/ sábado 14 de agosto de 2021

No conocer de tu sexualidad puede ser peligroso

La psicoterapeuta Maritere LópezMacip Bernal dice que las personas en general tenemos poca información acerca de lo que es la sexualidad y solemos reducirlo únicamente al aspecto genital


Alma tenía 36 años cuando leyendo un artículo sobre orientaciones sexuales se dio cuenta que una de ellas la describía. Desde la adolescencia comenzó a sentirse distinta al resto y fue avanzando en la vida pensando que había algo mal en ella, años después descubre que es demisexual y que está bien sentir el mundo como ella lo hace.

La psicoterapeuta Maritere LópezMacip Bernal nos dice que las personas en general tenemos poca información acerca de lo que es la sexualidad y solemos reducirlo únicamente al aspecto genital o al encuentro físico, cuando en realidad la sexualidad atraviesa todas las áreas de nuestra vida.

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“La sexualidad es algo inherente al ser humano, no se puede separar y tiene vigencia y presencia en todas las esferas de nuestra vida, desde la forma en que vestimos, hablamos, en todo nuestro lenguaje verbal y no verbal, todo tiene de alguna forma algo de sexualidad”, indica la también investigadora.

Agresión contra lo desconocido

LópezMacip agrega que rara vez nos atrevemos a acercarnos y cuestionar nuestra propia sexualidad, “porque nos persigue una voz muy persecutoria de la moralidad, entonces muchas preguntas y valoraciones que podemos llegar a formularnos se quedan en lo hipotético, porque suele tener más peso esa señalización del otro, de la sociedad”.

 

 

Explica que la idea general es que la sexualidad puede ser una fuente de placer y de disfrute, pero en realidad para muchas personas, si no es que la mayoría, es un representante tangible de conflictos y problemas de distintas índoles.

“Casi todos los seres humanos actúan sin un conocimiento real de su propia sexualidad y claro, por ende, de las de los demás, entonces afectan su vida personal pero también la grupal. En la sociedad el desconocimiento parece intimidar muchísimo al sujeto; la incertidumbre y el desconocimiento es lo peor que le puede pasar al ser humano, y el miedo a lo desconocido suele activar casi a modo de defensa impulsos agresivos en la persona”, indica.

Pero lo desconocido no sólo genera temor, sino que al despertar agresividad se vuelca hacia esa otra persona que consideramos distinta y que rompe con nuestros parámetros de lo que estamos acostumbrados, de ahí, señala la terapeuta, que se den los llamados crímenes de odio contra la comunidad LGBT+.

“Estos impulsos agresivos nos llegan porque hay algo que es distinto a mí, a la mayoría y ya por eso, de cajón, creemos que está mal”, indica la especialista, y agrega que estos sujetos no tienen las herramientas verbales y discursivas para darle sentido a eso que les es extraño, asimilarlo y respetarlo, por lo que suele darle una salida a lo que siente de forma agresiva o haciendo bullying. Es decir, a menor conocimiento y herramientas para analizar un hecho, mayor presa seremos del miedo y de la agresividad.

Asexualidad, más allá del sexo

Para Alma relacionarse a nivel sentimental con otras personas era un reto, no lograba “conectar”, llegar al encuentro sexual carecía de interés, y cuando lo hacía se quedaba con la sensación de no sentirse plena.

“Tuve mi primera relación sexual casi a los 19 años más por complacer a mi novio que por que yo quisiera, yo me decía que era lo normal, que si lo quería pues tenía que hacerlo, pero no sentía ninguna atracción al respecto, nunca la he sentido, la atracción sexual para mí simplemente no existe y eso me hacía sentir que era anormal, que estaba rota, que había algo en mí que no funcionaba”, comparte.

La asexualidad es un término poco conocido que describe una orientación en la que no existe atracción sexual. El desconocimiento del tema ha llevado a pensar que estas personas son célibes, mojigatas o que tienen algún problema psicológico u hormonal, pero nada más lejos de la realidad. La asexualidad y su espectro, donde se ubican los demisexuales, como Alma, es una orientación sexual con características muy definidas, no se trata de una elección moral o social, sino de una forma de ser y sentir el mundo.

