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Esoterismo|La cristalizacion de un sueño

  • Frank Barrios
  • en Sociales

El deporte que más se ha extendido a lo largo de nuestro globo terráqueo es el fútbol. Las naciones de los cinco continentes cada 4 años se preparan para mandar a las justas mundialistas a la selección formada por los mejores jugadores que tratarán de hacer un digno papel en un mundial. No se necesita conocer el idioma del rival, para enfrentarlo y luchar aplicando las reglas que rigen al futbol.

Desde la antigüedad se suspendían actos bélicos para que entre las naciones en conflicto, se armara un equipo que las representara y disputara un evento deportivo, logrando así una paz porque ambos contrarios, no estaban muy convencidos de seguir el juego de sus gobernantes, que los lanzaban a pelearse entre ellos.

En esta época se suscitó un caso cuando las repúblicas de El Salvador y Honduras tenían fricciones producto del desacuerdo por el trato que recibían campesinos salvadoreños por parte del grupo hondureño armado clandestino, “Mancha Brava”.  El 26 de junio de 1969, ambas oncenas se enfrentaron para elegir a quien asistiría al mundial “México 1970”. La fricción se incrementó y ambas naciones se declararon una guerra que duró 4 días, utilizando su armamento bélico hasta que por fin lograron conciliarse para jugar el partido decisivo, ganado por los salvadoreños, siendo quienes asistieron a esa magna fiesta universal.

 

Forja héroes

Muchos letrados que pasaron toda su vida estudiando, quisieran gozar de la fama y dinero de Hugo Sánchez, Diego Armando Maradona, Cristiano Ronaldo –el mejor del mundo en este momento— o Leonel Messi.  El país más futbolero del mundo es Brasil. Podrán padecer infinidad de carestías y atrasos, pero en materia futbolística, para ellos es una religión. Los futbolistas en ese hermoso país sudamericano nacieron con mentalidad triunfadora, al grado que entre los grandes “monstruos” del fútbol, se destacan los cariocas, por quienes las grandes potencias futboleras como España, Italia y Alemania, pagan cifras millonarias en euros para su adquisición, además de los sueldos de reyes que perciben estos jugadores.

Brasil es el único país que hasta este momento, se ha hecho presente en todas las copas mundialistas. Para ellos no ganar la justa, es una catástrofe nacional, porque siempre van por el primer lugar. Los suicidios están a la orden del día cuando la selección verde amarela no llega a su país, con el ansiado trofeo. La tarde del 16 de julio de 1950, es conocida en Brasil como “el maracanazo” Se trataba de la final del mundial y Brasil, después de arrollar a sus contrincantes, disputaba la copa “Jules Rimet” contra Uruguay. El juego estaba empatado a un gol, y faltando 11 minutos para el final, Alcides Edgardo Ghiggia, con una finta magistral, silenció las 200 almas que presenciaban el juego. Ya se habían mandado a acuñar monedas, con la imagen de la oncena verde amarela. Sólo se esperaba que terminara el juego, para que se empezaran los festejos de una fiesta nacional y al final, sólo caras largas se apreciaban en todo Brasil. Tristeza, lágrimas y suicidios sacudieron al gigante  sudamericano. Quizá la historia más triste fue la de un viejo tendido en el sillón de su humilde hogar, llorando por esa desgracia nacional. Su pequeño hijo de escasos 9 años, se le acercó y le dijo: “No llores papá. Un día yo la ganaré para ti” Ese pequeño era Edson Arantes Do Nascimiento (Pelé). En 1958, a la edad de 17 años, 8 años atrás de haberle hecho la promesa a su padre, “Pelé” encaminó a la final a la selección brasilera que disputó la copa ante el local de Suecia.

Venía siendo la revelación de esa justa mundialista. Un juvenil que se mostró grande, entre los grandes del momento, y les jugó y venció con las mismas armas. A partir de ese momento había nacido la leyenda, de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos: “Pelé”. Cinco por dos fue el marcador final, siendo anotados por “Pelé” 2 de esos goles. Al regresar a Brasil la oncena carioca, todo el país estaba pendiente de su arribo. Eran héroes nacionales, porque su religión (el futbol), les había dado una satisfacción, que les haría olvidar por un tiempo las carencias  y conflictos que les aquejan. Llegado el momento, el héroe nacional, “Pelé”, desciende del avión y con la copa en sus manos, llega hasta donde se encontraba su señor padre, y entregándole el galardón de vencedor le dice: “Aquí esta papá. Te lo prometí”.

Cuando se tiene un objetivo fijo en la mente se lucha por obtenerlo, y si se es constante para adquirirlo, tarde que temprano llega a nuestras manos. Así como “Pelé” lo logró, luchando contra todas las adversidades (pobreza extrema), otros también han cristalizado sus objetivos. Todo consiste en creer en uno mismo, no desmayar ante la primera adversidad, y sentir que ese objetivo está en nuestras manos.

 

*Colaborador