/ martes 15 de marzo de 2022

Niños, afectados en su salud física y psicológica por pandemia

Uso excesivo de celulares y la falta de convivencia les han provocado problemas emocionales y también pueden sufrir obesidad

El encierro debido al Covid-19 ha traído consecuencias sociales, físicas, psicológicas y educativas en las infancias. A casi dos años de haberse decretado la cuarentena por la emergencia sanitaria, niñas y niños han presentado dificultades para concentrarse, complicaciones para socializar con otros menores, pocas ganas de salir o hacer ejercicio, así como problemas escolares.

Sin embargo, no todos los cambios han sido negativos, y es que, de acuerdo a madres y docentes, niñas y niñas han desarrollado habilidades digitales más avanzadas, han experimentado con nuevos pasatiempos o actividades extraescolares e incluso, han aprendido a realizar de mejor forma las tareas domésticas.

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La pandemia del Covid-19 y el correspondiente encierro ha dejado como consecuencia a niñas y niños más dependientes de las familias o de los padres a los que no les es tan fácil generar nuevas amistades o entablar plática, asegura Ignacio Sánchez Palmeros, docente de la Dirección General de Educación Física de la SEV. En entrevista, explica que la reducción tan drástica de su círculo social, generó en los menores mucho apego a las personas con las que han convivido durante estos dos años de pandemia, así como más dependencia a sus rutinas de descanso y comidas.

Estar en este aislamiento, en mayor o menor medida, hizo que no convivieran con los demás y ya no les es tan fácil generar amistades o entablar plática no solo con otros adultos sino con otros niños. Lamentablemente van perdiendo sociabilidad”, explica.

Reconoce que esto es más evidente en aquellos que no han regresado de manera formal a clases presenciales o que se han ausentado por completo de actividades extraescolares a fin de cuidar su salud física y evitar contagios. Cuenta que cuando se comenzaron a convocar eventos deportivos, tras un año de pandemia, los menores llegaban con muchas ganas de sociabilizar, pero a casi un año después de eso, aquellos que apenas se están reincorporando lo hacen de una manera más cauta porque ya no se les da tanto la habilidad social. “Yo creo que es lo que más está afectando a nuestros niños crecidos en la pandemia”.

Para los menores el uso de celulares se ha vuelto algo habitual. | Foto: David Bello | Diario de Xalapa


El docente deportivo explica que la suspensión de la actividad física que los menores tenían tanto en la escuela como fuera de ella, contribuyó al aumento en los niveles de estrés de niñas y niños además de que a futuro podría comenzarse a notar daños en el desarrollo cerebral. “La neurociencia nos marca que la actividad física desarrolla el cerebro en los menores entonces aquel que no tiene actividad física está perdiendo desarrollo cerebral”.

Reconoce que el aumento de peso y es otra de las consecuencias directas de la pandemia en menores. Y es que, muchos de los que se están reincorporando a las aulas lo hacen con un mayor peso del que tenían, ya que a la falta de actividad física se le sumó el hecho de que estén comiendo constantemente o a deshoras en casa.

DOS AÑOS DE PAUSA EN MUCHOS ASPECTOS DE SUS VIDAS

Para Bruno, la suspensión de clases debido a la pandemia de Covid-19 implicó una pausa que todavía no acaba de asimilar del todo reconoce su madre, Ángeles quien explica que, aunque el menor cursa ya el segundo año de primaria, sus amigos siguen siendo los de preescolar con quienes estudiaba en marzo del 2020.

Y es que, aunque lleva ya dos ciclos escolares con su grupo de primaria, lleva apenas unas semanas estudiando con ellos de manera presencial por lo que aún no los termina de conocer. “Si tú le preguntas a qué amiguitos quiere invitar a su fiesta o con quién quiere salir te dice a los del kínder. De los de primaria se sabe apenas unos nombres, pero todavía no termina de socializar”, reconoce.

Cuenta que otra de las cosas que ha notado es que al pequeño le cuesta más trabajo concentrarse en el salón de clases. Explica que cuando algo requiere de su completa atención resulta complejo para Bruno quien quiere busca hacer otras cosas a la vez. “Eso es algo de los problemas que le han dejado el uso de herramientas digitales (…) le cuesta enfocarse y estar tranquilo y haciendo una sola cosa”, cuenta.

