/ viernes 14 de septiembre de 2018

Esoterismo / Justicia divina

Hay quienes afirman que después de la muerte no existe nada y todo termina

Considero que estos conceptos son utilizados por gente que prefiere vivir en la ignorancia, creyendo de esta manera librarse de las leyes emanadas del cosmos. Como es arriba es abajo, dijo Hermes Trismegisto en el antiguo Egipto. En este mundo hay tribunales donde los jueces actúan; palacios de justicia en los que los magistrados cuidan que las leyes se cumplan. Y por las calles policías que velan por el orden y buena conducta del pueblo.

Lo mismo sucede en los planos cósmicos, conocidos como “cielo”, donde habitan seres divinos que actúan bajo la voluntad de Dios, aplicando la ley divina, lo que no significa que sean “alcahuetes” y se traguen las triquiñuelas de las personas que al verse acorraladas o al borde de la muerte, fingen arrepentimiento, creyendo que cuando le ponen los “santos óleos” sus delitos ya están perdonados, porque según la religión católica, con la sangre que Cristo derramó, los pecados del mundo fueron perdonados. ¡Qué bonita fábula! La Biblia está escrita en parábolas, lo cual es una narración fingida que encierra un sentido moral.

Si fuera correcta esta interpretación, todo el mundo se burlaría de la justicia divina, y luego borrón y cuenta nueva. Ah, qué hermoso es pensar como lo hace el católico convenenciero, que expresa arrepentimiento cuando le conviene, y al poco tiempo está realizando las peores atrocidades.

Afortunadamente nadie escapa de la justicia divina que en ningún momento castiga, porque cada quien finca su propio destino en base a sus acciones. Si fuera cierto que con los santos óleos y el fingido arrepentimiento los pecados son perdonados, sería como cometer los peores delitos en nuestro plano físico, llega la autoridad competente, y con lágrimas en los ojos externamos arrepentimiento. Y que la autoridad sencillamente nos absuelva del delito cometido. Quien la hace la paga. Y en nuestro mundo la ley se vende al mejor postor. Y quienes actúan con premeditación, alevosía y ventaja, cuando tengan que pagar, lo harán de muchas maneras, pagando cuando más vulnerables estén, en la vejez, enfermedad y soledad.


Considero que estos conceptos son utilizados por gente que prefiere vivir en la ignorancia, creyendo de esta manera librarse de las leyes emanadas del cosmos. Como es arriba es abajo, dijo Hermes Trismegisto en el antiguo Egipto. En este mundo hay tribunales donde los jueces actúan; palacios de justicia en los que los magistrados cuidan que las leyes se cumplan. Y por las calles policías que velan por el orden y buena conducta del pueblo.

Lo mismo sucede en los planos cósmicos, conocidos como “cielo”, donde habitan seres divinos que actúan bajo la voluntad de Dios, aplicando la ley divina, lo que no significa que sean “alcahuetes” y se traguen las triquiñuelas de las personas que al verse acorraladas o al borde de la muerte, fingen arrepentimiento, creyendo que cuando le ponen los “santos óleos” sus delitos ya están perdonados, porque según la religión católica, con la sangre que Cristo derramó, los pecados del mundo fueron perdonados. ¡Qué bonita fábula! La Biblia está escrita en parábolas, lo cual es una narración fingida que encierra un sentido moral.

Si fuera correcta esta interpretación, todo el mundo se burlaría de la justicia divina, y luego borrón y cuenta nueva. Ah, qué hermoso es pensar como lo hace el católico convenenciero, que expresa arrepentimiento cuando le conviene, y al poco tiempo está realizando las peores atrocidades.

Afortunadamente nadie escapa de la justicia divina que en ningún momento castiga, porque cada quien finca su propio destino en base a sus acciones. Si fuera cierto que con los santos óleos y el fingido arrepentimiento los pecados son perdonados, sería como cometer los peores delitos en nuestro plano físico, llega la autoridad competente, y con lágrimas en los ojos externamos arrepentimiento. Y que la autoridad sencillamente nos absuelva del delito cometido. Quien la hace la paga. Y en nuestro mundo la ley se vende al mejor postor. Y quienes actúan con premeditación, alevosía y ventaja, cuando tengan que pagar, lo harán de muchas maneras, pagando cuando más vulnerables estén, en la vejez, enfermedad y soledad.


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