío de esta época se le suma la crisis económica que están viviendo cientos de personas en la zona. Sin apoyos gubernamentales, oportunidades de trabajo y con el precio de la papa -su principal cultivo- por los suelos, los habitantes están viviendo uno de los inviernos más complicados.

CALA HASTA LOS HUESOS

Con 6 grados centígrados, Carmen lava ropa en el patio de su casa. Mete un bote en el tambo lleno de agua y tiene que hacer presión para romper la delgada capa de hielo que se formó en la superficie. Acostumbrada como está al frío pareciera no percatarse de la temperatura del agua y la echa sobre una prenda de ropa que talla afanosamente.

La ama de casa quiere aprovechar los débiles rayos del sol para que se seque la ropa de los cinco integrantes de la familia. Con cada miembro usando de seis a siete prendas en cada puesta, la ropa sucia se acumula fácilmente. “Ahorita que medio sale el solecito hay que avanzar al quehacer porque si no después de viene otro frío y ya no se avanza”, dice la mujer de 38 años. Sin dejar de lavar, Carmen reconoce que el hecho de que la gente de la comunidad El Conejo ya esté acostumbrada a las bajas temperaturas que se registran en los meses de diciembre, enero y febrero, no significa que no les cale el frío hasta los huesos. “Claro que se siente, mucha gente piensa que porque vivimos aquí no sentimos el frío y eso no es cierto, nos aguantamos que es otra cosa”, explica.

La mujer asegura que, aunque en las mañanas y tardes las bajas temperaturas les afectan, es durante las madrugadas cuando realmente se sufre. Tanto que muchas veces prefiere pararse a “hacer algo” para entrar en calor que seguir en la cama con el cuerpo engarrotado de frío. “Desde las cuatro de la mañana empieza a calar y aunque nos acostamos con todas las cobijas se siente. Llega el punto en el que no deja dormir y mejor le digo a mi esposo que nos paremos para dejar de sentirlo”, cuenta.

Del domingo para acá, asegura la mujer, las nueve cobijas que tienen en casa comenzaron a no ser suficientes. La prioridad es tapar a su nieto, un pequeño de cuatro años a quien hay noches que le tocan hasta cuatro cobertores, el resto se reparten entre los cuatro adultos restantes: su esposo, su hijo, su nuera y ella. “Suficientes no son porque el niño duerme aparte y es al que tapamos mejor para que no se nos enferme porque aquí las gripas son muy comunes y luego vienen las temperaturas; pero ahorita gracias a Dios aquí estamos y ninguno se ha enfermado”.

FALTA DE APOYOS

Con cinco o seis cobijas en cada una de las tres camas, los siete integrantes de la familia de Carmen Rangel Cruz pasan las noches y las madrugadas de invierno. A pesar de eso, reconoce que se pasa frío en la casa. “Antes llegaban apoyos y cada año en diciembre nos traían una cobijita pero últimamente ya nada nos traen y esas cobijas son las que tenemos que ir conservando. Ya las viejitas que nos estuvieron dando las cuidamos para que aguanten”, cuenta.

La mujer de 60 años dice que lo que salva en la zona son las estufas de leña que tienen casi todas las viviendas de la comunidad de Los Pescados. Además de servir para cocinar, estos aparatos hacen la suerte de calefactor y mantienen las viviendas tibias. “Uno le mete leñita y con eso nos vamos calentando porque si no es por la estufita yo creo que nos entumimos porque sí han estado fuertes los fríos”, cuenta.

Foto: Eduardo Murillo | Diario de Xalapa

Entrevistada mientras atiende un pequeño negocio familiar de abarrotes, doña Carmen considera que año con año se siente más el frío. Para este 2021, explica, ya van 13 días en los que las temperaturas han estado cercanas a los 0 grados durante las noches y madrugadas. “En las mañanas tiene uno que recurrir a los tecitos, cafecitos calientes o un ponche de frutas para entrar en calor y en las tardes otros más para cuando llegan los hombres del trabajo, cuando pueden salir y los deja el frío”.

Es medio día y el termómetro presenta una ligera recuperación. Con 8 grados en Los Pescados, los menores comienzan a salir de sus casas y a reunirse entre grupos para jugar. A pesar de ser horario escolar, ninguno de ellos parece estar atendiendo las clases por televisión. En la tienda, un grupo de al menos cinco niños se amontonan en una vieja maquinita para la reta de Street Fighter.

En medio de las risas y los gritos infantiles, doña Carmen sube el tono de voz y cuenta que además del frío, la falta de oportunidades laborales y la caída en el precio de las papas también le ha pegado fuerte a su familia. Platica que al dejar de ser productiva la siembra familiar. Entre el salario de jornaleros y lo poco que la tienda deja es como pueden sobrevivir ella, su esposo, su hijo, su nuera y sus tres nietos. “Cuando hay trabajo les pagan sus 200 pesos, pero cuando no hay se acaba por completo el trabajo”.

El apoyo de alimentación que ella y su esposo recibían en años anteriores por parte del Gobierno Federal se acabó y aún faltan varios años para aspirar a una pensión . Por el momento, en la familia solo se recibe recursos de las becas escolares de sus tres nietos, dinero que no siempre llega de manera puntual y que últimamente se les va en copias e impresiones de las tareas que mandan las y los maestros para seguir con el curso escolar. “Pues que le vamos a hacer, hay que buscarle por donde se pueda para irla pasando”, concluye.

NI COBIJAS NI APOYOS

Ignacia Cruz Domínguez, ha vivido toda su vida en El Conejo y ha visto como hombres y mujeres de este lugar sufren por la falta de oportunidades laborales que les permitan sacar adelante a sus familias. Entrevistada en la puerta de su casa, recuerda que desde hace 35 años que se juntó con su esposo ha venido pidiendo a funcionarios públicos y candidatos proyectos productivos o vinculación laboral para que las mujeres de la región -la mayoría de ellas amas de casa- puedan contribuir al ingreso familia. “Nosotros no pedimos regalado, queremos trabajo”, asegura.

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