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Esoterismo|Mitología, ciencia y ficción

  • Frank Barrios
  • en Sociales

Si una leyenda persiste es porque el motivo de su creación fue una realidad. Al paso del tiempo la transmisión oral la adapta según su imaginación.  Siempre me ha gustado todo lo relacionado con la mitología, principalmente la griega y nórdica. En la Biblia, libro sagrado del catolicismo, se dice que en un principio sobre la Tierra deambulaban gigantes, y que en su momento bajaron del cielo los “Nifilim” mezclándose con los humanos, surgiendo la mitología “semidioses”. Aconteció que cuando comenzaron los hombres a reproducirse sobre la faz de la Tierra, les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas… y les engendraron hijos… (Génesis 6.14). Esos hijos de Dios mencionados en la Biblia son conocidos como Nifilim, ángeles que Dios Jehová envío a la Tierra para que ayudaran y le enseñaran al hombre nuevas enseñanzas.

Existió un ángel de nombre Samyasa –líder de un ejército de 200 ángeles— que llegó a la Tierra para ayudar al hombre pero al ver la belleza de sus hijas se apoderó de él y de sus acompañantes una lujuria insaciable. Todos decidieron tomar las más bellas para sí y engendrar hijos. Samyasa les advirtió que ese tipo de decisión debía surgir de entre todos para que no sólo él resultase culpable ante el Señor. Todos estuvieron de acuerdo.

Se hace una narración sobre este caso, mencionando nombres, en el Libro de Enoc considerado apócrifo por el Catolicismo. Algunos de los nombres de esos Nifilim que se convirtieron en “ángeles caídos” al copular con las humanas –nacieron semidioses o híbridos: mitad divino, mitad humano— fueron Asaradel (enseñó la ciencia de la astrología), Tamiel, Amazarak (indicó el camino para adentrarse al sendero de la magia, enseñando cómo hacer hechizos y divisor de raíces) y Akibeel (enseñó cómo interpretar las diversas señales sobre los augurios). Estos ángeles son conocidos como Anunnakis. Deidades sumerias, la civilización más antigua conocida. Personajes que vinieron del planeta Nibiru, y los menciona Zecharia Sitchin, en una docena de libros, conocidos como “Crónicas de la Tierra”, los cuales en la década 70 se convirtieron en Best séller.  En su libro”, Sitchin hace una narración de los Anunnakis, describiéndolos como hombres de 3 metros de altura, blancos y barbados, quienes se asentaron en Mesopotamia hace 450 mil años, y gracias a sus conocimientos, aceleraron la genética del hombre de Neanderthal a Homo Sapiens. Dijo Sitchin que la tecnología de los anunnakis, todavía no ha sido superada porque hicieron viajes espaciales, fueron precursores de la creación del primer hombre inteligente sobre la Tierra, constructores de las pirámides conocidas en el mundo, egipcias, mayas, aztecas y chinas.

Esta información no es simple fábula. Está documentaba en escritura cuneiforme –la más antigua conocida—traducida en gran parte por Sitchin, de nacionalidad Azerbaiyán, licenciado en Historia Económica en la London of Economic, y conocedor del hebreo clásico y moderno, además de dominar varias lenguas, algunas consideradas muertas.

La misma ciencia y religión tienen que rendirse ante este tipo de hechos porque documentación arcaica indica que el ser humano ha pasado por un proceso de evolución, que no ha sido al azar. ¿Dios creó al hombre a su imagen y semejanza o fueron otras civilizaciones espaciales más avanzadas que vinieron a sembrar al hombre a la Tierra y ahora están por regresar para ver cómo ha evolucionado su cosecha? El doceavo planeta –Nibiru, Hercólubus o planeta X como dijera el astrónomo Carlos Muñoz Ferrada— está por atravesar nuestro Sistema Solar, como lo hace cada 3600 años, entre Marte y Júpiter, donde se localiza el cinturón de asteroides que en estos momentos tiene un diámetro de 950 kilómetros, y hace miles de años era un planeta de nombre “Faetón”, habitado por una civilización muy avanzada. En Nibiru habitan los Annunakis, creadores de esta humanidad, como lo atestiguan las tablillas sumerias de escritura cuneiforme.

 

*Colaborador