/ viernes 3 de enero de 2020

Beethoven, 250 años de su música

El 4 de abril de 1930 Juan Lomán y la OSX hacen sonar por primera vez música de Beethoven para la sociedad xalapeña

El arribo del año 2020 ha despertado una gran expectación en muchos ámbitos de la vida cotidiana. De manera natural concluimos un año más que se suma a la totalidad de nuestra vida y de la misma manera en el colectivo que llamamos humanidad. Es muy interesante y “curioso” observar cómo esto tiene un significado diferente entre la comunidad, para muchos es el final de una década” o “el primer decenio del siglo XXI”, otros hablan del cierre de portales energéticos y de nuevas dimensiones a partir de este nuevo año; cada quien es libre de pensar y desear lo mejor para si mismo, de tal manera que la conjunción numérica del 2020 ofrece tener un múltiple de alcances como sueños, anhelos, aprendizaje, renovación y esperanzas.

Sin embargo, para el mundo del arte y en particular de la música, este año conmemoraremos el 250 aniversario del nacimiento de uno de los compositores más trascendentes de la historia: Ludwig van Beethoven (1770-1827).

Al paso de los siglos muchos personajes en los siglos XVII y XVIII han logrado inmortalidad a través de su obra, Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Joseph Haydn, por mencionar algunos. Otros compositores se han posicionado en este fecundo ámbito como Franz Schubert, Robert Schumann, Felix Mendelssohn, Johannes Brahms y otros destacados nombres; sin embargo, la figura que enriquece la segunda mitad del siglo XVIII y el primer cuarto del XIX es el genial músico alemán, el gran sordo de Bonn.

Su obra fue un importante paradigma que influyó en algunos músicos de su época. Las creaciones de Beethoven tuvieron un gran impacto en el desarrollo del clasicismo; su esplendor creativo y su natural evolución, lo llevaron a modificar paulatinamente los modelos musicales existentes hacia el romanticismo, un periodo que marcó el significado filosófico y artístico del mundo decimonónico.

A pesar de su carácter introspectivo y su casi brutal trato, los más altos ideales del hombre estuvieron presentes en su vida. Fue un personaje que no se permitía doblegarse ante el infortunio, su polémico carácter solo era el resultado de su impotencia ante la adversidad de su existencia como músico, una sordera que empezó a padecer desde 1796 a la prematura edad de 26 años significó un golpe fatal en una época en que el padecimiento no podía ser mitigado; a pesar de ello casi el total de sus composiciones nacieron de las tinieblas de un mundo sin sonido. Sus maravillosas 32 sonatas para piano, sus cuartetos de cuerda, su música de cámara y sus imponentes nueve sinfonías marcaron en mucho el devenir de la creación musical del siglo XX.

En nuestro país la obra del compositor alemán se empieza a escuchar en la segunda mitad del siglo XIX; existen referencias de que las sinfonías del compositor alemán fueron interpretadas en versiones a dos pianos, entre 1867-1877, con los músicos más importantes de la época, como Tomás León, Aniceto Ortega, Agustín Caballero y Agustín Balderas. Las primeras audiciones de algunas de sus obras orquestales estuvieron a cargo de la Sociedad Filarmónica Mexicana (1866) y fueron ejecutadas con motivo del primer centenario del nacimiento de Beethoven, los días 29 de diciembre de 1870 y el 18 de enero de 1871. En el primero se interpretó, entre otras obras de Mozart, Mendelssohn y Haydn, el “Gran Concierto Op. 61 para violín y orquesta” de Beethoven, siendo el solista Luis G. Morán, dirigido por Félix Sauvinet. El segundo concierto tiene más trascendencia, ya que por primera vez se interpreta una sinfonía completa, en este caso la quinta, dirigida por el destacado músico Melesio Morales, el resto del programa incluyó otras creaciones del músico alemán, así como el “Alleluia” del oratorio “El Mesías” de Handel.

En el siglo pasado el compositor Julián Carrillo funda la Orquesta Sinfónica Beethoven y el cuarteto de cuerdas del mismo nombre, en este último grupo el primer violín era el propio Carrillo y en el segundo estaba el coatepecano Juan Lomán y Bueno, el fundador en 1929 de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, lo cual es muy significativo, ya que la noche del 4 de abril de 1930 Lomán y la OSX hacen sonar por primera vez música de Beethoven para la sociedad xalapeña, interpretaron en esa ocasión la Primera Sinfonía en Do Mayor Op. 21.

