/ domingo 13 de septiembre de 2020

Tres muertes lamentables

La semana pasada, tres noticias lamentables se registraron en Veracruz, las muertes, en diferentes circunstancias, de los periodistas Álvaro Belín Andrade y Julio Valdivia, y del doctor Bricio Rincón Aguilar, internista y cardiólogo.

Julio Valdivia era un periodista que cubría información policiaca en la zona centro de Veracruz; fue asesinado en Tezonapa; el hecho conmocionó a la prensa, dado que se trata de un eslabón más en una larga cadena de agresiones contra comunicadores veracruzanos.

En los últimos 15 años, entre 2005 y 2020, se han registrado 29 homicidios contra periodistas. Los casos más recientes son los de Julio Valdivia y María Elena Ferral, victimada en Papantla.

Ojalá la Fiscalía General del Estado haga bien su trabajo, detenga al o los responsables y evite que en este, como en muchos otros casos, prevalezca la impunidad.

La segunda de las tres muertes no ocurrió de forma violenta, sangrienta, pero es igualmente trágica; Álvaro Belín Andrade era un excelente periodista veracruzano, columnista de diferentes medios, y sobre todo, extraordinario amigo.

Nacido en la comunidad de Galvarino Barria, hoy municipio de San Rafael, trabajó en medios como El Sol Veracruzano y fue jefe de prensa de la Universidad Veracruzana. Era un hombre lúcido y una pluma respetada por su capacidad de análisis.

Al momento de su fallecimiento, Álvaro colaboraba en Formato 7, medio digital que encabeza Manuel Rosete Chávez.

Dueño de una prosa impecable, pulcro en su trabajo, Belín Andrade era muy apreciado por los periodistas que tuvimos la suerte de conocerle. Al igual que la de Julio Valdivia, la muerte de Álvaro fue una dolorosa y lamentable noticia para la prensa veracruzana.

Una hora antes del deceso de Álvaro Belín, el jueves pasado perdió una larga batalla contra el Covid-19 el apreciable doctor Bricio Rincón Aguilar.

Era un médico internista y cardiólogo que brindó un servicio invaluable a su natal Martínez de la Torre.

Por años, décadas, el consultorio ubicado en la céntrica calle José María Morelos de ese municipio estaba abierto para todos, sin importar si el enfermo tenía o no los medios para cubrir su consulta e incluso su tratamiento. El doctor Bricio, como se le conocía en Martínez, atendía a todos por igual; a las personas pobres, a quienes se encontraban en condiciones de vulnerabilidad, el médico no cobraba sus servicios y muchas veces proporcionaba también los medicamentos.

Era un ejemplo por su sentido de responsabilidad social y solidaridad hacia las personas de escasos recursos.

La semana pasada, tres noticias lamentables se registraron en Veracruz, las muertes, en diferentes circunstancias, de los periodistas Álvaro Belín Andrade y Julio Valdivia, y del doctor Bricio Rincón Aguilar, internista y cardiólogo.

Julio Valdivia era un periodista que cubría información policiaca en la zona centro de Veracruz; fue asesinado en Tezonapa; el hecho conmocionó a la prensa, dado que se trata de un eslabón más en una larga cadena de agresiones contra comunicadores veracruzanos.

En los últimos 15 años, entre 2005 y 2020, se han registrado 29 homicidios contra periodistas. Los casos más recientes son los de Julio Valdivia y María Elena Ferral, victimada en Papantla.

Ojalá la Fiscalía General del Estado haga bien su trabajo, detenga al o los responsables y evite que en este, como en muchos otros casos, prevalezca la impunidad.

La segunda de las tres muertes no ocurrió de forma violenta, sangrienta, pero es igualmente trágica; Álvaro Belín Andrade era un excelente periodista veracruzano, columnista de diferentes medios, y sobre todo, extraordinario amigo.

Nacido en la comunidad de Galvarino Barria, hoy municipio de San Rafael, trabajó en medios como El Sol Veracruzano y fue jefe de prensa de la Universidad Veracruzana. Era un hombre lúcido y una pluma respetada por su capacidad de análisis.

Al momento de su fallecimiento, Álvaro colaboraba en Formato 7, medio digital que encabeza Manuel Rosete Chávez.

Dueño de una prosa impecable, pulcro en su trabajo, Belín Andrade era muy apreciado por los periodistas que tuvimos la suerte de conocerle. Al igual que la de Julio Valdivia, la muerte de Álvaro fue una dolorosa y lamentable noticia para la prensa veracruzana.

Una hora antes del deceso de Álvaro Belín, el jueves pasado perdió una larga batalla contra el Covid-19 el apreciable doctor Bricio Rincón Aguilar.

Era un médico internista y cardiólogo que brindó un servicio invaluable a su natal Martínez de la Torre.

Por años, décadas, el consultorio ubicado en la céntrica calle José María Morelos de ese municipio estaba abierto para todos, sin importar si el enfermo tenía o no los medios para cubrir su consulta e incluso su tratamiento. El doctor Bricio, como se le conocía en Martínez, atendía a todos por igual; a las personas pobres, a quienes se encontraban en condiciones de vulnerabilidad, el médico no cobraba sus servicios y muchas veces proporcionaba también los medicamentos.

Era un ejemplo por su sentido de responsabilidad social y solidaridad hacia las personas de escasos recursos.

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