Para tratar esto, el pequeño acude a psicoterapia para poder “agarrar el ritmo” social y académico nuevamente, y es que, a los problemas de concentración y sociabilización se sumó la tristeza de no poder salir de la forma en la que estaba acostumbrado antes del impacto del Covid-19 en su vida. “Yo siento que sí le afectó, como a todos. Recuerdo que cuando tuvo que regresar a las clases presenciales tenía miedo, pero una vez que se acordó lo que era ya dijo ‘de aquí soy’ y ya comienza a disfrutar más las clases”.

Ángeles asegura que, en materia física, Bruno no ha tenido problemas ya que a pesar del confinamiento por Covid-19 el menor siguió tomando clases de taekwondo vía remota y realizando los ejercicios desde su casa. A esto se sumaron las actividades físicas que sus maestras les ponían en horario de clases, así como el regreso del menor a sus clases de natación con el cambio del semáforo rojo.

“Eso ayudó mucho porque noté que con el encierro Bruno comía mucho más, aumentó la demanda de alimentos y no solamente de cosas saludables, sino que pedía comida que engorda y por lo mismo mantuvimos sus hábitos de ejercicio de una manera más rigurosa”, cuenta.

En contraparte, las restricciones por la pandemia han contribuido a que el pequeño desarrolle habilidades digitales avanzadas. A casi dos años de la implementación de las clases en línea, hoy Bruno puede buscar videos de manera autónoma, conectarse a clases en diversas plataformas, realizar cuestionarios digitales y gestionar un correo electrónico que le abrieron para sus tareas escolares.

Además, entre lo positivo, la madre destaca que la pandemia del Covid-19 le permitió pasar más tiempo en familia y parar un poco agitado que llevaban entre la escuela y las actividades vespertinas. Esto implicó disfrutarse más como madre e hijo, así como pasar más tiempo al aire libre.

CIRCULO SOCIAL MÁS CERRADO Y MENOS GANAS DE DEJAR CASA

Aunque el rezago en materia educativa que dejará la pandemia del Covid-19 en menores podrá cuantificarse en unos años, los problemas sociales y físicos ya se están manifestando. Kendiro Escárcega Rodríguez, representante del Colegio Thomas Jefferson School en Xalapa explica que más allá de los contenidos académicos, que es algo que se puede ir recuperando, el tema de sociabilización con los menores de preescolar y los primeros años de primaria es algo más complejo de tratar.

Explica que algo que algo que han notado, es que hay niñas y niños a los que les cuentas más trabajo dejar su casa y su ambiente reconocido para entrar a un mundo de sociabilización en la escuela. Incluso, reconoce que hay casos de menores que, aunque ya habían superado la etapa del miedo o llanto entrada del plantel tuvieron una regresión a la vuelta de las clases presenciales. Es por ello que la plantilla docente ha tenido que trabajar con formas más efectivas para ganarse nuevamente la confianza de sus alumnos.

“Ahora lo que se busca es que los maestros les den seguridad a los alumnos y que les hagan ver que en la escuela estarán igual de bien cuidados que en sus casas. Ahí si hay un rezago importante y tendremos que tomar semanas, para volver a adaptar a los niños”, expone.

Por cuanto hace al tema educativo, Escárcega Rodríguez expuso que el esquema a distancia provocó que los contenidos cuesten más trabajo darlos al profesor y al niño recibirlo. Ante esto, una vez que se normalice la presencia de los menores en las aulas, las instituciones tendrán que llevar a cabo un proceso de recuperación de los planes a futuro. “Cuantificar a uno o dos años es muy aventurado porque todavía no se regresa completamente a las aulas. Será hasta que se esté de manera normal en las aulas que podremos planear los siguientes planes de estudio”.

Dio a conocer que uno de los puntos en los que más se ha notado el rezago es en materia de lectoescritura ya que muchas madres y padres de familia no pudieron dedicarles a los estudiantes el tiempo necesario. “Sus papás que tienen mucho amor pero que no están preparados para ser maestros y el niño siente la falta de técnica didáctica. Quizá reciban el tiempo de sus papás, pero no la técnica adecuada que la educación normalista da”.

Por cuanto hace al tema físico, el titular de la escuela privada xalapeña dio a conocer que, en la mayoría de los casos, los menores regresaron con buena salud, bien alimentados y nutridos. Además de que en muchos casos sus familias buscaron mantener un ambiente de ejercicios y de actividades físicas. Pese a esto, expone, sí hay retraso en ciertas áreas como en el caso del desarrollo de la lateralidad, donde está costando más trabajo adquirirla y desarrollarla. “Los niños la adquirían a cierta edad y ahora la están adquiriendo a una edad más avanzada y es ahí en donde los maestros tienen que trabajar más que antes”.

