/ domingo 14 de marzo de 2021

Narraciones: Nació pintor y músico, aunque sea albañil

En esta entrega Miguel Valera nos cuenta sobre un albañil, Mauricio Salamanca Aguilar oriundo de Chichicaxtle y con un gran talento

Mauricio Salamanca Aguilar no recuerda haber escuchado al argentino Andrés Calamaro interpretar “Loco”, esa canción que publicó en el álbum Alta Suciedad allá por 1997. Así me lo confirma mientras me ve sonriente, con una mirada profunda que destaca sobre sus cejas negras, su cabello blanco, cubierto por el sombrero de palma que utiliza para protegerse del sol, que en Chichicaxtle alcanza una temperatura de 30 a 40 grados centígrados.

Le tarareo la pieza: “Yo soy un loco, que se dio cuenta, que el tiempo es muy poco” y vuelve a sonreír, porque justamente así me ha definido su vida en este momento. Nació pintor y músico, pero ha sido albañil toda su vida. Cuando empezó a pintar canas se dio cuenta que había perdido mucho tiempo y desde lo profundo de su ser, ha sentido la necesidad de pintar, de volar, de liberarse, porque para él eso significa el arte.

En Chichicaxtle, Veracruz, una localidad del municipio de Puente Nacional, ubicada a 75 kilómetros de Xalapa, que se quedó como en un triángulo de las Bermudas, luego de la construcción de la autopista Xalapa-Veracruz, con la vía del ferrocarril por un lado y el río Huitzilapan, por el otro, Mauricio me cuenta de sus motivaciones existenciales y de cómo, vestido de albañil, porque a eso se ha dedicado toda su vida, de pronto, toma el traje de artista para pintar murales o dar talleres a niñas y niños de la región.

II

La verdad quisiera que los días fueran más grandes. Quisiera que hubiera más horas luz. Me he dado cuenta de que tengo mucha obra por hacer”. Ha querido dejar de construir, pero la gente lo busca. “No he podido, pero además tengo la necesidad de pintar, de sacar todo lo que está comprimido adentro”, me comenta mientras pone sus manos en el pecho.

“Eso es para mí la pintura, una oportunidad de volar, de salir”, refiriendo, quizá sin querer, la raíz latina de “exsistere”, “existir”, esta fuera, más allá de la vida, en la conciencia y en el papel que nos toca como seres humanos en esta fiesta del mundo. “Todo está perfecto. Dios no se equivoca. Nosotros tenemos que sabernos acomodarnos al tiempo”, señala el loco de Chichicaxtle, que sabe que el tiempo es muy poco, como señala la canción de Calamaro.

III

A Mauricio Salamanca Aguilar me lo presenta el presidente municipal Fabián Sartorius Domínguez, el gobernante cuyos abuelos llegaron en el mismo barco que el viajero alemán Johan Moritz Rugendas, el artista que llevó maravillosos cuadros del Puente Nacional a Europa. En el salón del campesino de Chichicaxtle, luego de saborear una rica barbacoa de res, que los pobladores cocinaron para agradecer la entrega de 120 escrituras de propiedades regularizadas, Mauricio explica el mural que hizo para este pueblo cañero.

Este hombre nació con este gran talento”, apunta Fabián Sartorius. Salamanca asienta. Cree que también lo heredó de su abuelo, quien fue buen músico y pintor. Desde niño, añade, empezó a ganar concursos por aquí y por allá, sin embargo, escondió ese talento y siguió con la construcción. “También me puse a trabajar en la música. Se va a oír mal pero perdí un poco de tiempo en la música, me olvidé de muchas cosas, cuando ya los años me sorprendieron, cuando empecé a pintar canas, me di cuenta de que yo tenía olvidado lo que era la pintura y empecé a sacar esto que llevo dentro”, reitera.

IV

Actualmente, además del trabajo de albañilería, Salamanca da clases en El Farallón, en Barra de Chachalacas, en la casa de la cultura de Cardel, en Actopan y en Chichicaxtle. Tiene unos 70 alumnos. El alcalde Fabián Sartorius Domínguez, a través de un subsidio público, es quien mejor lo ha apoyado en su desarrollo y proyección artística. Sus murales son reconocidos en toda la región.

Soy autodidacta, me he ido nutriendo, he tomado cursos y me he acercado a las personas indicadas. En los talleres no les digo vengan, les voy a enseñar. No, les digo que vamos a compartir, a aprender juntos, porque así es como yo trabajo”.

“Un niño ve un árbol de una manera común y corriente, pero después de tomar lecciones de pintura lo ve diferente, empieza a verle forma, sombras y luces. Eso es lo bonito que tiene la pintura: a las personas las sensibiliza y dejan de ser comunes y corrientes”.

Foto: Cortesía | Miguel Valera

“De eso se trata la cultura, el arte y es lo que yo hago. Quisiera tener más tiempo, porque ahorita estoy hasta arriba pegando block, en el solazo y me da el aire y veo los árboles que están allá y veo unas palomas y me pasan por aquí y me dan hasta ganas de gritar de gusto, de lo bonito. Ahorita me regreso, me transformo, doy de vueltas como la mujer maravilla y me voy a Actopan a dar mis clases”, concluye Mauricio Salamanca Aguilar.

