imagotipo

“El arte contribuye a formar mejores seres humanos”

  • Cynthia Sánchez
  • en Veracruz

Xalapa, Ver.- A la cancha de su primaria, allá en un su pueblo ubicado en Chicontepec, llegó un ballet folclórico. Pusieron una tarima, luces, adornos, y él, que iba en segundo año—corrían los años 70— recuerda vívidamente la música, los trajes de los bailarines, los movimientos, el color, la alegría… eso lo marcó para años más tarde hacerse maestro y enseñar Artística.

Ahora, con más de 30 años en la docencia, el maestro Jhonny Alfredo del Valle Hernández considera que la Educación Artística es fundamental en el desarrollo integral de los menores y también en los docentes en formación.

Es catedrático de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana (BENV) Enrique C. Rébsamen—de donde es egresado—en la Licenciatura en Secundaria con especialidad en Telesecundaria, dirige las compañías de danza y música del Ateneo Normalista y también coordina los talleres de artes que se dan a todos los alumnos de la Benemérita y sus anexos, es decir la primaria y preescolar.

LA EDUCACIÓN ARTÍSTICA TAMBIÉN ES DAR CALIDAD EDUCATIVA

— ¿Qué papel juega la educación artística?

—En el modelo actual nos exigen a los maestros que tengamos calidad educativa, pero esa calidad no sólo son las asignaturas formales, que es a lo que se le da más peso; el arte, la música, la danza, el deporte, la cultura en general juegan un papel importantísimo en la calidad de la educación. Si no potencializamos las habilidades que tienen los niños y los docentes en formación, si no las exploramos, ¿cómo vamos a aportar calidad?, forzosamente tenemos que fomentar el deporte y la cultura; para que realmente haya esa integralidad en la educación debemos voltear a ver la importancia que tiene la educación artística.

—Pese a que es una materia que se lleva en la primaria, no parece que se le dé importancia

—Así es. Lamentablemente los esquemas educativos de la actualidad nos exigen trabajar más las matemáticas, el español; pero si os maestros en sus aulas trabajaran la activación física, actividades artísticas como agarrar una plastilina para modelar o un botecito de pintura, verían que eso haría que el alumno rindiera mejor. Eso platicamos con el alumno normalista, la importancia del deporte y la educación artística; porque está en los planes, en los horarios, pero no le damos la importancia que se requiere, y la parte artística fortalece a los niños para tener mejor pensamiento lógico-matemático, tener una conversación fluida, elaborar un proyecto, etcétera.

—¿Qué otros beneficios aporta el arte?

—La educación artística favorece mucho la socialización, cosa que a lo mejor a los papás no les gusta, que el niño sea independiente, pero es importantísimo que el niño, el adolescente, el ciudadano aprenda a trabajar de manera colectiva; aprender a trabajar como un engranaje, respetando cómo somos cada uno, porque tenemos diferentes religiones, formas de pensar, y a través de la educación artística se trabaja el respeto hacia los demás, la inclusión; y es inculcándolo a los niños como se puede generar ese cambio en la sociedad. El arte contribuye a formar mejores seres humanos.

—¿Usted qué les dice al respecto a sus alumnos que son los futuros maestros?

—El maestro de secundaria tiene un papel fundamental, porque manejan a niños en la edad más difícil, que es la adolescencia, que es donde el estudiante va a decidir el futuro de su vida. El maestro va a ser, en esa fase, un factor determinante de cambio; claro, sin los padres de familia no se pueden generar cambios, si el padre de familia está ausente el trabajo del maestro se ve limitado; es un etapa difícil y yo los animo a que vean cómo la educación artística es una herramienta valiosa que pueden usar para fortalecer a ese alumno que busca ser escuchado y entendido, y qué mejor que trabajar esa edad con actividades artísticas, lúdicas y deportivas.

EL ATENEO BUSCA REVALORIZAR LA CULTURA

Platicamos en uno de los jardines de la Normal, una mesa bajo los viejos y frondosos árboles, muy altos, y de amplia copa que apenas dejan pasar algunos rayos de luz; a nuestro alrededor los normalistas pasan, ríen, nos miran curiosos…

En 2002 el maestro Jhonny— como es llamado con cariño por alumnos y colegas—llegó a Xalapa; inició como comisionado de actividades artísticas, primero en la escuela primaria Acela Servín, y de ahí a dar talleres de danza en la Primaria Práctica Anexa a la Normal: Así fue la inserción a la comunidad normalista…empezamos a trabajar, a picar piedra, nos enfrentamos a que a los niños— de todas las épocas— les gusta la música de moda y nosotros comenzamos a llevarles la música regional o tradicional de Veracruz, y había cierta resistencia de los niños que no querían, que porqué me voy a poner trenzas, que porqué ese vestido; costó trabajo, pero lo logramos…”

Gracias a su formación en Educación Básica, el maestro Jhonny pudo vincular contenidos de las materias regulares con la materia de Artística, lo que dio pie al taller Anexarte, donde abordó el teatro, danza y música, “manejando esto a un nivel no como ejecutantes de danza o musicales, sino como parte de ese crecimiento y de esa formación armónica e integral que el alumno debe tener para complementar su educación”.

