/ viernes 18 de mayo de 2018

Paolo Rossi, de “fantasma” a leyenda

El despertar le valió acumular seis goles para convertirse en el campeón de goleo del Mundial, Balón y Bota de Oro

Paolo Rossi, señalado en un añejo lío de apuestas que lo marginó de las canchas, lavó su imagen gracias a un partido de Copa del Mundo, mismo que le permitió alcanzar la gloria, hasta situar su estrella entre los héroes de todos los tiempos.

La memoria se remonta a 16 años en el tiempo. En la naciente década de los años 80 se disputó, en España, uno de los Mundiales más recordados, gracias a su colorido, magia y drama. El certamen ibérico se formó mediante un sistema de seis grupos de cuatro selecciones cada uno, en los que clasificaban dos por sector. Italia quedó integrada en el primero de ellos, junto a Polonia, Camerún y Perú. Por increíble que parezca, el cuadro azzurro empató los tres encuentros: 0-0 frente a los polacos y sendos 1-1 ante africanos y sudamericanos. En esa etapa, Rossi no anotó. El boleto se dio de “panzazo”, por mejor diferencia de goles de los europeos en relación con los cameruneses.

Para la segunda etapa se formaron cuatro grupos de tres equipos cada uno. Los ganadores avanzarían a semifinales. Los italianos quedaron en el tercer sector, al lado del favorito Brasil –que llegaba con marca perfecta y la friolera de 10 goles- y la Argentina campeona del mundo, con Diego Armando Maradona en su primera justa mundialista.

Italia batalló para vencer a la albiceleste. Marco Tardelli y Antonio Cabrini decretaron el ajustado éxito de 2-1 sobre los sudamericanos, que reaccionaron con gol de Daniel Passarella.

En el segundo partido del sector, Brasil eliminaría a Argentina.

Debido a los resultados preliminares, a los amazónicos les bastaba igualar ante los italianos para asegurar boleto a la ronda semifinal. Mas ese día, Paolo Rossi jugó el partido de su vida, el del Mundial. El hoy desaparecido estadio Sarriá, en Barcelona, fue el escenario de la épica batalla. El 5 de julio de 1982 se disputó el partido más recordado en la historia para la squadra azzurra.

Brasil, con cuatro victorias a cuestas en mismo número de encuentros, 13 goles a favor y sólo tres en contra, enfrentaba a la decepcionante versión italiana. Cuatro años atrás, Paolo Rossi había sido una de las promesas de su selección: tres goles suyos habían minado a Francia, Hungría y Austria. En el lejano 1978 se tuvieron que conformar con el cuarto sitio, tras caer en el duelo por el tercer lugar justo contra Brasil.

En el camino a España 1982, Rossi había sido inhabilitado por el escándalo Totonero, en 1979. Quedó marcado en una trama de corrupción entre apostadores, lo que le costó quedar fuera de toda actividad por un lapso de dos años. Enzo Bearzot insistió en convocarlo, a pesar del oscuro antecedente.

Su nulo aporte en la justa ibérica provocó el “bombardeo” de la prensa italiana, que lo había rebautizado como “fantasma”, debido a su nulo aporte goleador hasta ese instante. En ceros, en la recta final del torneo y ante el poderoso Brasil, Rossi ofreció la actuación de su vida, que le valió la inmortalidad.

Efectivo, letal, contrario a la ineficacia exhibida en las anteriores actuaciones, Rossi sacudió las redes amazónicas en los albores de la contienda, sobre el minuto 5. Sócrates reaccionó y de inmediato igualó la batalla (12’), mas el propio Paolo devolvería la ventaja a su país, a los 25’ de acción. En el complemento, y luego de un dominio abrumador, Brasil igualó 2-2 vía Falcao (68’). El resultado parcial significaba el boleto para los amazónicos a semifinales. De nada le habría valido frente a la crítica aquel tardío doblete, si su equipo quedaba eliminado. Pero ante la sorpresa del planeta entero, Rossi liquidó al gigante mediante otro certero remate, al 74’. ¡Triplete y a Brasil! La sorpresa del Mundial detonó aquel día en el Sarriá.

Ya en semifinales, Paolo Rossi volvió a marcar diferencia. Doblete sobre Polonia y el pase a la gran final, donde marcó el primero sobre Alemania, a la que Italia dominó 3-1.

El despertar le valió acumular seis goles para convertirse en el campeón de goleo del Mundial. Balón y Bota de Oro se agenció el renovado ídolo, además de levantar la Copa del Mundo.

El trofeo y la gloria le valieron redimirse a él y a todos los involucrados en el escándalo Totonero. Cuatro años más tarde, una lesión lo marginó de México 1986. Pero camino a esa competencia, Paolo Rossi todavía se daría gusto de aportar un triplete en el 5-0 sobre México, en un amistoso celebrado en febrero de 1984.