A partir de ese momento en nuestra localidad, como un ejemplo de ciudad cultural, se podía escuchar en el piano alguna sencilla composición de este gran genio, quizá una bagatella, el famoso Minueto en Sol, la eterna Para Elisa o el Claro de Luna, como una evocación de las lunas xalapeñas. Estas piezas se hacían oír en las tertulias de aquellos salones donde se reunían las familias para deleitarse con evocadoras poesías, canciones y música para piano. Por otra parte, con la fundación de las escuelas formales de música en los años de 1936 y 1944, propició que sus jóvenes estudiantes dedicaron sus esfuerzos a interpretar obras de este compositor, viniendo a mi recuerdo los nombres de Raúl Ladrón de Guevara, Rebeca N. de Bouchez, Graciela Cerdán Huerta, Rosario Lomán, Hortensia Lomán, Estela Olvera, y Guadalupe López, entre otros.

En el campo de la música sinfónica a lo largo de nueve décadas, la OSX ha interpretado de manera constante las composiciones de Beethoven. Juan Lomán hizo escuchar entre las paredes del entonces ya longevo Teatro Lerdo varias de sus obras orquestales; el joven Limantour programó el primer festival Beethoven en el año de 1945, teniendo como solistas a Carmela Castillo y el gran violinista Henryk Szeryng. Considero interesante mencionar que ese mismo año, en el mes de octubre fuera del festival, se presentó por única ocasión el gran pianista chileno Claudio Arrau interpretando el concierto para piano No. 1; años más tarde Ximénez Caballero continúa esta tradición en los años de 1957 y 1963 programando dos ciclos de música del genio de Boon. Fernando Ávila también realiza con éxito un ciclo beethoviano con motivo del segundo centenario del nacimiento de este importante músico y Luis Herrera de la Fuente programa en el año 1977, la ejecución de las nueve sinfonías y sus diferentes conciertos para piano con importantes solistas internacionales. A partir de entonces la OSX en sus diferentes épocas ha interpretado de manera constante sus inmortales obras.

La música de Beethoven representa su lucha interna frente a la ignominia que la vida le impuso, crear a pesar de la adversidad, dejar libre ese hombre atado por las cadenas de la impotencia, enfrentar el infortunio y expresar la belleza de la vida que dejaba de oír, ironía de la vida al recrear los sonidos de la naturaleza en su sexta sinfonía llamada “Pastoral”.

Beethoven no es un músico que pertenece a una época ni a un país, es un hombre que pertenece a la humanidad; su obra ha trascendido épocas, años y clichés estilísticos, con su legado marcó, sin proponérselo, el camino del arte, de la expresión y de lo sublime.

Es la grandeza de su obra y su relación musical con nuestra querida ciudad, que se considera pertinente recordar y conmemorar esta fecha especial, de unos de los genios musicales más grandes de todos los tiempos: Ludwig van Beethoven.

El arribo del año 2020 ha despertado una gran expectación en muchos ámbitos de la vida cotidiana. De manera natural concluimos un año más que se suma a la totalidad de nuestra vida y de la misma manera en el colectivo que llamamos humanidad. Es muy interesante y “curioso” observar cómo esto tiene un significado diferente entre la comunidad, para muchos es el final de una década” o “el primer decenio del siglo XXI”, otros hablan del cierre de portales energéticos y de nuevas dimensiones a partir de este nuevo año; cada quien es libre de pensar y desear lo mejor para si mismo, de tal manera que la conjunción numérica del 2020 ofrece tener un múltiple de alcances como sueños, anhelos, aprendizaje, renovación y esperanzas.

Sin embargo, para el mundo del arte y en particular de la música, este año conmemoraremos el 250 aniversario del nacimiento de uno de los compositores más trascendentes de la historia: Ludwig van Beethoven (1770-1827).

Al paso de los siglos muchos personajes en los siglos XVII y XVIII han logrado inmortalidad a través de su obra, Johann Sebastian Bach, Wolfgang Amadeus Mozart, Joseph Haydn, por mencionar algunos. Otros compositores se han posicionado en este fecundo ámbito como Franz Schubert, Robert Schumann, Felix Mendelssohn, Johannes Brahms y otros destacados nombres; sin embargo, la figura que enriquece la segunda mitad del siglo XVIII y el primer cuarto del XIX es el genial músico alemán, el gran sordo de Bonn.

Su obra fue un importante paradigma que influyó en algunos músicos de su época. Las creaciones de Beethoven tuvieron un gran impacto en el desarrollo del clasicismo; su esplendor creativo y su natural evolución, lo llevaron a modificar paulatinamente los modelos musicales existentes hacia el romanticismo, un periodo que marcó el significado filosófico y artístico del mundo decimonónico.

A pesar de su carácter introspectivo y su casi brutal trato, los más altos ideales del hombre estuvieron presentes en su vida. Fue un personaje que no se permitía doblegarse ante el infortunio, su polémico carácter solo era el resultado de su impotencia ante la adversidad de su existencia como músico, una sordera que empezó a padecer desde 1796 a la prematura edad de 26 años significó un golpe fatal en una época en que el padecimiento no podía ser mitigado; a pesar de ello casi el total de sus composiciones nacieron de las tinieblas de un mundo sin sonido. Sus maravillosas 32 sonatas para piano, sus cuartetos de cuerda, su música de cámara y sus imponentes nueve sinfonías marcaron en mucho el devenir de la creación musical del siglo XX.