CELULARES Y COMPUTADORAS, SU VENTANA AL MUNDO

Para Yaremi, los cambios más evidentes que han tenido Alexis y Carlos Daniel ha sido la dependencia a los teléfonos celulares, tabletas y videojuegos. Y es que, reconoció que estas herramientas se convirtieron en su ventana al mundo y el contacto con sus amigos y familiares a quienes no podía ver. Es a través de estos dispositivos que Carlos Daniel, el más grande de sus hijos convive con su grupo de amigos, las videollamadas se convirtieron en la forma de estar juntos.

Mientras que para Alexis, el pequeño de la familia, fueron los videos de youtube y los juegos en el celular los que le permitieron distraerse de la rutina y el encierro que ha durado casi dos años.

Con 9 y 5 años, los menores no han visto afectadas sus habilidades de sociabilización, asegura su mamá, pero si han tenido problemas de concentración y de aprendizajes, sobre todo el más pequeño que está a unos meses de entrar a la primaria. Además, Yaremi reconoce que ambos niños se han vuelto “más flojos” con las actividades físicas y que, aunque antes de la pandemia solían disfrutar mucho las salidas ahora prefieren quedarse en casa.

“Ellos eran muy activos, Dany tomaba clases de natación y taekwondo y las aguantaba sin quejarse y ahora cada que salimos es escuchar sus quejas de que ya se cansó, ya quiere regresar a la casa o que ya no quieren caminar. Prefieren estar en su casa encerrados que salir”.

Además, asegura que ambos se han vuelto más apegados a ella, al grado de que tras el anuncio del regreso a clases presenciales ambos mostraron renuencia de volver a las aulas al saber que mamá no estaría con ellos. “El más pequeño no quería estar en clases sin que yo estuviera, no lloró, pero si le costó trabajo y desde días antes estuvo muy preocupado y diciéndome que no quería. Y el grande también me llegó a comentar que si quería ver a sus amigos pero que prefería quedarse en casa para que yo estuviera con ellos”.

Sin embargo, en su caso reconoce que el aislamiento por Covid-19 ha permitido que su hijo menor, Carlos Daniel aprendiera a tocar el piano, actividad que ha disfrutado mucho y con la que ya ha participado en recitales. “He buscado sacarlos un poco de esa inercia con otras actividades para que no se apeguen tanto a las computadoras y los videojuegos”, expone.

El encierro debido al Covid-19 ha traído consecuencias sociales, físicas, psicológicas y educativas en las infancias. A casi dos años de haberse decretado la cuarentena por la emergencia sanitaria, niñas y niños han presentado dificultades para concentrarse, complicaciones para socializar con otros menores, pocas ganas de salir o hacer ejercicio, así como problemas escolares.

Sin embargo, no todos los cambios han sido negativos, y es que, de acuerdo a madres y docentes, niñas y niñas han desarrollado habilidades digitales más avanzadas, han experimentado con nuevos pasatiempos o actividades extraescolares e incluso, han aprendido a realizar de mejor forma las tareas domésticas.

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La pandemia del Covid-19 y el correspondiente encierro ha dejado como consecuencia a niñas y niños más dependientes de las familias o de los padres a los que no les es tan fácil generar nuevas amistades o entablar plática, asegura Ignacio Sánchez Palmeros, docente de la Dirección General de Educación Física de la SEV. En entrevista, explica que la reducción tan drástica de su círculo social, generó en los menores mucho apego a las personas con las que han convivido durante estos dos años de pandemia, así como más dependencia a sus rutinas de descanso y comidas.

Estar en este aislamiento, en mayor o menor medida, hizo que no convivieran con los demás y ya no les es tan fácil generar amistades o entablar plática no solo con otros adultos sino con otros niños. Lamentablemente van perdiendo sociabilidad”, explica.

Reconoce que esto es más evidente en aquellos que no han regresado de manera formal a clases presenciales o que se han ausentado por completo de actividades extraescolares a fin de cuidar su salud física y evitar contagios. Cuenta que cuando se comenzaron a convocar eventos deportivos, tras un año de pandemia, los menores llegaban con muchas ganas de sociabilizar, pero a casi un año después de eso, aquellos que apenas se están reincorporando lo hacen de una manera más cauta porque ya no se les da tanto la habilidad social. “Yo creo que es lo que más está afectando a nuestros niños crecidos en la pandemia”.

