/ martes 9 de abril de 2019

Tanto Gantz como Netanyahu se declaran ganadores en comicios muy reñidos en Israel

Según el Comité Central Electoral, con un 75 % escrutado, el partido de Netanyahu obtendría un 27.07 % de los votos, frente a un 25.96 % de Azul y Blanco de Beni Gantz

PARIS. El general retirado Benny Gantz, líder de la coalición centrista Azul y Blanco, y el primer ministro Benjamin Netanyahu, del partido Likud de derecha, terminaron virtualmente empatados al término de las elecciones legislativas.

El Likud, según los sondeos, obtendría entre 33 y 36 bancas, mientras que la lista de Gantz totalizará entre 36 y 37 diputados. Esa situación colocaba al actual jefe de gobierno, en el poder desde hace 13 años, en el filo de la navaja.

Ayer a medianoche, la diferencia entre las dos formaciones era de uno a cuatro escaños sobre un Parlamento de 120 curules, según las encuestas a boca de urna. Pero la decisión final recién se conocerá en el curso de la jornada de hoy cuando se contabilicen los votos de los soldados desplegados en los diferentes frentes.

Los dos principales candidatos proclamaron sus respectivas victorias y coincidieron en calificarlas de “claro triunfo”.

“La derecha dirigida por el Likud ganó claramente”, proclamó el primer ministro en su cuenta Twitter.

“¡Nosotros ganamos! ¡La gente israelí lo ha dicho!”, repllico Gantz. “Netanyahu prometió 40 escaños y perdió. El jefe del Estado puede ver la televisión y deberá llamar al ganador para formar el nuevo gobierno. No tiene otra opción”, añadió.

El general retirado Benny Gantz, de la alianza Azul y Blanco, se reunió con sus seguidores en Tel Aviv / Foto: AFP

El nombre del futuro primer ministro, sin embargo, se precisará una vez que se conozca la composición definitiva de la Kneset (Parlamento). Recién en ese momento, Netanyahu y Gantz podrán comenzar los cálculos para saber si cuentan con la cantidad de diputados necesaria para alcanzar la mayoría y poder formar un gobierno de coalición.

Nunca en la historia de Israel un partido obtuvo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (61 escaños). Este año, una vez más, los dos candidatos estarán obligados a aliarse a otras formaciones para gobernar.

Conforme a la tradición, el jefe del Estado, Reuven Rivlin, convocará en primer lugar para encargarle la formación del gobierno al líder partidario que obtuvo la mayor cantidad de votos si estima que tendrá el respaldo para alcanzar la mayoría en la Kneset. De lo contrario, confiará la misión a su adversario.

En ese juego de alquimia política, la coalición de Netanyahu podría tener menos diputados que Gantz, pero -según un primer análisis- estaría en mejores condiciones de promover una dinámica de alianzas para alcanzar con más facilidad la mayoría parlamentaria.

La forma en que se presenta el futuro inmediato del país parece confirmar que esta elección se caracterizó por una fuerte polarización el electorado. Con una movilización superior a 61% de los 6.3 millones de inscriptos, los votantes se pronunciaron a favor o en contra de Netanyahu.

El primer ministro Benjamin Netanyahu apareció con su esposa Sara en el cuartel del partido Likud / Foto: AFP

El primer ministro fue salpicado durante la campaña por varios escándalos judiciales e incluso terminó inculpado por corrupción, fraude y abuso de poder en tres procesos abiertos por donaciones millonarias realizadas a su favor por magnates. También está acusado de intento de conspiración contra la prensa.

Esa polarización extrema marcó la desaparición del tablero político de varias pequeñas formaciones políticas, incluyendo uno de los partidos árabes israelíes que, sin formar parte de la coalición, podría haber apoyado a Gantz a reunir la mayoría de 61 diputados en la Kneset.

Esa virtual extinción aparece como resultado directo del escaso interés que suscitó esta elección en las poblaciones ocupadas por Israel, donde la tasa de participación osciló en torno de 40%.

Aún existen numerosas incógnitas que dependerán del juego de transacciones y negociaciones entre los jefes de las coaliciones y las pequeñas formaciones.