En una sociedad donde todo se centra en el intercambio sexual, no sentir atracción por este tipo de relación nos parece “anormal”, sin embargo, hay otros tipos de atracción, como la estética, intelectual o la romántica.

En México, de acuerdo con la encuesta LGBT+ Orgullo 2021, elaborada por la consultora Iapsos, el 1 por ciento de la población se considera asexual; y de acuerdo con la Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad (AVEN por sus siglas en inglés) dentro de la asexualidad hay un espectro dependiendo de ciertas características. Por tanto, en un extremo tendríamos a los alosexuales, que son las personas que sienten atracción sexual frecuentemente (considerado como “normal” por la sociedad) y del otro extremo los asexuales, que no manifiestan esta atracción. En medio de ello se moverían distintos matices, como la demisexualidad, definida como aquellas personas que no sienten atracción sexual primaria sino cuando establecen un vínculo afectivo profundo con la otra persona, aunque esto no garantiza que aún así la atracción sexual aparezca.

“He visto que a la gente le cuesta que les digas que no sientes atracción sin un vínculo afectivo, te dicen cosas como “yo tampoco me iría con un extraño”, “claro, primero hay que conocer a la persona”, “yo estoy esperando al matrimonio”, pero no es nada de eso; aquello es una elección, eliges no irte con el tipo que conociste en el bar aunque te parezca atractivo y sientas deseos de plantarle un beso o irte a la cama con él; no lo haces porque lo decides, pero sientes atracción; los demisexuales no sentimos esa atracción, no elegimos quedarnos con las ganas porque no hay esas ganas y tampoco es que lamentemos no tener ganas, solo no hay esa necesidad”, explica Alma.

La joven agrega que lo más difícil para ella ha sido romper no sólo las concepciones de la sociedad sino sus propias ideas: “ser normal para mí era algo que me angustiaba y me hacía sentir mal, antes de saber que era demisexual me sentía incompleta, que algo estaban mal en mí; y aceptarme es de las cosas más difíciles porque sientes que estás sola y nadie te entiende”.

¿Por qué la normalidad?

La terapeuta Maritere LópezMacip indica que en nuestra sociedad la idea de normalidad ha ido variando a través de la historia, pero que, en esencia, comparte una lógica que viene de lo médico y que se aplica erróneamente a lo social.

“A través del tiempo se ha logrado permear una idea de que normal es igual a salud y anormal es igual a enfermedad; esto proviene del discurso médico y en ese ámbito está bien, pero esta idea transciende de lo médico-biológico y llega a lo social, formándose mitos, el mito de la normalidad; entonces si normal es igual a salud y salud es igual a bueno, entonces lo normal es bueno; y por el contrario si anormal es enfermedad y enfermedad es malo, entonces anormal es malo”, explica la investigadora.

Agrega que bajo esta lógica asumimos que todo aquello que es distinto a nosotros, que se sale de lo que consideramos normal, es malo y que debe atacarse, y se hace desde el señalamiento público, la ridiculización, la discriminación, la revictimización hasta llegar a la violencia que puede terminar en los llamados crímenes de odio.

A nivel personal que una persona no pueda ejercer plenamente su sexualidad o incluso no tenga las herramientas para reconocerse, impacta negativamente: “Hay mucha incidencia en el estado de ánimo por no conocer nuestra sexualidad, se evidencia en suicidios, depresión, ansiedad generalizada; la falta de información, tanto del sujeto como de la sociedad en general, orillan a que haya más incidencia de estos casos en personas que no saben ni cómo empezar a hablar de su sexualidad”, indica.

LópezMacip Bernal explica que muchas veces ese odio contra el otro que se atreve a mostrar su forma de ser viene de una especie de envidia a su libertad de expresión, no es que envidie eso que el otro es, sino que envidia el valor para poder reconocerse y asumirse, es decir, logra sobreponerse a la “normalidad” cuando el resto de las personas vivimos anclados a ella por miedo a ser señalados.

