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El FN de Marine Le Pen aborda las urnas en crítica situación

Hace cinco semanas, el Frente Nacional (FN) de extrema derecha parecía estar en las puertas del poder en Francia. Ahora, en la primera vuelta de las elecciones legislativas del 11 y 18 de junio, el partido de Marine Le Pen corre el riesgo de perder la mitad de los votos que obtuvo en la batalla presidencial y de quedar al borde de la escisión.

“Me cuesta imaginar que no tengamos un importante número de diputados”, comentó ante un magro auditorio de 200 personas en su feudo electoral de Henin-Beaumont (norte de Francia). “En ese caso, no se trataría de un problema del FN, sino que plantearía dudas sobre la democracia en nuestro país”, estimó.

Esa frase constituyó una forma de preparar a sus fieles al posible fracaso de su partido. En solo cinco semanas, el FN pasó de ser el gran fantasma que amenazaba de la democracia francesa y mantenía en vilo a toda Europa a una formación política desmoralizada, desfalleciente y fraccionada por sus querellas internas.

El electorado del FN perdió su fe casi religiosa en Marine Le Pen después de presenciar su penoso comportamiento en el debate contra Emmanuel Macron en vísperas de la segunda vuelta de la elección presidencial del 7 de mayo. Como consecuencia del decepcionante balance de ese duelo, perdió más de 3 millones de votos en cuatro días y solo reunió 33.9% de sufragios frente a Macron, que totalizó 66.1%, uno de los mejores resultados de la Quinta República.

Esa estrepitosa derrota agudizó las discordias internas entre las tres corrientes antagónicas que, hasta ahora, fingían aceptar una difícil coexistencia pacífica dentro del partido. Como “la victoria tiene miles de padres, pero la derrota es huérfana” -según la célebre frase de John F. Kennedy-, numerosos dirigentes que se mantenían en la sombra aparecieron ahora para denunciar a los “mariscales del desastre”.

La primera en apuntar el dedo índice sobre los responsables del fracaso fue Marion Marechal Le Pen, sobrina de Marina y nieta del viejo patriarca Jean-Marie. La joven esperanza del partido, de 27 años, que representa el ala “identitaria” y ultra católica del FN, decidió apartarse por un tiempo de la vida política con la idea de volver cuando la historia la convoque para lanzarse a la conquista del poder. Marion Marechal, que decidió abandonar su segundo apellido, critica abiertamente la línea económica del FN, que propicia abandonar el euro para volver al franco.

El artífice de esa doctrina, Florian Philippot, acaba de formar un grupo interno denominado Los Patriotas y amenaza con renunciar al FN si el partido decide abandonar la salida del euro.

Marine Le Pen navega entre ambas líneas y parece tentada a inclinarse por la línea “realista” que postula Nicolas Bay, figura en ascenso dentro del partido.

Tan feroz es la batalla interna que los dirigentes prácticamente no han realizado campaña para las elecciones legislativas.

El resultado de esa desatención es que los sondeos le atribuyen 18% de los votos y pronostican que el FN solo obtendrá entre 8 y 18 escaños en la futura Asamblea Nacional. Algunos dirigentes de primera línea -como el diputado Gilbert Collard- perderían su banca, mientras que el propio Philippot corre el riesgo de ser derrotado en su feudo de Forbach (este del país).

En circunstancias normales, a pesar de la derrota en la elección presidencial, el FN -que hasta hace cinco semanas se ufanaba de ser el primer partido de Francia- podría haber obtenido un centenar de curules.

Frente a las 370 a 400 bancas que podría ganar el partido de Macron, el FN quedaría reducido a las proporciones de un micro partido, incluso detrás de la derecha conservadora de Los Republicanos (LR), que tendrá entre 120 y 150 escaños.

En esas condiciones, la batalla legislativa del 11 y 18 de junio podría marcar dentro del FN el comienzo de una feroz noche de cuchillos largos de imprevisibles consecuencias.