Para los menores el uso de celulares se ha vuelto algo habitual. | Foto: David Bello | Diario de Xalapa


El docente deportivo explica que la suspensión de la actividad física que los menores tenían tanto en la escuela como fuera de ella, contribuyó al aumento en los niveles de estrés de niñas y niños además de que a futuro podría comenzarse a notar daños en el desarrollo cerebral. “La neurociencia nos marca que la actividad física desarrolla el cerebro en los menores entonces aquel que no tiene actividad física está perdiendo desarrollo cerebral”.

Reconoce que el aumento de peso y es otra de las consecuencias directas de la pandemia en menores. Y es que, muchos de los que se están reincorporando a las aulas lo hacen con un mayor peso del que tenían, ya que a la falta de actividad física se le sumó el hecho de que estén comiendo constantemente o a deshoras en casa.

DOS AÑOS DE PAUSA EN MUCHOS ASPECTOS DE SUS VIDAS

Para Bruno, la suspensión de clases debido a la pandemia de Covid-19 implicó una pausa que todavía no acaba de asimilar del todo reconoce su madre, Ángeles quien explica que, aunque el menor cursa ya el segundo año de primaria, sus amigos siguen siendo los de preescolar con quienes estudiaba en marzo del 2020.

Y es que, aunque lleva ya dos ciclos escolares con su grupo de primaria, lleva apenas unas semanas estudiando con ellos de manera presencial por lo que aún no los termina de conocer. “Si tú le preguntas a qué amiguitos quiere invitar a su fiesta o con quién quiere salir te dice a los del kínder. De los de primaria se sabe apenas unos nombres, pero todavía no termina de socializar”, reconoce.

Cuenta que otra de las cosas que ha notado es que al pequeño le cuesta más trabajo concentrarse en el salón de clases. Explica que cuando algo requiere de su completa atención resulta complejo para Bruno quien quiere busca hacer otras cosas a la vez. “Eso es algo de los problemas que le han dejado el uso de herramientas digitales (…) le cuesta enfocarse y estar tranquilo y haciendo una sola cosa”, cuenta.

Para tratar esto, el pequeño acude a psicoterapia para poder “agarrar el ritmo” social y académico nuevamente, y es que, a los problemas de concentración y sociabilización se sumó la tristeza de no poder salir de la forma en la que estaba acostumbrado antes del impacto del Covid-19 en su vida. “Yo siento que sí le afectó, como a todos. Recuerdo que cuando tuvo que regresar a las clases presenciales tenía miedo, pero una vez que se acordó lo que era ya dijo ‘de aquí soy’ y ya comienza a disfrutar más las clases”.

Ángeles asegura que, en materia física, Bruno no ha tenido problemas ya que a pesar del confinamiento por Covid-19 el menor siguió tomando clases de taekwondo vía remota y realizando los ejercicios desde su casa. A esto se sumaron las actividades físicas que sus maestras les ponían en horario de clases, así como el regreso del menor a sus clases de natación con el cambio del semáforo rojo.

“Eso ayudó mucho porque noté que con el encierro Bruno comía mucho más, aumentó la demanda de alimentos y no solamente de cosas saludables, sino que pedía comida que engorda y por lo mismo mantuvimos sus hábitos de ejercicio de una manera más rigurosa”, cuenta.

En contraparte, las restricciones por la pandemia han contribuido a que el pequeño desarrolle habilidades digitales avanzadas. A casi dos años de la implementación de las clases en línea, hoy Bruno puede buscar videos de manera autónoma, conectarse a clases en diversas plataformas, realizar cuestionarios digitales y gestionar un correo electrónico que le abrieron para sus tareas escolares.

Además, entre lo positivo, la madre destaca que la pandemia del Covid-19 le permitió pasar más tiempo en familia y parar un poco agitado que llevaban entre la escuela y las actividades vespertinas. Esto implicó disfrutarse más como madre e hijo, así como pasar más tiempo al aire libre.

CIRCULO SOCIAL MÁS CERRADO Y MENOS GANAS DE DEJAR CASA

Aunque el rezago en materia educativa que dejará la pandemia del Covid-19 en menores podrá cuantificarse en unos años, los problemas sociales y físicos ya se están manifestando. Kendiro Escárcega Rodríguez, representante del Colegio Thomas Jefferson School en Xalapa explica que más allá de los contenidos académicos, que es algo que se puede ir recuperando, el tema de sociabilización con los menores de preescolar y los primeros años de primaria es algo más complejo de tratar.