Sin perder un minuto, Netanyahu inició anoche mismo las consultas al reunirse con Moshe Kahlon (líder del partido Kulanu), Yaakov Litzman (YaHadout Ha- Torah) y Aryeh Deri (Shas).

Moshe Kahlon, ministro de Finanzas en la actual coalición de gobierno, después de reunirse con Netanyahu declaró que esperará conocer los resultados definitivos antes de decidir a quién apoyará como primer ministro.

PARIS. El general retirado Benny Gantz, líder de la coalición centrista Azul y Blanco, y el primer ministro Benjamin Netanyahu, del partido Likud de derecha, terminaron virtualmente empatados al término de las elecciones legislativas.

El Likud, según los sondeos, obtendría entre 33 y 36 bancas, mientras que la lista de Gantz totalizará entre 36 y 37 diputados. Esa situación colocaba al actual jefe de gobierno, en el poder desde hace 13 años, en el filo de la navaja.

Ayer a medianoche, la diferencia entre las dos formaciones era de uno a cuatro escaños sobre un Parlamento de 120 curules, según las encuestas a boca de urna. Pero la decisión final recién se conocerá en el curso de la jornada de hoy cuando se contabilicen los votos de los soldados desplegados en los diferentes frentes.

Los dos principales candidatos proclamaron sus respectivas victorias y coincidieron en calificarlas de “claro triunfo”.

“La derecha dirigida por el Likud ganó claramente”, proclamó el primer ministro en su cuenta Twitter.

“¡Nosotros ganamos! ¡La gente israelí lo ha dicho!”, repllico Gantz. “Netanyahu prometió 40 escaños y perdió. El jefe del Estado puede ver la televisión y deberá llamar al ganador para formar el nuevo gobierno. No tiene otra opción”, añadió.

El general retirado Benny Gantz, de la alianza Azul y Blanco, se reunió con sus seguidores en Tel Aviv / Foto: AFP

El nombre del futuro primer ministro, sin embargo, se precisará una vez que se conozca la composición definitiva de la Kneset (Parlamento). Recién en ese momento, Netanyahu y Gantz podrán comenzar los cálculos para saber si cuentan con la cantidad de diputados necesaria para alcanzar la mayoría y poder formar un gobierno de coalición.

Nunca en la historia de Israel un partido obtuvo la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados (61 escaños). Este año, una vez más, los dos candidatos estarán obligados a aliarse a otras formaciones para gobernar.

Conforme a la tradición, el jefe del Estado, Reuven Rivlin, convocará en primer lugar para encargarle la formación del gobierno al líder partidario que obtuvo la mayor cantidad de votos si estima que tendrá el respaldo para alcanzar la mayoría en la Kneset. De lo contrario, confiará la misión a su adversario.

En ese juego de alquimia política, la coalición de Netanyahu podría tener menos diputados que Gantz, pero -según un primer análisis- estaría en mejores condiciones de promover una dinámica de alianzas para alcanzar con más facilidad la mayoría parlamentaria.

La forma en que se presenta el futuro inmediato del país parece confirmar que esta elección se caracterizó por una fuerte polarización el electorado. Con una movilización superior a 61% de los 6.3 millones de inscriptos, los votantes se pronunciaron a favor o en contra de Netanyahu.

El primer ministro Benjamin Netanyahu apareció con su esposa Sara en el cuartel del partido Likud / Foto: AFP

El primer ministro fue salpicado durante la campaña por varios escándalos judiciales e incluso terminó inculpado por corrupción, fraude y abuso de poder en tres procesos abiertos por donaciones millonarias realizadas a su favor por magnates. También está acusado de intento de conspiración contra la prensa.

Esa polarización extrema marcó la desaparición del tablero político de varias pequeñas formaciones políticas, incluyendo uno de los partidos árabes israelíes que, sin formar parte de la coalición, podría haber apoyado a Gantz a reunir la mayoría de 61 diputados en la Kneset.

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Aún existen numerosas incógnitas que dependerán del juego de transacciones y negociaciones entre los jefes de las coaliciones y las pequeñas formaciones.

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