/ miércoles 15 de enero de 2020

Con el Insabi, prohibido enfermarse

Uno de los muchos programas transexenales exitosos era el Seguro Popular. Cerca de 45 millones de mexicanos, desafortunadamente, no son derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del ISSSTE o de Petróleos Mexicanos (Pemex), por lo que encontraban en éste una solución a sus problemas de salud.

De acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud, cada año 3.7 millones de personas en este país caen en la pobreza por cubrir los altos costos de una enfermedad. Por eso, a través de 17 años de existencia se fue fortaleciendo el Seguro Popular, al ampliarse el catálogo de padecimientos que atendía a más de 250, la gran mayoría del llamado tercer nivel, esas que cuestan muchos, muchos, miles de pesos a las familias que tienen un enfermo.

Por ejemplo, cubría Leucemia Linfoblástica Aguda en Niños y Jóvenes Menores de 18 años, el Cáncer CérvicoUterino, dotaba de tratamientos antirretrovirales de pacientes con VIH/SIDA; cuidados Intensivos Neonatales, el Síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido, prematurez, sepsis bacteriana del recién nacido y cataratas en adultos Mayores, por mencionar solo unas cuantas enfermedades.

Pero en un afán más de borrar todo aquello que fue creado por administraciones pasadas, lo desaparecieron para crear su Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), el cual tiene desquiciado al sistema de salud de norte a sur, pues carece de reglas de operación, además de que se le suma el desabasto que no han podido solucionar desde el año pasado y el despido de personal que hicieron de la red hospitalaria.

Si usted tiene la mala fortuna de enfermarse, despídase de sus muchos o pocos ahorros, pues el Insabi cobra por la hospitalización, por los medicamentos y por todos los servicios de segundo y tercer nivel, es decir, lo que requiere una operación, enfermedades que carcomen el cuerpo, pero también el bolsillo.

Desde que inició el año los medios de comunicación han evidenciado la situación que se vive en prácticamente todos los hospitales del sistema federal y, en el caso veracruzano, en los estatales. Una vez más los familiares de enfermos con cáncer salieron a las calles a protestar por la falta de medicinas y, hace unos días, la Red Mexicana de Organizaciones en Contra de la Criminalización del VIH denunció, otra vez, el desabasto de medicamentos antirretrovirales.

Ante la inexperiencia que está cobrando vida, otra vez el doble discurso: por un lado se garantiza la gratuidad de los servicios, pero cuando la gente está ahí, en el pasillo del hospital de alta especialidad, como los oncológicos, infantiles, de nutrición, etcétera, se lleva la sorpresa de que sí, sí hay que pagar.

Para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el acceso a los servicios de salud, de calidad, para todas las familias ha sido una prioridad. Urge tomemos cartas en el asunto pues, con la salud no se juega, no se experimenta, no se lucra políticamente. Insisto que, como el cangrejo, vamos para atrás. ¡Prohibido enfermarse los próximos cinco años!

Uno de los muchos programas transexenales exitosos era el Seguro Popular. Cerca de 45 millones de mexicanos, desafortunadamente, no son derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del ISSSTE o de Petróleos Mexicanos (Pemex), por lo que encontraban en éste una solución a sus problemas de salud.

De acuerdo con los datos de la Secretaría de Salud, cada año 3.7 millones de personas en este país caen en la pobreza por cubrir los altos costos de una enfermedad. Por eso, a través de 17 años de existencia se fue fortaleciendo el Seguro Popular, al ampliarse el catálogo de padecimientos que atendía a más de 250, la gran mayoría del llamado tercer nivel, esas que cuestan muchos, muchos, miles de pesos a las familias que tienen un enfermo.

Por ejemplo, cubría Leucemia Linfoblástica Aguda en Niños y Jóvenes Menores de 18 años, el Cáncer CérvicoUterino, dotaba de tratamientos antirretrovirales de pacientes con VIH/SIDA; cuidados Intensivos Neonatales, el Síndrome de dificultad respiratoria del recién nacido, prematurez, sepsis bacteriana del recién nacido y cataratas en adultos Mayores, por mencionar solo unas cuantas enfermedades.

Pero en un afán más de borrar todo aquello que fue creado por administraciones pasadas, lo desaparecieron para crear su Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI), el cual tiene desquiciado al sistema de salud de norte a sur, pues carece de reglas de operación, además de que se le suma el desabasto que no han podido solucionar desde el año pasado y el despido de personal que hicieron de la red hospitalaria.

Si usted tiene la mala fortuna de enfermarse, despídase de sus muchos o pocos ahorros, pues el Insabi cobra por la hospitalización, por los medicamentos y por todos los servicios de segundo y tercer nivel, es decir, lo que requiere una operación, enfermedades que carcomen el cuerpo, pero también el bolsillo.

Desde que inició el año los medios de comunicación han evidenciado la situación que se vive en prácticamente todos los hospitales del sistema federal y, en el caso veracruzano, en los estatales. Una vez más los familiares de enfermos con cáncer salieron a las calles a protestar por la falta de medicinas y, hace unos días, la Red Mexicana de Organizaciones en Contra de la Criminalización del VIH denunció, otra vez, el desabasto de medicamentos antirretrovirales.

Ante la inexperiencia que está cobrando vida, otra vez el doble discurso: por un lado se garantiza la gratuidad de los servicios, pero cuando la gente está ahí, en el pasillo del hospital de alta especialidad, como los oncológicos, infantiles, de nutrición, etcétera, se lleva la sorpresa de que sí, sí hay que pagar.

Para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el acceso a los servicios de salud, de calidad, para todas las familias ha sido una prioridad. Urge tomemos cartas en el asunto pues, con la salud no se juega, no se experimenta, no se lucra políticamente. Insisto que, como el cangrejo, vamos para atrás. ¡Prohibido enfermarse los próximos cinco años!