De ese trabajo surge un equipo de niños con más tiempo y habilidades, por lo que crea el ensamble de danza Teocalli, y el conjunto folclórico Soneritos, de la Primaria Práctica Anexa.

Pero su sueño era dar clases en la Normal, así que continuó preparándose y ahora cuenta con licenciatura en Psicopedagogía, maestría en Administración y Gestión, y está certificado como profesor, director y coreógrafo de grupos artísticos por la Unesco y por el Comité Interamericano de la Danza.

Ya en como catedrático de la BENV, el maestro Jhonny aprovechó al interés y potencial de los estudiantes para retomar el proyecto del Ateneo Normalista, en el que ya lleva seis años de arduo trabajo que le ha permitido llevar a los jóvenes a escenarios nacionales e internacionales.

“El Ateneo no es una compañía de danza o música—aclara el docente— que forme bailarines o músicos. No, es un espacio donde el normalista viene para ampliar sus conocimientos artísticos que dentro de su malla curricular lleva, y que aquí puede mejorarlos y contar con herramientas para que el día de mañana, cuando se inserte como maestro, pueda aplicarlos en su contexto, donde se encuentre laborando”.

La historia del Ateneo Normalista lleva muchos años de historia, tuvo su auge en los 80, y él se ha encargado de que el objetivo del proyecto se mantenga: “el Ateneo es una unidad interdisciplinaria, con la visión de contribuir al rescate de tradiciones, al fomento del arte, a que nuestra institución, como una escuela de nivel superior, promueva la parte cultural que tiene nuestro estado hacia el exterior, así como la revalorización de nuestras costumbres”.

SOMOS MAESTROS DE 24 POR 365

Quien haya estado en la Normal a partir del 2002 lo conoce. Es lo que suele llamarse una leyenda, pero sus inicios fueron lejos de las comodidades de la ciudad.

“Mi primera escuela fue en la comunidad Paso Higueras, en Jamapa, recuerdo como si hubiera sido ayer mi primer día de clases. Me da la misma emoción. La escuela se llamaba Luz y Progreso, imagínate qué bonito y cuánto significado, porque eso somos los maestros, llegamos a las comunidades a darle luz a los niños para que cuando crezcan lleven el progreso a sus comunidades”.

Tenía entonces 17 años, egresado como maestro de Educación Básica y con toda la ilusión de contribuir para hacer una sociedad mejor a través de la enseñanza.

“Es una profesión muy noble, pero muy sufrida,—dice mientras mira el contenido de su taza de café que apenas ha tocado y seguramente ya está frío— porque carece de varias cosas, en lo económico, o porque se tiene que dejar a la familia para viajar a la comunidad. Pero con nuestro granito de arena podemos cambiar la vida de un niño, que en algún momento se convertirá en un adulto de bien que podrá verter toda su energía para mejorar su país. Esa fue mi idea el ingresar a la Normal, porque es así como uno puede dejar su huella”.

Para el maestro “la docencia la traes en el alma, en el corazón; cuando disfrutas lo que haces no tienes obstáculos para alcanzar lo que te propones. La docencia es un compromiso con la sociedad, una vocación de servicio. Somos maestros de 24 por 365. Todos los días a toda hora. Ser docente es pasión, amor a tu trabajo, a enseñar a los niños. Si volviera a nacer volvería a ser maestro, volvería a ser bailarín”.

Compartió en entre sus satisfacciones está la “alegría de regresar a un lugar donde diste clases y ves a tus niños, porque para mí siguen siendo mis niños, o cuando te los encuentras, me pasó con un alumno a quien le di en segundo  y sexto de primaria y me dijo: ‘recuerdo que usted me dijo que el estudio era lo que nos iba a llevar a tener una mejor calidad de vida, y míreme, soy ingeniero, soy jefe de obra, mira esta es mi esposa, mis hijos…’ y ahí es cuando te sientes orgulloso—dice con voz entrecortada— ver que hay uno que hace un cambio en su vida y en la sociedad”.

En la parte de la danza, “haber generado excelentes bailarines que se fueron a laborar fuera del país, a España, a Francia, y que reconozcan que iniciaron sus primeros pasos de la danza en el Ateneo”, concluye tras una amplia sonrisa.