Luego de dos cañazos de mahuixteco me despido del alcalde Fabián Sartorius Domínguez y del pintor de Chichicaxtle, el hombre que más ha pintado el famoso Puente del Rey en Puente Nacional, el loco, como todos los artistas, que se dio cuenta, que el tiempo es muy poco.

Mauricio Salamanca Aguilar no recuerda haber escuchado al argentino Andrés Calamaro interpretar “Loco”, esa canción que publicó en el álbum Alta Suciedad allá por 1997. Así me lo confirma mientras me ve sonriente, con una mirada profunda que destaca sobre sus cejas negras, su cabello blanco, cubierto por el sombrero de palma que utiliza para protegerse del sol, que en Chichicaxtle alcanza una temperatura de 30 a 40 grados centígrados.

Le tarareo la pieza: “Yo soy un loco, que se dio cuenta, que el tiempo es muy poco” y vuelve a sonreír, porque justamente así me ha definido su vida en este momento. Nació pintor y músico, pero ha sido albañil toda su vida. Cuando empezó a pintar canas se dio cuenta que había perdido mucho tiempo y desde lo profundo de su ser, ha sentido la necesidad de pintar, de volar, de liberarse, porque para él eso significa el arte.

En Chichicaxtle, Veracruz, una localidad del municipio de Puente Nacional, ubicada a 75 kilómetros de Xalapa, que se quedó como en un triángulo de las Bermudas, luego de la construcción de la autopista Xalapa-Veracruz, con la vía del ferrocarril por un lado y el río Huitzilapan, por el otro, Mauricio me cuenta de sus motivaciones existenciales y de cómo, vestido de albañil, porque a eso se ha dedicado toda su vida, de pronto, toma el traje de artista para pintar murales o dar talleres a niñas y niños de la región.

II

La verdad quisiera que los días fueran más grandes. Quisiera que hubiera más horas luz. Me he dado cuenta de que tengo mucha obra por hacer”. Ha querido dejar de construir, pero la gente lo busca. “No he podido, pero además tengo la necesidad de pintar, de sacar todo lo que está comprimido adentro”, me comenta mientras pone sus manos en el pecho.

“Eso es para mí la pintura, una oportunidad de volar, de salir”, refiriendo, quizá sin querer, la raíz latina de “exsistere”, “existir”, esta fuera, más allá de la vida, en la conciencia y en el papel que nos toca como seres humanos en esta fiesta del mundo. “Todo está perfecto. Dios no se equivoca. Nosotros tenemos que sabernos acomodarnos al tiempo”, señala el loco de Chichicaxtle, que sabe que el tiempo es muy poco, como señala la canción de Calamaro.

III

A Mauricio Salamanca Aguilar me lo presenta el presidente municipal Fabián Sartorius Domínguez, el gobernante cuyos abuelos llegaron en el mismo barco que el viajero alemán Johan Moritz Rugendas, el artista que llevó maravillosos cuadros del Puente Nacional a Europa. En el salón del campesino de Chichicaxtle, luego de saborear una rica barbacoa de res, que los pobladores cocinaron para agradecer la entrega de 120 escrituras de propiedades regularizadas, Mauricio explica el mural que hizo para este pueblo cañero.

Este hombre nació con este gran talento”, apunta Fabián Sartorius. Salamanca asienta. Cree que también lo heredó de su abuelo, quien fue buen músico y pintor. Desde niño, añade, empezó a ganar concursos por aquí y por allá, sin embargo, escondió ese talento y siguió con la construcción. “También me puse a trabajar en la música. Se va a oír mal pero perdí un poco de tiempo en la música, me olvidé de muchas cosas, cuando ya los años me sorprendieron, cuando empecé a pintar canas, me di cuenta de que yo tenía olvidado lo que era la pintura y empecé a sacar esto que llevo dentro”, reitera.

IV

Actualmente, además del trabajo de albañilería, Salamanca da clases en El Farallón, en Barra de Chachalacas, en la casa de la cultura de Cardel, en Actopan y en Chichicaxtle. Tiene unos 70 alumnos. El alcalde Fabián Sartorius Domínguez, a través de un subsidio público, es quien mejor lo ha apoyado en su desarrollo y proyección artística. Sus murales son reconocidos en toda la región.

Soy autodidacta, me he ido nutriendo, he tomado cursos y me he acercado a las personas indicadas. En los talleres no les digo vengan, les voy a enseñar. No, les digo que vamos a compartir, a aprender juntos, porque así es como yo trabajo”.

“Un niño ve un árbol de una manera común y corriente, pero después de tomar lecciones de pintura lo ve diferente, empieza a verle forma, sombras y luces. Eso es lo bonito que tiene la pintura: a las personas las sensibiliza y dejan de ser comunes y corrientes”.

Foto: Cortesía | Miguel Valera

“De eso se trata la cultura, el arte y es lo que yo hago. Quisiera tener más tiempo, porque ahorita estoy hasta arriba pegando block, en el solazo y me da el aire y veo los árboles que están allá y veo unas palomas y me pasan por aquí y me dan hasta ganas de gritar de gusto, de lo bonito. Ahorita me regreso, me transformo, doy de vueltas como la mujer maravilla y me voy a Actopan a dar mis clases”, concluye Mauricio Salamanca Aguilar.

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