/ martes 11 de agosto de 2020

Esperanza

Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad, advierte Sabina. Así estamos. Lastimados. Heridos. Con miedo.

El cerco se estrecha. La muerte nos muerde cada vez más cerca. En conocidos. En amigos. En gente que parte antes de lo esperado. La enfermedad se los lleva así, sin aviso.

Estamos en un túnel. En un abismo. En una oscuridad. En la penumbra que no avizora salida.

Será una larga espera sólo sostenible por la esperanza.

Que venza la vida. Que la ciencia se levante con una vacuna, un tratamiento, un diagnóstico oportuno que impida que este virus devore la vida de otros que amamos.

O la nuestra.

Vencerá, sin duda. No pronto ni fácil.

Y entonces, aunque nada vuelva a ser igual, en lo que importa, lo será.

Nos abrazaremos. Volveremos a encontrarnos. Volveremos a sentir la mano del otro.

La sonrisa no cambiará. Ni el amor. Ni la bondad. Ni el latido.

Y la verdad no usará cubrebocas, ni los besos y el único termómetro será el de nuestra pasión por la vida.

Y rebrotará el amor y la primavera y las flores.

Todo pasará, algún día.

Hay que refugiarnos en los próximos, en la vastedad de la memoria, en los viejos acordes y las páginas amadas.

Y vencer con esperanza a la pandemia de tristeza que asuela a la humanidad.

@fvazquezrig

Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad, advierte Sabina. Así estamos. Lastimados. Heridos. Con miedo.

El cerco se estrecha. La muerte nos muerde cada vez más cerca. En conocidos. En amigos. En gente que parte antes de lo esperado. La enfermedad se los lleva así, sin aviso.

Estamos en un túnel. En un abismo. En una oscuridad. En la penumbra que no avizora salida.

Será una larga espera sólo sostenible por la esperanza.

Que venza la vida. Que la ciencia se levante con una vacuna, un tratamiento, un diagnóstico oportuno que impida que este virus devore la vida de otros que amamos.

O la nuestra.

Vencerá, sin duda. No pronto ni fácil.

Y entonces, aunque nada vuelva a ser igual, en lo que importa, lo será.

Nos abrazaremos. Volveremos a encontrarnos. Volveremos a sentir la mano del otro.

La sonrisa no cambiará. Ni el amor. Ni la bondad. Ni el latido.

Y la verdad no usará cubrebocas, ni los besos y el único termómetro será el de nuestra pasión por la vida.

Y rebrotará el amor y la primavera y las flores.

Todo pasará, algún día.

Hay que refugiarnos en los próximos, en la vastedad de la memoria, en los viejos acordes y las páginas amadas.

Y vencer con esperanza a la pandemia de tristeza que asuela a la humanidad.

@fvazquezrig

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