Paolo Rossi, señalado en un añejo lío de apuestas que lo marginó de las canchas, lavó su imagen gracias a un partido de Copa del Mundo, mismo que le permitió alcanzar la gloria, hasta situar su estrella entre los héroes de todos los tiempos.

La memoria se remonta a 16 años en el tiempo. En la naciente década de los años 80 se disputó, en España, uno de los Mundiales más recordados, gracias a su colorido, magia y drama. El certamen ibérico se formó mediante un sistema de seis grupos de cuatro selecciones cada uno, en los que clasificaban dos por sector. Italia quedó integrada en el primero de ellos, junto a Polonia, Camerún y Perú. Por increíble que parezca, el cuadro azzurro empató los tres encuentros: 0-0 frente a los polacos y sendos 1-1 ante africanos y sudamericanos. En esa etapa, Rossi no anotó. El boleto se dio de “panzazo”, por mejor diferencia de goles de los europeos en relación con los cameruneses.

Para la segunda etapa se formaron cuatro grupos de tres equipos cada uno. Los ganadores avanzarían a semifinales. Los italianos quedaron en el tercer sector, al lado del favorito Brasil –que llegaba con marca perfecta y la friolera de 10 goles- y la Argentina campeona del mundo, con Diego Armando Maradona en su primera justa mundialista.

Italia batalló para vencer a la albiceleste. Marco Tardelli y Antonio Cabrini decretaron el ajustado éxito de 2-1 sobre los sudamericanos, que reaccionaron con gol de Daniel Passarella.

En el segundo partido del sector, Brasil eliminaría a Argentina.

Debido a los resultados preliminares, a los amazónicos les bastaba igualar ante los italianos para asegurar boleto a la ronda semifinal. Mas ese día, Paolo Rossi jugó el partido de su vida, el del Mundial. El hoy desaparecido estadio Sarriá, en Barcelona, fue el escenario de la épica batalla. El 5 de julio de 1982 se disputó el partido más recordado en la historia para la squadra azzurra.

Brasil, con cuatro victorias a cuestas en mismo número de encuentros, 13 goles a favor y sólo tres en contra, enfrentaba a la decepcionante versión italiana. Cuatro años atrás, Paolo Rossi había sido una de las promesas de su selección: tres goles suyos habían minado a Francia, Hungría y Austria. En el lejano 1978 se tuvieron que conformar con el cuarto sitio, tras caer en el duelo por el tercer lugar justo contra Brasil.

En el camino a España 1982, Rossi había sido inhabilitado por el escándalo Totonero, en 1979. Quedó marcado en una trama de corrupción entre apostadores, lo que le costó quedar fuera de toda actividad por un lapso de dos años. Enzo Bearzot insistió en convocarlo, a pesar del oscuro antecedente.

Su nulo aporte en la justa ibérica provocó el “bombardeo” de la prensa italiana, que lo había rebautizado como “fantasma”, debido a su nulo aporte goleador hasta ese instante. En ceros, en la recta final del torneo y ante el poderoso Brasil, Rossi ofreció la actuación de su vida, que le valió la inmortalidad.

Efectivo, letal, contrario a la ineficacia exhibida en las anteriores actuaciones, Rossi sacudió las redes amazónicas en los albores de la contienda, sobre el minuto 5. Sócrates reaccionó y de inmediato igualó la batalla (12’), mas el propio Paolo devolvería la ventaja a su país, a los 25’ de acción. En el complemento, y luego de un dominio abrumador, Brasil igualó 2-2 vía Falcao (68’). El resultado parcial significaba el boleto para los amazónicos a semifinales. De nada le habría valido frente a la crítica aquel tardío doblete, si su equipo quedaba eliminado. Pero ante la sorpresa del planeta entero, Rossi liquidó al gigante mediante otro certero remate, al 74’. ¡Triplete y a Brasil! La sorpresa del Mundial detonó aquel día en el Sarriá.

Ya en semifinales, Paolo Rossi volvió a marcar diferencia. Doblete sobre Polonia y el pase a la gran final, donde marcó el primero sobre Alemania, a la que Italia dominó 3-1.

El despertar le valió acumular seis goles para convertirse en el campeón de goleo del Mundial. Balón y Bota de Oro se agenció el renovado ídolo, además de levantar la Copa del Mundo.

El trofeo y la gloria le valieron redimirse a él y a todos los involucrados en el escándalo Totonero. Cuatro años más tarde, una lesión lo marginó de México 1986. Pero camino a esa competencia, Paolo Rossi todavía se daría gusto de aportar un triplete en el 5-0 sobre México, en un amistoso celebrado en febrero de 1984.

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