El derecho a pertenecer

Ante la dinámica contemporánea de ser señalados por ser diferentes, poder asumirse dentro de una comunidad da sentido de pertenencia, lo que ayuda a la autoaceptación.

“Saber que soy demisexual y que hay otras personas como yo en el mundo, fue liberador; sentí que todo cobraba sentido y se acomodaba en mi vida, sentí que debía dejar de estar enojada o inconforme conmigo, que sí existo”, señala Alma.

Para Maritere LópezMacip falta información y espacios seguros de expresión que no revictimicen a las personas, no sólo asexuales y demisexuales, sino para cualquiera que tenga una orientación distinta a lo normativo.

“Saber que no estás solo, que puedes ser sin importar cuál sea tu orientación o formas de expresión sexual sin que seas perseguido, castigado, discriminado o sobre todo censurado, es fundamental”, agrega.

Señala que si bien las etiquetas son de doble filo porque nos llevan a revictimizar a las personas o encasillarlas; también es un hecho que para quienes han sufrido por no encontrar un espacio, por no encontrar esta forma de sentirse libre o una categoría que les describa suficientemente, la etiqueta es necesaria, porque para el ser humano poder experimentar un sentido de pertenencia es algo vital.

“El sentido de pertenencia nos ayuda a sentirnos respaldados, acompañados y muchas veces sostenidos y esta forma de paz y satisfacción a veces solo se logra asumiendo ciertas verdades-- la mayoría de las veces incómodas para los demás-, acerca de nosotros mismos”.

El nombre nombra, indica la psicoterapeuta, y cuando una voz nos dice que algo está mal, hay que identificar quién es esa voz, y veremos que se trata de la sociedad, de la otredad, una cultura, que nos está llevando a perpetuar y darle vigencia a una postura.

“Esa es la importancia de encontrar, más que una etiqueta como castigo o como límite, una categoría donde uno pueda ser, y sobre todo ser con un otro y a través de otro, donde se sienta libre, donde no se sienta roto, donde no sienta que hay algo qué componer sino un espacio para explorarnos y conocernos, porque como seres humanos siempre estamos en cambio; tener un espacio que nos permitan ser y sobre todo, comenzar a ser”, finaliza LópezMacip Bernal.


Alma tenía 36 años cuando leyendo un artículo sobre orientaciones sexuales se dio cuenta que una de ellas la describía. Desde la adolescencia comenzó a sentirse distinta al resto y fue avanzando en la vida pensando que había algo mal en ella, años después descubre que es demisexual y que está bien sentir el mundo como ella lo hace.

La psicoterapeuta Maritere LópezMacip Bernal nos dice que las personas en general tenemos poca información acerca de lo que es la sexualidad y solemos reducirlo únicamente al aspecto genital o al encuentro físico, cuando en realidad la sexualidad atraviesa todas las áreas de nuestra vida.

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“La sexualidad es algo inherente al ser humano, no se puede separar y tiene vigencia y presencia en todas las esferas de nuestra vida, desde la forma en que vestimos, hablamos, en todo nuestro lenguaje verbal y no verbal, todo tiene de alguna forma algo de sexualidad”, indica la también investigadora.

Agresión contra lo desconocido

LópezMacip agrega que rara vez nos atrevemos a acercarnos y cuestionar nuestra propia sexualidad, “porque nos persigue una voz muy persecutoria de la moralidad, entonces muchas preguntas y valoraciones que podemos llegar a formularnos se quedan en lo hipotético, porque suele tener más peso esa señalización del otro, de la sociedad”.

 

 

Explica que la idea general es que la sexualidad puede ser una fuente de placer y de disfrute, pero en realidad para muchas personas, si no es que la mayoría, es un representante tangible de conflictos y problemas de distintas índoles.

