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Hambre y penurias entre estudiantes

  • Diario de Xalapa
  • en Veracruz

La crisis económica que se vive en la entidad afecta también a estudiantes universitarios, al punto de verse en la necesidad de tener que compartir sus gastos entre ellos, sobre todo aquellos que por diferentes razones emigran de sus tierras natales en busca de realizar estudios profesionales.

La imposibilidad de obtener más recursos por parte de sus padres y la dificultad para conseguir un trabajo —de medio tiempo— bien remunerado provoca que hayan aprendido a hacer rendir lo mejor posible el recurso del que disponen a la semana, quincena o mes.

Estrategias son muchas, desde buscar fonditas más baratas, vivir cerca de su facultades, prepararse comida ellos mismos, buscar descuentos y promociones en autobuses foráneos, hasta limitar sus gastos en diversión son algunas de las estrategias que estudiantes de la Universidad Veracruzana aplican.

Es el caso de Ricardo Amorós Aguirre y de Manuel Barrillas Maldonado, alumnos de la Facultad de Biología de la Universidad Veracruzana (UV), quienes comparten su vivienda. Ricardo es originario del puerto de Veracruz y al decidir estudiar esa carrera optó por mudarse a Xalapa, pues en su ciudad natal no se encuentra disponible. Otra de las ventajas que dice haber considerado para su traslado fue que la capital ofrece precios más económicos, además de ser mucho más tranquila, comparada con el puerto. Por su parte, Juan Manuel Barrillas Maldonado, originario del Estado de México, comentó que desde que llegó buscó un lugar para alojarse donde pudiera compartir un cuarto con otros estudiantes, “para economizar, pues comúnmente cuando nos juntamos varios es mejor, pues se reparte el gasto”.

LUGARES AUSTEROS Y GASTOS COMPARTIDOS

La vivienda que habitan es parte de un inmueble que se renta exclusivamente para estudiantes, y se compone de tres piezas. En la primera se puede observar un par de sillones en los que ya se puede notar el paso del tiempo, a manera de recibidor, y una pequeña cocineta con los elementos básicos para preparar alimentos, como un sartén, palas y cucharas colgadas, trastes que recién fueron utilizados, una parrilla eléctrica y sobre ésta una cacerola con restos de espagueti, un par de platos y unas tarimas de madera rústicas que sirven como alacena.

A continuación, por un estrecho pasillo se tiene acceso a otras dos piezas chicas que es donde cada uno de ellos duerme, además de un pequeño espacio donde se ubica un lavadero de ropa.

Al vivir juntos estos estudiantes se dividen todos los gastos, desde la renta, agua, luz y comida. “Comúnmente cocinamos, o si no vamos a lo que son las fonditas de 35 pesos con credencial de estudiantes. Cuando cocinamos invertimos menos de 100 pesos al día y nos alcanza para comer y cenar, nos rinde bastante”, dijo Ricardo.

Detalló que actualmente no cuentan con una instalación de gas, por lo cual “nos vemos en la necesidad de utilizar una hornilla eléctrica para cocinar, y nos obliga a calentar el agua con una resistencia para bañarnos en temporada de frío, aunque la verdad cuando hace calor está rico bañarse así”.

Ambos estudiantes coincidieron en que eligieron el lugar donde actualmente viven porque les que queda a nueve minutos de camino a pie hacia su facultad, lo que les permite reducir gastos de transporte.

AUTERIDAD EN ÚTILES Y VIAJES ESCOLARES

En cuanto a gastos de su carrera, mencionaron que la Facultad de Biología les facilita el material que necesitan día a día para sus prácticas, principalmente de laboratorio, reactivos que no se consiguen tan fácilmente, ya sea ácidos o cosas muy delicadas; sin embargo, “tenemos muchas salidas a campo y nos toca desembolsar para el transporte y alimentos (…) A veces son prácticas de dos días, requerimos de material especial como GPS, que es caro, y hay que comprarlo”, explicó Juan Manuel.

Los gastos en sus viajes varían, pues comúnmente van a La Mancha, Perote, Volcancillo, costas e islas, o inclusive a Oaxaca. Reiteraron que “solamente en ocasiones la UV se ha encargado de cubrir los gastos de transporte, pero hay veces que no quieren dar el apoyo, pese a que cada semestre sube la inscripción —que es de 900 pesos semestral—, además nos cobran un patronato de 600 pesos, que se supone es para salidas de campo o remodelaciones a la escuela y es obligatorio”, manifestaron.

“Procuramos ahorrar para esos gastos (prácticas escolares), igual como no somos mucho de salir de noche no gastamos tanto como salir a un antro, preferimos salir de vez en cuando, ya sea acampar o lugares al aire libre”, comentaron.

Si bien para cubrir todos sus gastos cuentan con un apoyo económico de forma quincenal por parte de sus padres, también han implementado estrategias para obtener un dinero extra, conforme a lo que han ido aprendiendo en la misma escuela, por temporadas han llegado a sembrar y cultivar hongos, por ejemplo zetas, hacer chocolates orgánicos, los cuales han vendido en restaurantes vegetarianos, así como la elaboración de productos orgánicos como un repelente de mosquitos. Además, como tienen un pequeño jardín han pensado que una manera de economizar en gastos de comida sería sembrar sus propios alimentos. “Uno de los proyectos que tenemos pensado es hacer un pequeño huerto que tenga los vegetales básicos, desde tomates y lechuga”, dijo Juan Manuel.

PROMOCIONES PARA VISITAR A LA FAMILIA

Ambos viajan a sus ciudades natales para pasar tiempo con sus familias solamente en vacaciones para aprovechar los descuentos o promociones en el transporte en esas temporadas. Incluso Ricardo, pese a estar tan cerca de Veracruz, opta por permanecer en Xalapa. “Prefiero quedarme porque gasto menos, además me concentro más en cosas pendientes de la escuela”. Mientras que Juan Manuel dijo: “Viajo cuando son vacaciones, más que nada por los gastos para tratar de no añadir uno más a la lista”.

En la entrevista un amigo más que se encontraba con ellos, Luis Alfredo Basurto Viveros, estudiante también de la carrera de Biología, quien pese a que es de Xalapa y vive con sus padres, dijo que también le ha tenido que hacer frente a la crisis económica. En su caso, al vivir en una zona retirada de la facultad —ya que dependiendo el tráfico de su casa a la escuela se hace hasta 40 minutos—, en ocasiones opta por quedarse a dormir con sus compañeros para evitar el pago del transporte, pues ellos le facilitan un espacio y se duerme en uno de los muebles del recibidor.

Además, Luis Alfredo, pese a lo absorbente que es la escuela, ocupa sus ratos libres para trabajar como auxiliar de cocina en un restaurante-bar, debido a que sus padres también tienen que encargarse de los gastos de sus otros dos hermanos que tienen 11 y 13 años.

“El horario de la escuela es quebrado, pero algunos días salgo a las 6 o 5 de la tarde, entonces es cuando puedo trabajar (…) En las salidas de campo se necesita dinero y mis papás no siempre me apoyan, entonces yo tengo que ver otras formas para conseguir dinero extra para cubrir mis gastos de la escuela”, explicó.

Añadió que en su trabajo a la semana gana 400 pesos, los cuales ocupa principalmente para pasajes y sus prácticas de campo, en cuanto a comidas sus padres lo apoyan, ya que cuando puede procura comer en casa.