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Esoterismo/ Los hombres espaciales de Tassili

  • Frank Barrios
  • en Sociales

Desde que el hombre inició la era de los vuelos se ha venido revolucionando la ciencia espacial. Primero se iniciaron vuelos sin trascendencia, en los que unos pocos metros y a muy baja altura, las naves alcanzaron el sueño de los hermanos Wrigth. Por fin, el hombre levantaba vuelo, como lo hacen los pájaros. Han transcurrido un poco más de 100 años de esta aventura, y ahora es común ver a través de los monitores de televisión, naves que salen y regresan del espacio. Algunas de ellas no tripuladas, han llegado a traspasar la distancia de Júpiter, siendo la finalidad salir de nuestro sistema solar, para que si existe vida inteligente en la inmensidad del espacio, esos seres sepan que no están solos.

 

Hace miles de años…

Existe la ciencia de la ufología, dedicada a la investigación de la vida inteligente fuera de la Tierra. Se supone que en estos instantes, nuestros astronautas han sido los únicos en viajar al espacio. Con la tecnología que se tiene, se habla de colonizar la luna y Marte, lugares que relativamente están cerca de nuestro planeta. La luna se localiza a una distancia relativa de 384 mil kilómetros y Marte, cuando está más cerca de la Tierra, se localiza a  55 millones de kilómetros. Qué sucedería si existiera una prueba, que indique que hace 9 mil años, ya existían los viajes espaciales. Imposible, dirá la mayoría de personas, pero para tener un antecedente de lo que estoy escribiendo, tendremos que remontarnos a Tassili.

Tassili viene siendo una meseta, compuesta por infinidad de grutas en medio del desierto de Sahara. Su nombre significa “Meseta de los ríos” Actualmente es una zona desértica, donde la vida es casi imposible de sostenerse, por las inclemencias del tiempo. Pero se sabe que hace miles de años atrás, el lugar estaba lleno de vegetación y humedad. Esto fue aprovechado por personajes, que bajaron de los cielos y los moradores de la zona, plasmaron sobre la piedra la visita de esos personajes, considerados dioses en su momento. El hombre de la prehistoria, grabó sobre las paredes de esas grutas pinturas rupestres, en las que se representaban escenas, de la vida del lugar en ese entonces. Cuentan leyendas de la región, que el desierto de Sahara fue en un tiempo tierra fértil. El clima era húmedo, y esto ayudaba a que ahí se levantara una majestuosa selva repleta de pantanos, insectos y fieras. Los hombres primitivos de hace 9 mil años, veían el lugar idóneo donde tenían asegurada su manutención. Como si se tratase de una gigantesca galería, esos primitivos construyeron el mayor museo pictórico del mundo, con una gama de pinturas rupestres, donde destacan avestruces, hipopótamos, jirafas, bueyes y elefantes, entre otros. Dicen los antropólogos, que esta fauna existió en ese entonces en el lugar. Pero lo que desconcertó a los hombres de ciencia, fue una variedad de pinturas gigantescas, en las que se aprecian  seres humanos, con trajes similares a los que actualmente utilizan nuestros astronautas, con cascos provistos de antenas y en ocasiones, se les pintó flotando, como si el hombre prehistórico hubiese visto esas escenas, a través de la escotilla de una nave espacial.

¿Qué hacían en ese sitio estos viajeros espaciales? Si el hombre primitivo plasmó esta serie de dibujos rupestres, tuvo que haber tenido una inspiración, en algo que experimentó durante un buen tiempo. No pudo haber imaginado lo que jamás hubiera visto y si lo vio, es porque se trató de algo tan real, que lo plasmó con maestría sobre la roca. Los primeros personajes en descubrir estas pinturas rupestres, fueron los soldados de la Legión Extranjera. Los oficiales enmudecieron al verlas, y comenzaron a difundir la noticia, pero fue durante la primera guerra mundial, frustrando que de este acontecimiento, se hiciera una investigación a conciencia.

En el año de 1956, Henry Lhote, el descubridor de las cabezas marcianas, organizó a ese lugar una expedición que lo llevaría a la inmortalidad. Su convoy estaba formado por 30 camellos, un guía tuareg y un grupo de especialistas, quienes se dirigieron hasta la meseta de Tassili. enry Lhote al estar frente a estas pinturas rupestres, las describe de la siguiente manera: “Su perfil es simple y la cabeza redonda, sin más detalle que un óvalo en mitad de la cara. Recuerda la imagen que comúnmente nos forjamos, de un ser de otro planeta”. Una pintura que llama poderosamente la atención, es aquella donde se ve algo semejante a un astronauta actual, donde la cabeza está unida al tronco, y en el pie derecho calza una bota.

En otra pintura, se aprecia a uno de estos gigantes, arrastrando  un grupo de mujeres hacia un objeto circular, de cuya entrada surgen difusos destellos. De la cintura del hombre, parte un cordón que parece estar unido al interior del artefacto redondo. Entre estas 4 mujeres, claramente se aprecia una adolescente, una púber, una madre cargando en su espalda una criatura, y otra dama embarazada. Si hace entre 9 mil y 6 mil años a. C., tiempo de que datan estas pinturas, podemos reflexionar qué viajeros utilizaban esta técnica, para viajar y vestir trajes similares a los de nuestros actuales astronautas. Si esto fue así, qué tanto habrá avanzado tecnológicamente esa civilización, a lo largo de los 11 mil años que han transcurrido desde que se plasmaron esas pinturas. Esto es una prueba más,  que hombres vinieron del espacio a la Tierra. Los libros sagrados entre ellos la Biblia, menciona los viajes espaciales. El 16 de marzo de 1926, el profesor Robert Hutchings Goodard lanzó con éxito al espacio el primer cohete iniciándose la era espacial. Han transcurrido apenas 90 años, en los que se ha visto que la carrera espacial ha dado un gran salto. Pero 90 años no es comparable con los 11 mil  que han transcurrido, cuando los viajeros espaciales visitaron la meseta de Tassili. Todavía estamos en pañales en cuanto a los viajes interestelares.

Desde mi tierra natal, Costa Rica, les envío un caluroso saludo a todos mis lectores, convidándoles a que reflexionemos, que cada uno de los seres humanos, somos una partícula como un grano de polvo. De qué sirve cegarse por el orgullo, si en realidad no somos nada. Dentro de la Tierra habremos avanzado mucho en tecnología, pero si nos comparamos con nuestros hermanos, que habitan en otros planetas, todavía estamos en pañales.

 

*Colaborador