“Casi todos los seres humanos actúan sin un conocimiento real de su propia sexualidad y claro, por ende, de las de los demás, entonces afectan su vida personal pero también la grupal. En la sociedad el desconocimiento parece intimidar muchísimo al sujeto; la incertidumbre y el desconocimiento es lo peor que le puede pasar al ser humano, y el miedo a lo desconocido suele activar casi a modo de defensa impulsos agresivos en la persona”, indica.

Pero lo desconocido no sólo genera temor, sino que al despertar agresividad se vuelca hacia esa otra persona que consideramos distinta y que rompe con nuestros parámetros de lo que estamos acostumbrados, de ahí, señala la terapeuta, que se den los llamados crímenes de odio contra la comunidad LGBT+.

“Estos impulsos agresivos nos llegan porque hay algo que es distinto a mí, a la mayoría y ya por eso, de cajón, creemos que está mal”, indica la especialista, y agrega que estos sujetos no tienen las herramientas verbales y discursivas para darle sentido a eso que les es extraño, asimilarlo y respetarlo, por lo que suele darle una salida a lo que siente de forma agresiva o haciendo bullying. Es decir, a menor conocimiento y herramientas para analizar un hecho, mayor presa seremos del miedo y de la agresividad.

Asexualidad, más allá del sexo

Para Alma relacionarse a nivel sentimental con otras personas era un reto, no lograba “conectar”, llegar al encuentro sexual carecía de interés, y cuando lo hacía se quedaba con la sensación de no sentirse plena.

“Tuve mi primera relación sexual casi a los 19 años más por complacer a mi novio que por que yo quisiera, yo me decía que era lo normal, que si lo quería pues tenía que hacerlo, pero no sentía ninguna atracción al respecto, nunca la he sentido, la atracción sexual para mí simplemente no existe y eso me hacía sentir que era anormal, que estaba rota, que había algo en mí que no funcionaba”, comparte.

La asexualidad es un término poco conocido que describe una orientación en la que no existe atracción sexual. El desconocimiento del tema ha llevado a pensar que estas personas son célibes, mojigatas o que tienen algún problema psicológico u hormonal, pero nada más lejos de la realidad. La asexualidad y su espectro, donde se ubican los demisexuales, como Alma, es una orientación sexual con características muy definidas, no se trata de una elección moral o social, sino de una forma de ser y sentir el mundo.

En una sociedad donde todo se centra en el intercambio sexual, no sentir atracción por este tipo de relación nos parece “anormal”, sin embargo, hay otros tipos de atracción, como la estética, intelectual o la romántica.

En México, de acuerdo con la encuesta LGBT+ Orgullo 2021, elaborada por la consultora Iapsos, el 1 por ciento de la población se considera asexual; y de acuerdo con la Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad (AVEN por sus siglas en inglés) dentro de la asexualidad hay un espectro dependiendo de ciertas características. Por tanto, en un extremo tendríamos a los alosexuales, que son las personas que sienten atracción sexual frecuentemente (considerado como “normal” por la sociedad) y del otro extremo los asexuales, que no manifiestan esta atracción. En medio de ello se moverían distintos matices, como la demisexualidad, definida como aquellas personas que no sienten atracción sexual primaria sino cuando establecen un vínculo afectivo profundo con la otra persona, aunque esto no garantiza que aún así la atracción sexual aparezca.

“He visto que a la gente le cuesta que les digas que no sientes atracción sin un vínculo afectivo, te dicen cosas como “yo tampoco me iría con un extraño”, “claro, primero hay que conocer a la persona”, “yo estoy esperando al matrimonio”, pero no es nada de eso; aquello es una elección, eliges no irte con el tipo que conociste en el bar aunque te parezca atractivo y sientas deseos de plantarle un beso o irte a la cama con él; no lo haces porque lo decides, pero sientes atracción; los demisexuales no sentimos esa atracción, no elegimos quedarnos con las ganas porque no hay esas ganas y tampoco es que lamentemos no tener ganas, solo no hay esa necesidad”, explica Alma.