En nuestro país la obra del compositor alemán se empieza a escuchar en la segunda mitad del siglo XIX; existen referencias de que las sinfonías del compositor alemán fueron interpretadas en versiones a dos pianos, entre 1867-1877, con los músicos más importantes de la época, como Tomás León, Aniceto Ortega, Agustín Caballero y Agustín Balderas. Las primeras audiciones de algunas de sus obras orquestales estuvieron a cargo de la Sociedad Filarmónica Mexicana (1866) y fueron ejecutadas con motivo del primer centenario del nacimiento de Beethoven, los días 29 de diciembre de 1870 y el 18 de enero de 1871. En el primero se interpretó, entre otras obras de Mozart, Mendelssohn y Haydn, el “Gran Concierto Op. 61 para violín y orquesta” de Beethoven, siendo el solista Luis G. Morán, dirigido por Félix Sauvinet. El segundo concierto tiene más trascendencia, ya que por primera vez se interpreta una sinfonía completa, en este caso la quinta, dirigida por el destacado músico Melesio Morales, el resto del programa incluyó otras creaciones del músico alemán, así como el “Alleluia” del oratorio “El Mesías” de Handel.

En el siglo pasado el compositor Julián Carrillo funda la Orquesta Sinfónica Beethoven y el cuarteto de cuerdas del mismo nombre, en este último grupo el primer violín era el propio Carrillo y en el segundo estaba el coatepecano Juan Lomán y Bueno, el fundador en 1929 de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, lo cual es muy significativo, ya que la noche del 4 de abril de 1930 Lomán y la OSX hacen sonar por primera vez música de Beethoven para la sociedad xalapeña, interpretaron en esa ocasión la Primera Sinfonía en Do Mayor Op. 21.

A partir de ese momento en nuestra localidad, como un ejemplo de ciudad cultural, se podía escuchar en el piano alguna sencilla composición de este gran genio, quizá una bagatella, el famoso Minueto en Sol, la eterna Para Elisa o el Claro de Luna, como una evocación de las lunas xalapeñas. Estas piezas se hacían oír en las tertulias de aquellos salones donde se reunían las familias para deleitarse con evocadoras poesías, canciones y música para piano. Por otra parte, con la fundación de las escuelas formales de música en los años de 1936 y 1944, propició que sus jóvenes estudiantes dedicaron sus esfuerzos a interpretar obras de este compositor, viniendo a mi recuerdo los nombres de Raúl Ladrón de Guevara, Rebeca N. de Bouchez, Graciela Cerdán Huerta, Rosario Lomán, Hortensia Lomán, Estela Olvera, y Guadalupe López, entre otros.

En el campo de la música sinfónica a lo largo de nueve décadas, la OSX ha interpretado de manera constante las composiciones de Beethoven. Juan Lomán hizo escuchar entre las paredes del entonces ya longevo Teatro Lerdo varias de sus obras orquestales; el joven Limantour programó el primer festival Beethoven en el año de 1945, teniendo como solistas a Carmela Castillo y el gran violinista Henryk Szeryng. Considero interesante mencionar que ese mismo año, en el mes de octubre fuera del festival, se presentó por única ocasión el gran pianista chileno Claudio Arrau interpretando el concierto para piano No. 1; años más tarde Ximénez Caballero continúa esta tradición en los años de 1957 y 1963 programando dos ciclos de música del genio de Boon. Fernando Ávila también realiza con éxito un ciclo beethoviano con motivo del segundo centenario del nacimiento de este importante músico y Luis Herrera de la Fuente programa en el año 1977, la ejecución de las nueve sinfonías y sus diferentes conciertos para piano con importantes solistas internacionales. A partir de entonces la OSX en sus diferentes épocas ha interpretado de manera constante sus inmortales obras.

La música de Beethoven representa su lucha interna frente a la ignominia que la vida le impuso, crear a pesar de la adversidad, dejar libre ese hombre atado por las cadenas de la impotencia, enfrentar el infortunio y expresar la belleza de la vida que dejaba de oír, ironía de la vida al recrear los sonidos de la naturaleza en su sexta sinfonía llamada “Pastoral”.

Beethoven no es un músico que pertenece a una época ni a un país, es un hombre que pertenece a la humanidad; su obra ha trascendido épocas, años y clichés estilísticos, con su legado marcó, sin proponérselo, el camino del arte, de la expresión y de lo sublime.

Es la grandeza de su obra y su relación musical con nuestra querida ciudad, que se considera pertinente recordar y conmemorar esta fecha especial, de unos de los genios musicales más grandes de todos los tiempos: Ludwig van Beethoven.

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