/ lunes 31 de julio de 2023

El alto riesgo de morir asesinado si se es joven

Mal, muy mal estamos, cuando la principal causa de muerte en un amplio sector de la población de México no tiene que ver con enfermedades, sino con la violencia.

Las acciones sangrientas de los grupos delictivos que operan impunemente por prácticamente todo el país están, desde hace más de dos décadas, en niveles que motivan angustia y el problema es que cada año que pasa empeoran.

Los gobiernos de Fox, Calderón, Peña Nieto y ahora el de López Obrador han combatido, cada uno a su manera, a lo cárteles, pero evidentemente han fallado.

El poder corruptor de las mafias es aterrador, pues su creciente poder no se entiende sino por la complicidad de numerosos elementos que están para combatirlos.

Este fin de semana la jefa de la DEA, Anne Milgram, soltó la información de que más de 44 mil personas trabajan para los principales cárteles de México, el de Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa.

Ante ese informe el presidente López Obrador retó a la DEA a probar esas cifras, pero no se sabe qué es peor: si los datos de la agencia antidrogas estadounidense son ciertos hablan de un poderío impresionante de la delincuencia organizada; si están equivocados y sus elementos son mucho menos, entonces quiere decir que con poca gente dominan en México e influyen en otras naciones.

Lo que sí es que hay otros datos, oficiales, apabullantes, que muestran una terrible realidad.

Los acaba de dar el INEGI, al ofrecer los resultados de las Estadísticas de las Defunciones Registradas (EDR) 2022.

Ese instituto, a grandes rasgos, expone en el referido informe que “Durante 2022, en México se contabilizaron 841 318 defunciones registradas…Del total de defunciones, 90.0 % fue por enfermedades y problemas relacionados con la salud y 10.0 %, por causas externas (accidentes, homicidios y suicidios, principalmente). “Las cinco principales causas de muerte a nivel nacional fueron: enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, enfermedades del hígado y accidentes”.

Hasta ahí todo “normal”, no bien, pero “normal” en cuanto a lo que han sido nuestras causas de decesos, pero al detallar la información sobre Las 10 principales causas de muerte, según grupos de edad, queda expuesto lo siguiente:

En los mexicanos, de los 15 hasta los 44 años, la principal causa de muerte es lo que el INEGI clasifica como “Agresiones (homicidios)”.

No son los accidentes, las enfermedades del corazón, la diabetes, tumores, neumonías, Covid o males renales, no, en México la principal causa de muerte entre los jóvenes son los asesinatos.

Ya son cinco lustros de violencia incontrolada y no se ve ni siquiera la luz al final del túnel.

DICEN QUE RAFAEL Cruz Tronco llegó a votar en la Cámara de Diputados desde la curul de Fidel Herrera. No lo creo, pero ese cuento resalta la amistad que había entre estos dos cuenqueños, desde que el primero le salvó la vida a quien después fue varias veces diputado, senador y gobernador.

Falleció el Negro Cruz llevándose muchas historias, algunas contadas y otras que atinadamente optó por nunca revelar. Descanse en paz.



Mal, muy mal estamos, cuando la principal causa de muerte en un amplio sector de la población de México no tiene que ver con enfermedades, sino con la violencia.

Las acciones sangrientas de los grupos delictivos que operan impunemente por prácticamente todo el país están, desde hace más de dos décadas, en niveles que motivan angustia y el problema es que cada año que pasa empeoran.

Los gobiernos de Fox, Calderón, Peña Nieto y ahora el de López Obrador han combatido, cada uno a su manera, a lo cárteles, pero evidentemente han fallado.

El poder corruptor de las mafias es aterrador, pues su creciente poder no se entiende sino por la complicidad de numerosos elementos que están para combatirlos.

Este fin de semana la jefa de la DEA, Anne Milgram, soltó la información de que más de 44 mil personas trabajan para los principales cárteles de México, el de Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa.

Ante ese informe el presidente López Obrador retó a la DEA a probar esas cifras, pero no se sabe qué es peor: si los datos de la agencia antidrogas estadounidense son ciertos hablan de un poderío impresionante de la delincuencia organizada; si están equivocados y sus elementos son mucho menos, entonces quiere decir que con poca gente dominan en México e influyen en otras naciones.

Lo que sí es que hay otros datos, oficiales, apabullantes, que muestran una terrible realidad.

Los acaba de dar el INEGI, al ofrecer los resultados de las Estadísticas de las Defunciones Registradas (EDR) 2022.

Ese instituto, a grandes rasgos, expone en el referido informe que “Durante 2022, en México se contabilizaron 841 318 defunciones registradas…Del total de defunciones, 90.0 % fue por enfermedades y problemas relacionados con la salud y 10.0 %, por causas externas (accidentes, homicidios y suicidios, principalmente). “Las cinco principales causas de muerte a nivel nacional fueron: enfermedades del corazón, diabetes mellitus, tumores malignos, enfermedades del hígado y accidentes”.

Hasta ahí todo “normal”, no bien, pero “normal” en cuanto a lo que han sido nuestras causas de decesos, pero al detallar la información sobre Las 10 principales causas de muerte, según grupos de edad, queda expuesto lo siguiente:

En los mexicanos, de los 15 hasta los 44 años, la principal causa de muerte es lo que el INEGI clasifica como “Agresiones (homicidios)”.

No son los accidentes, las enfermedades del corazón, la diabetes, tumores, neumonías, Covid o males renales, no, en México la principal causa de muerte entre los jóvenes son los asesinatos.

Ya son cinco lustros de violencia incontrolada y no se ve ni siquiera la luz al final del túnel.

DICEN QUE RAFAEL Cruz Tronco llegó a votar en la Cámara de Diputados desde la curul de Fidel Herrera. No lo creo, pero ese cuento resalta la amistad que había entre estos dos cuenqueños, desde que el primero le salvó la vida a quien después fue varias veces diputado, senador y gobernador.

Falleció el Negro Cruz llevándose muchas historias, algunas contadas y otras que atinadamente optó por nunca revelar. Descanse en paz.