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Más de 3 décadas de servir con amor; La maestra Lupita inculca valores a sus alumnos

  • Cynthia Sánchez
  • en Veracruz

 

La maestra Lupita camina con “sus niños” hasta el portón de la escuela. Uno a uno los entrega con una sonrisa a sus padres y les comenta discreta si el pequeño ha estado bien, qué le hace falta reforzar. Si el menor la descubre hablando hace una seña y calla. No le gusta angustiarlos, cree en la educación con amor, en enseñar con alegría, en que los niños aprendan como por casualidad.

Desde hace 34 años, Paz Guadalupe Salazar Ortega es docente de primaria, 29 de ellos los lleva en la Escuela Primaria Práctica Anexa a la Normal Veracruzana, pero sus inicios fueron en una comunidad muy lejana, allá en Misantla, en La Aurora, donde caminaba todos los días 16 kilómetros de ida y vuelta entre cafetales, veredas, y cruces de ríos que en tiempos de lluvia crecían hasta dejarlos incomunicados.

“Mis papás y mi hermana me llevaron a la comunidad —recuerda la docente—, me puse triste al despedirme de mi mamá, pero aun así estaba emocionada por conocer a la gente de la comunidad, las cuales me recibieron de una manera muy atenta”.

Para evitar bajar todos los días hasta Misantla, entre semana solía quedarse en casa de la directora de la escuela, en un poblado cercano a Yecuatla. Todas aquellas primeras experiencias como maestra en una zona rural, lejos de casa y a cargo de niños curiosos, la hicieron amar su profesión.

EL AMOR DE LOS NIÑOS, LA MAYOR SATISFACCIÓN

El rostro de la maestra refleja los años de dedicación y la convicción de realizar una tarea que le gusta. En el patio escolar, los estudiantes más grandes la ven y se acercan para abrazarla intempestivamente, “maestra Lupita”, le dicen con cariño. Ella los apapacha, mira con orgullo cómo han crecido, e incluso descubre algo y les pregunta preocupada “¿qué pasa mi niño?”.

“Decidí ser maestra porque es una profesión muy bonita, el trabajo con los niños es bonito, se aprende a quererlos como si fueran mis hijos”, dice con emoción.

“Para mí —agrega— ser maestra ha significado mucho, me ha dejado una sensación de gratificación formar parte del desarrollo de los niños, así como verlos superar sus metas. Yo a lo largo de los años me he tenido que ir adaptando a las diferentes generaciones para estar a la vanguardia y enseñarles de acuerdo con las exigencias que se presentan en cada etapa”.

Entre sus principales satisfacciones está “encontrarme a los niños que una vez les di clases y que me recuerden, que me saluden en la calle, me comenten que ya son profesionistas; otros están en la secundaria o prepa. Por ejemplo hoy me encontré a un chico, me saludó y me dijo ‘usted ha sido una de las maestras que más he querido’… se me llenaron los ojos de lágrimas. Pensar que esos niños todavía tienen recuerdos gratos de una servidora es lo más bonito. Otra satisfacción es enseñar a leer y escribir a los niños de primer grado; ver a esos niños como las palomitas que van brotando en el aprendizaje de la lectoescritura, tomarles sus manos para que puedan realizar sus ejercicios de escritura, no hay nada igual”, indicó.

ENSEÑAR VALORES A NIÑOS CIBERNÉTICOS

La maestra Lupita nos comenta que en sus más de tres décadas dando clases ha observado cómo la sociedad ha ido cambiando, las dinámicas entre las familias y por supuesto la forma en que los niños aprenden y se comportan.

“Los niños de mis primeras generaciones a las actuales no son iguales; antes no había computadoras ni Internet, así que los pequeños eran más entregados a los estudios, eran más competitivos y buscaban un mejor promedio; los de ahora son niños cibernéticos, entran con una gran facilidad al Internet donde aprenden cosas nuevas y llegan a la escuela a querer compartirlas a sus compañeros”.

Por ello su prioridad es que los menores, más allá de los contenidos escolares, “aprendan el respeto, la tolerancia, la pluralidad, el autoaceptarse, en sí los valores que se supone deben traer desde casa, pero que en la práctica en el aula se les enseña y sobre todo se les estimula para que los practiquen de manera consciente y con agrado”.

En sus planes a futuro no ve cercana la jubilación, al contrario sigue preparándose en su área para seguir enseñando. Si volviera el tiempo atrás, nos dice sin titubear, sin duda volvería a ejercer esta profesión: “Sí, sería otra vez maestra; por las experiencias que dejan los niños que son muy gratas; no cambiaría mi carrera por nada”.