/ lunes 12 de agosto de 2019

Don Enrique le da años a su vida

Desde hace casi tres décadas asiste al coloso xalapeño, donde realiza varias horas de ejercicio

El hombre es madrugador, se levanta desde muy temprano, diríamos que casi casi le gana al gallo.

Tras ponerse ropa deportiva acude al Cerro de Macuiltepec, su casa desde hace 30 años a la que ha asistido todos los días, sin faltar uno solo, así llueva, truene o relampaguee.

Su actividad inicia con dos clases de zumba, en la que el hombre se da vida, saborea cada paso, sabe que el tiempo es corto y lo disfruta al máximo. Eso es lo que le ha dado vida, lo que lo mantiene en pie y con buen ánimo.

Así, tras aventarse par de horas enfila hacia la pirámide del coloso xalapeño que desde lejos nos vigila, donde hasta la una de la tarde le pone fin y regresa a su hogar.

No tendría nada de extraordinario que una persona realice actividad física durante cinco horas diarias, a no ser que se tratara de una persona de 88 años de edad.

Don enrique nació con el siglo pasado, como dice la canción “con tranvía y vino tinto”, allá en su natal Distrito Federal, la otrora capital del país, donde una de sus preferencias desde los 13 años fue asistir a los salones de baile del momento.

“Me gusta el baile, es lo máximo, yo desde chiquillo iba todos los días a bailar, frecuentaba todos los sagrados recintos como el Salón Los Ángeles, el California Group o el Gran Forum, y todavía cuando voy asisto a San Cosme”, dijo.

Don Enrique nos comentó sobre esa fortaleza que posee y que lo mantiene activo como un joven: “Hacer lo de siempre, mucho ejercicio; estoy jubilado y desde hace 30 años que me retiré me dediqué a venir al Cerro todos los días gracias a Dios que me da la fuerza para venir diariamente”.

No es un improvisado porque desde chamaco se adentró en varios deportes: “yo la mera verdad he hecho ejercicio toda mi vida, desde niño practiqué muchos deportes como beisbol, natación y karate, incluso aquí obtuvo algunas cintas durante los cinco años que lo entrené”.

Para cerrar la actividad, don Enrique utiliza durante tres horas los aparatos que están en la cima del Cerro, y orgulloso nos dice: “antes subía corriendo hasta la punta del Cerro, hoy nada más troto, pues ya con las dos horas de zumba que son de 8 a 9 y de 9 a 10 y las tres horas en la cima son suficientes, y déjame decirte que cierro con 500 o 600 abdominales, y eso es ¡a diario!, dijo un emocionado deportista que gracias al ejercicio se ha mantenido activo por tantos años.

A don Enrique hoy ese dicho de “viejos los cerros y todavía reverdecen” le queda a la perfección, sin embargo, reconoce que un día deberá irse, como se dice comúnmente colgar los tenis, porque al final de cuentas es ley de la vida, pero mientras tanto se da gusto bailando, haciendo lo que le satisface, le llena y le fascina… y “ayayayyyyy”, por eso su alegría y estilo a la hora de ejecutar con sazón los pasitos que aplican las maestras de zumba y que contagia a muchas de sus compañeras que le hacen segunda con el mismo entusiasmo.

Por cierto, en su cumpleaños sus compañeras le organizaron un fiestón en el que el común denominador fue el buen ambiente y la camaradería, todo acompañado de su respectivo pastel.

31 de julio de 1931 es la fecha de nacimiento de don Enrique Pérez Domínguez, allá en el recordado DF.

27 años de forma continua lleva don Quique realizando su actividad física en el Cerro de Macuiltepec.

“Gracias a Dios y me permita a llegar siquiera a los 100 años”.

El hombre es madrugador, se levanta desde muy temprano, diríamos que casi casi le gana al gallo.

Tras ponerse ropa deportiva acude al Cerro de Macuiltepec, su casa desde hace 30 años a la que ha asistido todos los días, sin faltar uno solo, así llueva, truene o relampaguee.

Su actividad inicia con dos clases de zumba, en la que el hombre se da vida, saborea cada paso, sabe que el tiempo es corto y lo disfruta al máximo. Eso es lo que le ha dado vida, lo que lo mantiene en pie y con buen ánimo.

Así, tras aventarse par de horas enfila hacia la pirámide del coloso xalapeño que desde lejos nos vigila, donde hasta la una de la tarde le pone fin y regresa a su hogar.

No tendría nada de extraordinario que una persona realice actividad física durante cinco horas diarias, a no ser que se tratara de una persona de 88 años de edad.

Don enrique nació con el siglo pasado, como dice la canción “con tranvía y vino tinto”, allá en su natal Distrito Federal, la otrora capital del país, donde una de sus preferencias desde los 13 años fue asistir a los salones de baile del momento.

“Me gusta el baile, es lo máximo, yo desde chiquillo iba todos los días a bailar, frecuentaba todos los sagrados recintos como el Salón Los Ángeles, el California Group o el Gran Forum, y todavía cuando voy asisto a San Cosme”, dijo.

Don Enrique nos comentó sobre esa fortaleza que posee y que lo mantiene activo como un joven: “Hacer lo de siempre, mucho ejercicio; estoy jubilado y desde hace 30 años que me retiré me dediqué a venir al Cerro todos los días gracias a Dios que me da la fuerza para venir diariamente”.

No es un improvisado porque desde chamaco se adentró en varios deportes: “yo la mera verdad he hecho ejercicio toda mi vida, desde niño practiqué muchos deportes como beisbol, natación y karate, incluso aquí obtuvo algunas cintas durante los cinco años que lo entrené”.

Para cerrar la actividad, don Enrique utiliza durante tres horas los aparatos que están en la cima del Cerro, y orgulloso nos dice: “antes subía corriendo hasta la punta del Cerro, hoy nada más troto, pues ya con las dos horas de zumba que son de 8 a 9 y de 9 a 10 y las tres horas en la cima son suficientes, y déjame decirte que cierro con 500 o 600 abdominales, y eso es ¡a diario!, dijo un emocionado deportista que gracias al ejercicio se ha mantenido activo por tantos años.

A don Enrique hoy ese dicho de “viejos los cerros y todavía reverdecen” le queda a la perfección, sin embargo, reconoce que un día deberá irse, como se dice comúnmente colgar los tenis, porque al final de cuentas es ley de la vida, pero mientras tanto se da gusto bailando, haciendo lo que le satisface, le llena y le fascina… y “ayayayyyyy”, por eso su alegría y estilo a la hora de ejecutar con sazón los pasitos que aplican las maestras de zumba y que contagia a muchas de sus compañeras que le hacen segunda con el mismo entusiasmo.

Por cierto, en su cumpleaños sus compañeras le organizaron un fiestón en el que el común denominador fue el buen ambiente y la camaradería, todo acompañado de su respectivo pastel.

31 de julio de 1931 es la fecha de nacimiento de don Enrique Pérez Domínguez, allá en el recordado DF.

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“Gracias a Dios y me permita a llegar siquiera a los 100 años”.

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