/ sábado 8 de julio de 2023

Ciencia y Luz | ¿Neuronas en el jardín?

"Salgamos ahora del bosque de neuronas y reflexionemos"

Una neurona es capaz de interactuar con una célula cercana o muy lejana; puede producir cuanto necesita, es hábil para comunicarse mediante mensajeros químicos o a través de intrincados circuitos. Sin embargo, no prolifera y es susceptible de todo lo que acontece en otros órganos, e incluso sensible a factores ambientales externos. ¿Cómo es posible estudiar su entorno?

El ingenio humano ha facilitado el desarrollo de protocolos de tinción neuronal, seguido de métodos bioquímicos para identificar las moléculas que necesita. Con estas herramientas, se estudia a las neuronas en condiciones de salud y enfermedad; pero, la observación de éstas nos enfrenta a dos retos, delimitar su ubicación así como comprender los factores que condicionan su forma y función.

A menos que poseamos un microscopio sofisticado, no es sencillo determinar el volúmen, textura, o distribución espacial de las neuronas; esta labor se facilita cuando tenemos imágenes de referencia. Como tú y yo no tenemos un microscopio en la sala de la casa, te invito a hacer un ejercicio de realidad virtual: Convirtamos nuestros ojos en potentes microscopios y simulemos que los árboles son neuronas.

Al estar inmersos en el bosque de neuronas, notaremos lo siguiente:

Aunque puede variar su grosor y altura, nuestros árboles-neuronas tienen en sus extremos estructuras ramificadas. Si bien, esto dependerá de la especie a la que pertenecen, es común que, la parte oculta (las raíces) se encargue de distribuir los nutrientes, mientras que las ramificaciones que forman el dosel arbóreo, delimitan su espacio y se comunican por contacto.

Además notarás, que el dosel se traslapa con otros, se acomodan en función del espacio del que disponen para seguir creciendo. Si caminamos entre ellas, detectaremos que algunos troncos podrían estar dañados, ese daño será evidente por su cambio de textura, adelgazamiento de los troncos o disminución drástica de las ramificaciones.

Lee más: Qué es el síndrome de fatiga crónica y cómo detectarlo; te contamos [Video]

Salgamos ahora del bosque de neuronas, y reflexionemos ¿cómo puede ayudar la biomedicina en la prevención o contención del daño neuronal? Si visualizamos eso, entonces podemos suponer el entorno en el que actúan los nutrientes, los medicamentos o la fitoterapia en circuitos neuronales reales.

* Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana.

Una neurona es capaz de interactuar con una célula cercana o muy lejana; puede producir cuanto necesita, es hábil para comunicarse mediante mensajeros químicos o a través de intrincados circuitos. Sin embargo, no prolifera y es susceptible de todo lo que acontece en otros órganos, e incluso sensible a factores ambientales externos. ¿Cómo es posible estudiar su entorno?

El ingenio humano ha facilitado el desarrollo de protocolos de tinción neuronal, seguido de métodos bioquímicos para identificar las moléculas que necesita. Con estas herramientas, se estudia a las neuronas en condiciones de salud y enfermedad; pero, la observación de éstas nos enfrenta a dos retos, delimitar su ubicación así como comprender los factores que condicionan su forma y función.

A menos que poseamos un microscopio sofisticado, no es sencillo determinar el volúmen, textura, o distribución espacial de las neuronas; esta labor se facilita cuando tenemos imágenes de referencia. Como tú y yo no tenemos un microscopio en la sala de la casa, te invito a hacer un ejercicio de realidad virtual: Convirtamos nuestros ojos en potentes microscopios y simulemos que los árboles son neuronas.

Al estar inmersos en el bosque de neuronas, notaremos lo siguiente:

Aunque puede variar su grosor y altura, nuestros árboles-neuronas tienen en sus extremos estructuras ramificadas. Si bien, esto dependerá de la especie a la que pertenecen, es común que, la parte oculta (las raíces) se encargue de distribuir los nutrientes, mientras que las ramificaciones que forman el dosel arbóreo, delimitan su espacio y se comunican por contacto.

Además notarás, que el dosel se traslapa con otros, se acomodan en función del espacio del que disponen para seguir creciendo. Si caminamos entre ellas, detectaremos que algunos troncos podrían estar dañados, ese daño será evidente por su cambio de textura, adelgazamiento de los troncos o disminución drástica de las ramificaciones.

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Salgamos ahora del bosque de neuronas, y reflexionemos ¿cómo puede ayudar la biomedicina en la prevención o contención del daño neuronal? Si visualizamos eso, entonces podemos suponer el entorno en el que actúan los nutrientes, los medicamentos o la fitoterapia en circuitos neuronales reales.

* Instituto de Neuroetología, Universidad Veracruzana.

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