Explica que algo que algo que han notado, es que hay niñas y niños a los que les cuentas más trabajo dejar su casa y su ambiente reconocido para entrar a un mundo de sociabilización en la escuela. Incluso, reconoce que hay casos de menores que, aunque ya habían superado la etapa del miedo o llanto entrada del plantel tuvieron una regresión a la vuelta de las clases presenciales. Es por ello que la plantilla docente ha tenido que trabajar con formas más efectivas para ganarse nuevamente la confianza de sus alumnos.

“Ahora lo que se busca es que los maestros les den seguridad a los alumnos y que les hagan ver que en la escuela estarán igual de bien cuidados que en sus casas. Ahí si hay un rezago importante y tendremos que tomar semanas, para volver a adaptar a los niños”, expone.

Por cuanto hace al tema educativo, Escárcega Rodríguez expuso que el esquema a distancia provocó que los contenidos cuesten más trabajo darlos al profesor y al niño recibirlo. Ante esto, una vez que se normalice la presencia de los menores en las aulas, las instituciones tendrán que llevar a cabo un proceso de recuperación de los planes a futuro. “Cuantificar a uno o dos años es muy aventurado porque todavía no se regresa completamente a las aulas. Será hasta que se esté de manera normal en las aulas que podremos planear los siguientes planes de estudio”.

Dio a conocer que uno de los puntos en los que más se ha notado el rezago es en materia de lectoescritura ya que muchas madres y padres de familia no pudieron dedicarles a los estudiantes el tiempo necesario. “Sus papás que tienen mucho amor pero que no están preparados para ser maestros y el niño siente la falta de técnica didáctica. Quizá reciban el tiempo de sus papás, pero no la técnica adecuada que la educación normalista da”.

Por cuanto hace al tema físico, el titular de la escuela privada xalapeña dio a conocer que, en la mayoría de los casos, los menores regresaron con buena salud, bien alimentados y nutridos. Además de que en muchos casos sus familias buscaron mantener un ambiente de ejercicios y de actividades físicas. Pese a esto, expone, sí hay retraso en ciertas áreas como en el caso del desarrollo de la lateralidad, donde está costando más trabajo adquirirla y desarrollarla. “Los niños la adquirían a cierta edad y ahora la están adquiriendo a una edad más avanzada y es ahí en donde los maestros tienen que trabajar más que antes”.

CELULARES Y COMPUTADORAS, SU VENTANA AL MUNDO

Para Yaremi, los cambios más evidentes que han tenido Alexis y Carlos Daniel ha sido la dependencia a los teléfonos celulares, tabletas y videojuegos. Y es que, reconoció que estas herramientas se convirtieron en su ventana al mundo y el contacto con sus amigos y familiares a quienes no podía ver. Es a través de estos dispositivos que Carlos Daniel, el más grande de sus hijos convive con su grupo de amigos, las videollamadas se convirtieron en la forma de estar juntos.

Mientras que para Alexis, el pequeño de la familia, fueron los videos de youtube y los juegos en el celular los que le permitieron distraerse de la rutina y el encierro que ha durado casi dos años.

Con 9 y 5 años, los menores no han visto afectadas sus habilidades de sociabilización, asegura su mamá, pero si han tenido problemas de concentración y de aprendizajes, sobre todo el más pequeño que está a unos meses de entrar a la primaria. Además, Yaremi reconoce que ambos niños se han vuelto “más flojos” con las actividades físicas y que, aunque antes de la pandemia solían disfrutar mucho las salidas ahora prefieren quedarse en casa.

“Ellos eran muy activos, Dany tomaba clases de natación y taekwondo y las aguantaba sin quejarse y ahora cada que salimos es escuchar sus quejas de que ya se cansó, ya quiere regresar a la casa o que ya no quieren caminar. Prefieren estar en su casa encerrados que salir”.

Además, asegura que ambos se han vuelto más apegados a ella, al grado de que tras el anuncio del regreso a clases presenciales ambos mostraron renuencia de volver a las aulas al saber que mamá no estaría con ellos. “El más pequeño no quería estar en clases sin que yo estuviera, no lloró, pero si le costó trabajo y desde días antes estuvo muy preocupado y diciéndome que no quería. Y el grande también me llegó a comentar que si quería ver a sus amigos pero que prefería quedarse en casa para que yo estuviera con ellos”.

Sin embargo, en su caso reconoce que el aislamiento por Covid-19 ha permitido que su hijo menor, Carlos Daniel aprendiera a tocar el piano, actividad que ha disfrutado mucho y con la que ya ha participado en recitales. “He buscado sacarlos un poco de esa inercia con otras actividades para que no se apeguen tanto a las computadoras y los videojuegos”, expone.

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