imagotipo

Antonio Cosío festejó en grande

  • Redacción El Sol de México
  • en Sociedad

Tradicional comida en su feudo vinícola frente a la Puerta del Encierro del coso taurino más grande del mundo, también de su propiedad, al que arribaron puntuales más de 100 invitados taurinos de pura cepa y jóvenes aficionados, quienes continúan la tradición, muchos desde sus abuelos. Espléndido buffet, rociado también con los vinos de la casa, aumentaron la euforia que desde la corrida anterior, desbordaron los ahí reunidos con la despedida de Eulalio López “Zotoluco” y las extraordinarias faenas del maestro Enrique Ponce, que serán recordadas muchísimos años. Los pronósticos del cartel del aniversario 71 se quedaron cortos con las faenas del artista gitano Morante de la Puebla, el león de los ruedos y rey de la fiesta Julián López “El Juli”, tarde de la que salieron felices en hombros, que será comentada con la misma alegría que estas dos primerísimas figuras del toreo.

La Plaza México, donde cada semana ésta y todas sus temporadas, miles de aficionados a la fiesta más brava llegamos religiosamente a este gigante de concreto, que abrió sus puertas hace 71 años el 5 de febrero de 1946, cuando alternaron en su inauguración Luis Castro “El Soldado”, Manuel Rodríguez “Manolete” y Luis Procuna, “El Berrendito de San Juan”, lidiando un encierro de la ganadería de San Mateo. Como una premonición, la plaza más grande del mundo fue construida en la que se ha convertido en la ciudad más grande del mundo. Durante la década de los 30, la ciudad de México comenzó a crecer en respuesta al aumento de su población. En esa época la fiesta de los toros estaba en su apogeo, motivo por el cual las autoridades citadinas decidieron construir un coloso con capacidad para recibir a la numerosa afición de la capital del país, que corrida a corrida colmaba las plazas locales y que ya eran insuficientes para contenerlos. Así, se decidió continuar el proyecto de un empresario mexicano Naguib Simón, quien había pensado que la que fuera zona cantera de la Nápoles, era el sitio ideal donde erigir la Ciudad de los Deportes, plan que contemplaba la construcción de un estadio de futbol, un frontón y una piscina techada. Sin embargo, por imprevisiones o simple mala suerte, el empresario se quedó sin dinero y dejó inconcluso su sueño después de la construcción del estadio, iniciar la de la plaza de toros y poner cimientos de lo que sería el frontón, lo que hizo que el Gobierno capitalino tomara el proyecto en sus manos y lo continuara para finalmente darle a la ciudad de México el estadio de la Ciudad de los Deportes y la Monumental Plaza de Toros México que es punto de encuentro del glamour, la pasión y el altruismo. El coso que finalmente tendría capacidad para 43 mil espectadores se construyó en 14 meses. Al final el ruedo de 44 metros de diámetro, quedó situado a 20 metros abajo del nivel de la calle, en tanto que los toriles, los patios de cuadrillas y caballos y los demás servicios, quedaron situados tres metros más arriba. Así llegó el día de la inauguración de la plaza, que se llenó de bote en bote, desde varias horas antes de su apertura, aunque la corrida comenzó 15 minutos tarde debido a que “El Soldado” tuvo que caminar porque las calles aledañas estaban bloqueadas por los autos y los miles de espectadores deseosos de testificar el magno acontecimiento. Desde la misma fecha de su inauguración la Plaza México se convirtió en sitio obligado de triunfo para cualquier torero que quisiera convertirse en figura y también, como las grandes plazas, en sede de grandes broncas y anécdotas.