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Raúl Talamantes, la vida detrás del “animal escénico” xalapeño

  • Maribel Sánchez
  • en Veracruz

Xalapa, Ver.- A pesar de actualmente ser un exitoso bailarín y coreógrafo, con reconocimiento nacional e internacional, Raúl Talamantes confiesa en entrevista haber llegado tarde a la danza, pues en esta área artística, iniciarse a los 24 años es mal visto por una serie de ideas preestablecidas.
A él no le importó, porque estaba y está convencido de que todo tiene que ver con el entrenamiento y cómo te comprometes con lo que haces. Tampoco le importa desnudar su mente y su corazón y compartir que hasta antes de los 24 su vida no tenía mucho sentido.
Originario de Xalapa pero criado en Coahuila, Raúl recuerda que su adolescencia la pasó metido en pandillas, alcohol y drogas, hasta que sus padres, preocupados por el medio en el que veían inmersos a sus hijos —Raúl tiene dos hermanos—, decidieron volver a tierras veracruzanas.

“Las cosas no cambiaron mucho pero lo que sí hubo fue un contacto con el teatro, porque más obligado que por gusto personal me llevaron con Carlos Romano y Miguel Ángel Pimentel a clases de teatro. Tenía entonces 19 años y no, no dejaba ni el alcohol ni las drogas y no había historia romántica del enamoramiento del teatro o el arte”.
Tras un tiempo, acude como aprendiz de serigrafía al Patio Muñoz, invitado por Miguel Ángel Pimentel, director de teatro que para cuando Raúl cumple los 21 años le consigue una beca para ingresar a una academia de danza.
“¿Danza? ¿Yo? Eso no es para mí. Tenía muchos prejuicios pero fui. Llegué a la Academia Nandehui y conocí a Nicky Blanco, una muy buena maestra con la que hice barra al piso. Luego tomé otras clases, que me llevaron a la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana. Para entonces —hace unos 21 años— era visto como una persona muy rara. Tenía tatuajes, pearcing, estaba rapado con tatuaje en el cráneo. Mi imagen era muy fuerte para la escuela”.
A pesar del contexto y ya consciente de su gusto por la danza, Raúl toma una decisión arriesgada: acepta una beca para unos cursos en la Ciudad de México con Nancy Topf, una de las iniciadoras de la técnica release, y con los coreógrafos Bárbara Mahler y Jeremy Nelson. Sabía, porque así se lo habían advertido en la Universidad, que se iba bajo su propio riesgo, porque no habría consideraciones para que aprobara el semestre.
Hasta ahora, no se arrepiente de lo que hizo. Perdió su oportunidad de estar en la UV, donde le dijeron que no tenía futuro, pero a cambio tuvo otra perspectiva de la danza. No se centró en Graham y Ballet, vio lo que estaba en boga y se dio cuenta que eso era lo que le atraía.
“No estoy en contra de la técnica pero la Universidad cumple con la función que tiene que cumplir: darte tu clase Graham, que es una técnica formativa, y tu clase de Ballet diaria, y es algo que tienes que aprovechar, Si quieres algo más lo tienes que buscar. A veces somos muy dados a decir que no nos dan lo que necesitamos, pero en mi caso, no creo que no me hayan dado lo que necesitaba, más bien, no nos encontramos y me fui por otra vertiente de la danza”.
A su regreso de la Ciudad de México, por invitación, Raúl se integra al trabajo que estaban haciendo Lydia y Rosa Romero y Laura Bravo, en el puerto de Veracruz. Con ellas estuvo dos años y luego, con Jorge Domínguez es cuando considera que inicia su verdadero camino en la danza, pues llegó a dar aproximadamente 150 funciones anuales, al lado de Maribel Delgado, Shirai Meseguer, Silvia Salazar, Margarita González, Emir Meza y Elías Ajit.

El arte es transformador

“Si yo no hubiese empezado a bailar, no creo que en este momento estuviese vivo. Era muy belicoso, buscaba mucha bronca, además de lo que consumía. En un medio así, en cualquier momento llega alguien más fuerte que acaba contigo… Hoy puedo afirmar que la danza fue la tablita que me salvó de seguir por ese camino. La danza me dio en el momento justo otra perspectiva. Dejé de ver las cosas desde lo que la sociedad dicta y me volví más crítico. Hice una revisión, porque no puedes levantar la voz arriba de un escenario si no haces una reflexión de tu entorno y de ti mismo. Te quitas prejuicios. Como el hecho tan simple de que puedes ser un hombre heterosexual y llegar a tu parte sensible sin ser satanizado”.
Hoy, la hoja curricular de Raúl Talamantes incluye el haber sido miembro fundador de Aleph Teatro Kinesico, artista residente del Teatro del IMSS Tijuana, haber participado en titulaciones de egresados de la Universidad Veracruzana, ser becario para estudiar en Stage Carpentry, en The Banff Centre, lugar donde conoció a la Red Sky Performance, con dirección de Sandra Laronde, y con la cual realizó giras en Canadá y Asia, y participó en la Olimpiada Cultural 2008 en Beijing y Vancouver 2010.
Talamantes ha bailado en el World Expo Shanghái y en el State Theatre of Opera & Ballet de Ulaanbaatar, Mongolia, así como en el National Centre for the Performing Arts en Beijing. Fue parte de la compañía Cuatro x Cuatro, Arte Escénico Contemporáneo, y de la compañía Black Grace, de Neil Ieremia, en Nueva Zelanda. Ha efectuado una labor social en reclusorios, porque la parte social es algo de lo que más le interesa. Más recientemente ha estado en Suiza, Holanda y en diciembre pasado representó a México en el Festival Vortex de Francia, donde ofreció seis funciones de su solo In Corpus.

Animal escénico

Además de bailarín y coreógrafo, ha dado talleres de capoeira, danza contemporánea y rapel en diferentes estados de la República Mexicana. Y difunde su taller/laboratorio de movimiento Animal escénico, con el que utiliza diferentes técnicas dancísticas postmodernas y de artes marciales para incrementar la condición física de los participantes, esto por medio de ejercicios de artes marciales mixtas enfocadas en el desarrollo de la potencia en extremidades y centro, así como también en el desarrollo de la percepción espacial por medio del juego.
Raúl Talamantes, el animal escénico xalapeño, aboga por la animalidad “en estar en el presente, en el uso del primer impulso, en la intuición de generar estrategias en lo común para cumplir con ciertas tareas”.
Concluye que la escena es su forma de vida y que no se visualiza haciendo otra cosa: “Ya sólo me veo bailando o en la escena, porque tengo el otro lado de lo técnico. Soy tramoyista. Y como soy nómada, continúo mi movimiento. Ahora planeo iniciar una nueva aventura con Contra Cuerpo, Laboratorio Escénico de Jorge Domínguez”.
(Texto acompañado de fotografías de Eduardo Olmedo Zamudio, Alfredo Ayala y de los archivos de Indigenous Dance Residency y Red Sky Performance).