/ miércoles 17 de agosto de 2022

Maestro de la sierra: Carencias no impiden dar la mejor educación

Se cambian "paradigmas educativos" para ofrecer mejor enseñanza a menores, dice docente

Entre carencia de infraestructura, sin internet, sin bibliotecas, sin agua o luz, en algunos casos, docentes de escuelas en la sierra enfrentan el reto de brindar educación a la juventud de comunidades indígenas, un reto que exige romper paradigmas educativos y voltear hacia la realidad y necesidades del estudiantado.

Joel Ignacio Sandoval Montes, maestro de telesecundaria en Tzacuala 1, ubicado en el municipio de Tehuipango, en la zona de la sierra de Zongolica, indica que tras la pandemia surge la necesidad de repensar la educación, su objetivo, su alcance, sobre todo en el contexto de las comunidades ubicadas en la sierra.

“No se trata de ver los obstáculos y decir ‘no se puede’, se trabaja a pesar de las condiciones y se hace con gusto. La zona 83, de hecho, se ha venido caracterizando porque el personal se encuentra con la actitud de enfrentar todas nuestras carencias”, indica.

¿Cómo se da clases a comunidades nahuahablantes?

Joel Sandoval señala que a la hora de planear las actividades del ciclo escolar toman en cuenta diversos aspectos que van más allá de lo que dicta el programa oficial.

“Se tiene que tomar en cuenta la actitud que las chicas y chicos traen respecto a la escuela, respecto los maestros, a lo que consideran que van a aprender; tomar en cuenta que muchos pasan de grado sin en realidad tener lo que se requiere para el nuevo escalón, por la misma dinámica de la comunidad donde se van para trabajar y regresan, o porque incluso hay una cierta apatía por la escuela porque no se considera prioritaria”, señala el docente.

Además, otro punto a considerar es que la zona de las Altas Montañas las comunidades son nahuahablantes: “lo hace un reto también porque la telesecundaria se convierte en un agente castellanizante, y esto nos trae una barrera de comunicación, porque ni los docentes saben náhuatl ni ellos hablan completamente el español, a eso se suma que no hay bibliotecas que les ayuden a familiarizarse con el español, por lo que el reto es trabajar con ellos y aunque hay que llevarlos a la comprensión del español porque los contenidos vienen así, respetar su idioma”, indica el docente.

Sandoval Montes considera que no se trata de ver como una obligación el que el estudiantado aprenda el español, porque debe respetarse que ellos tienen ya su lengua; la intención en acercarles el conocimiento del español porque los contenidos educativos vienen así y es algo que les servirá a futuro si desean seguir estudiando o para desenvolverse en otros espacios, lejos de su comunidad.

Opina que no se les debe enseñar el español o incluso el inglés como una obligación, sino más bien “como una capacitación, es algo que también les va a servir; yo por ejemplo en mis clases en inglés les enseño como se dice en inglés, pero ellos lo traducen al náhuatl, me enseñan y entonces aprendemos todos”, explica.

Menores enseñan náhuatl a maestro y él les da inglés | Foto: Cortesía I. Sandoval |


Agrega que el reto educativo en la sierra tiene muchas aristas, “de cosas que hay que revisar y que no se cambia de la noche a la mañana y es una desesperación que como docentes no se puede caer, pero sí podemos poco a poco ir construyendo instituciones sólidas o una labor educativa que trascienda y que vaya a ayudarnos a abonar en el quehacer y devenir de una comunidad”.

¿Por qué no leer El Quijote o Pedro Páramo?

Joel Sandoval señala que es necesario romper paradigmas educativos y pensar en lo que cada comunidad y cada escuela necesita en específico; ejemplifica que su telesecundaria no hay biblioteca, para lo cual se encuentran trabajando mediante un plan específico.

Necesitamos una biblioteca, pero no se trata de hacer una campaña y que te donen lo que sea y ya, porque hay qué ver qué te están dando, si realmente te va a servir para el nivel de los chicos, para sus intereses; si me dan el Quijote no se los voy a dar, porque no tienen las herramientas para poderlo entender; ni tampoco les voy a dar Pedro Páramo; se trata de hacer una biblioteca especializada, útil, que realmente les abone”, explica Sandoval Montes.

Al respecto agrega que se tiene que trazar un plan, una ruta y a partir de ahí poder avanzar: “no se trata de ‘ahora todos vamos a leer la Divina Comedia’, porque para acceder a ese libro necesitas tener mucho contexto: cómo fue el devenir del Renacimiento, porque Dante Alighieri habla de eso, porque se llama Comedia, con qué está jugando el autor con su narrativa; entonces no se trata de leerlo porque se supone que eso es lo importante, lo que se ‘debe’”.

Y agrega: “está bien que desde la Secretaría (la SEP) se quiera ser un país de lectores, pero cómo hacerlo; no porque un chico lea a tres clásicos ya es un lector; un lector es aquel que analiza, reflexiona y critica lo que lee; y lo compara, y toma cosas de ahí y crece; y para ello no son necesarios los clásicos, sino encaminarlos a libros adecuados a su contexto y su capacidad”.

Finalmente Joel Sandoval indica que en Tzacuala 1 hay mucho qué hacer, muchas aristas en las que se puede trabajar y que como docentes –aunque clarifica que está consciente que no todos ni tampoco todos con el mismo esfuerzo–, se encuentran con la disposición de aportar a la comunidad en la que prestan un servicio.

Entre carencia de infraestructura, sin internet, sin bibliotecas, sin agua o luz, en algunos casos, docentes de escuelas en la sierra enfrentan el reto de brindar educación a la juventud de comunidades indígenas, un reto que exige romper paradigmas educativos y voltear hacia la realidad y necesidades del estudiantado.

Joel Ignacio Sandoval Montes, maestro de telesecundaria en Tzacuala 1, ubicado en el municipio de Tehuipango, en la zona de la sierra de Zongolica, indica que tras la pandemia surge la necesidad de repensar la educación, su objetivo, su alcance, sobre todo en el contexto de las comunidades ubicadas en la sierra.

“No se trata de ver los obstáculos y decir ‘no se puede’, se trabaja a pesar de las condiciones y se hace con gusto. La zona 83, de hecho, se ha venido caracterizando porque el personal se encuentra con la actitud de enfrentar todas nuestras carencias”, indica.

¿Cómo se da clases a comunidades nahuahablantes?

Joel Sandoval señala que a la hora de planear las actividades del ciclo escolar toman en cuenta diversos aspectos que van más allá de lo que dicta el programa oficial.

“Se tiene que tomar en cuenta la actitud que las chicas y chicos traen respecto a la escuela, respecto los maestros, a lo que consideran que van a aprender; tomar en cuenta que muchos pasan de grado sin en realidad tener lo que se requiere para el nuevo escalón, por la misma dinámica de la comunidad donde se van para trabajar y regresan, o porque incluso hay una cierta apatía por la escuela porque no se considera prioritaria”, señala el docente.

Además, otro punto a considerar es que la zona de las Altas Montañas las comunidades son nahuahablantes: “lo hace un reto también porque la telesecundaria se convierte en un agente castellanizante, y esto nos trae una barrera de comunicación, porque ni los docentes saben náhuatl ni ellos hablan completamente el español, a eso se suma que no hay bibliotecas que les ayuden a familiarizarse con el español, por lo que el reto es trabajar con ellos y aunque hay que llevarlos a la comprensión del español porque los contenidos vienen así, respetar su idioma”, indica el docente.

Sandoval Montes considera que no se trata de ver como una obligación el que el estudiantado aprenda el español, porque debe respetarse que ellos tienen ya su lengua; la intención en acercarles el conocimiento del español porque los contenidos educativos vienen así y es algo que les servirá a futuro si desean seguir estudiando o para desenvolverse en otros espacios, lejos de su comunidad.

Opina que no se les debe enseñar el español o incluso el inglés como una obligación, sino más bien “como una capacitación, es algo que también les va a servir; yo por ejemplo en mis clases en inglés les enseño como se dice en inglés, pero ellos lo traducen al náhuatl, me enseñan y entonces aprendemos todos”, explica.

Menores enseñan náhuatl a maestro y él les da inglés | Foto: Cortesía I. Sandoval |


Agrega que el reto educativo en la sierra tiene muchas aristas, “de cosas que hay que revisar y que no se cambia de la noche a la mañana y es una desesperación que como docentes no se puede caer, pero sí podemos poco a poco ir construyendo instituciones sólidas o una labor educativa que trascienda y que vaya a ayudarnos a abonar en el quehacer y devenir de una comunidad”.

¿Por qué no leer El Quijote o Pedro Páramo?

Joel Sandoval señala que es necesario romper paradigmas educativos y pensar en lo que cada comunidad y cada escuela necesita en específico; ejemplifica que su telesecundaria no hay biblioteca, para lo cual se encuentran trabajando mediante un plan específico.

Necesitamos una biblioteca, pero no se trata de hacer una campaña y que te donen lo que sea y ya, porque hay qué ver qué te están dando, si realmente te va a servir para el nivel de los chicos, para sus intereses; si me dan el Quijote no se los voy a dar, porque no tienen las herramientas para poderlo entender; ni tampoco les voy a dar Pedro Páramo; se trata de hacer una biblioteca especializada, útil, que realmente les abone”, explica Sandoval Montes.

Al respecto agrega que se tiene que trazar un plan, una ruta y a partir de ahí poder avanzar: “no se trata de ‘ahora todos vamos a leer la Divina Comedia’, porque para acceder a ese libro necesitas tener mucho contexto: cómo fue el devenir del Renacimiento, porque Dante Alighieri habla de eso, porque se llama Comedia, con qué está jugando el autor con su narrativa; entonces no se trata de leerlo porque se supone que eso es lo importante, lo que se ‘debe’”.

Y agrega: “está bien que desde la Secretaría (la SEP) se quiera ser un país de lectores, pero cómo hacerlo; no porque un chico lea a tres clásicos ya es un lector; un lector es aquel que analiza, reflexiona y critica lo que lee; y lo compara, y toma cosas de ahí y crece; y para ello no son necesarios los clásicos, sino encaminarlos a libros adecuados a su contexto y su capacidad”.

Finalmente Joel Sandoval indica que en Tzacuala 1 hay mucho qué hacer, muchas aristas en las que se puede trabajar y que como docentes –aunque clarifica que está consciente que no todos ni tampoco todos con el mismo esfuerzo–, se encuentran con la disposición de aportar a la comunidad en la que prestan un servicio.

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