La joven agrega que lo más difícil para ella ha sido romper no sólo las concepciones de la sociedad sino sus propias ideas: “ser normal para mí era algo que me angustiaba y me hacía sentir mal, antes de saber que era demisexual me sentía incompleta, que algo estaban mal en mí; y aceptarme es de las cosas más difíciles porque sientes que estás sola y nadie te entiende”.

¿Por qué la normalidad?

La terapeuta Maritere LópezMacip indica que en nuestra sociedad la idea de normalidad ha ido variando a través de la historia, pero que, en esencia, comparte una lógica que viene de lo médico y que se aplica erróneamente a lo social.

“A través del tiempo se ha logrado permear una idea de que normal es igual a salud y anormal es igual a enfermedad; esto proviene del discurso médico y en ese ámbito está bien, pero esta idea transciende de lo médico-biológico y llega a lo social, formándose mitos, el mito de la normalidad; entonces si normal es igual a salud y salud es igual a bueno, entonces lo normal es bueno; y por el contrario si anormal es enfermedad y enfermedad es malo, entonces anormal es malo”, explica la investigadora.

Agrega que bajo esta lógica asumimos que todo aquello que es distinto a nosotros, que se sale de lo que consideramos normal, es malo y que debe atacarse, y se hace desde el señalamiento público, la ridiculización, la discriminación, la revictimización hasta llegar a la violencia que puede terminar en los llamados crímenes de odio.

A nivel personal que una persona no pueda ejercer plenamente su sexualidad o incluso no tenga las herramientas para reconocerse, impacta negativamente: “Hay mucha incidencia en el estado de ánimo por no conocer nuestra sexualidad, se evidencia en suicidios, depresión, ansiedad generalizada; la falta de información, tanto del sujeto como de la sociedad en general, orillan a que haya más incidencia de estos casos en personas que no saben ni cómo empezar a hablar de su sexualidad”, indica.

LópezMacip Bernal explica que muchas veces ese odio contra el otro que se atreve a mostrar su forma de ser viene de una especie de envidia a su libertad de expresión, no es que envidie eso que el otro es, sino que envidia el valor para poder reconocerse y asumirse, es decir, logra sobreponerse a la “normalidad” cuando el resto de las personas vivimos anclados a ella por miedo a ser señalados.

El derecho a pertenecer

Ante la dinámica contemporánea de ser señalados por ser diferentes, poder asumirse dentro de una comunidad da sentido de pertenencia, lo que ayuda a la autoaceptación.

“Saber que soy demisexual y que hay otras personas como yo en el mundo, fue liberador; sentí que todo cobraba sentido y se acomodaba en mi vida, sentí que debía dejar de estar enojada o inconforme conmigo, que sí existo”, señala Alma.

Para Maritere LópezMacip falta información y espacios seguros de expresión que no revictimicen a las personas, no sólo asexuales y demisexuales, sino para cualquiera que tenga una orientación distinta a lo normativo.

“Saber que no estás solo, que puedes ser sin importar cuál sea tu orientación o formas de expresión sexual sin que seas perseguido, castigado, discriminado o sobre todo censurado, es fundamental”, agrega.

Señala que si bien las etiquetas son de doble filo porque nos llevan a revictimizar a las personas o encasillarlas; también es un hecho que para quienes han sufrido por no encontrar un espacio, por no encontrar esta forma de sentirse libre o una categoría que les describa suficientemente, la etiqueta es necesaria, porque para el ser humano poder experimentar un sentido de pertenencia es algo vital.

“El sentido de pertenencia nos ayuda a sentirnos respaldados, acompañados y muchas veces sostenidos y esta forma de paz y satisfacción a veces solo se logra asumiendo ciertas verdades-- la mayoría de las veces incómodas para los demás-, acerca de nosotros mismos”.

El nombre nombra, indica la psicoterapeuta, y cuando una voz nos dice que algo está mal, hay que identificar quién es esa voz, y veremos que se trata de la sociedad, de la otredad, una cultura, que nos está llevando a perpetuar y darle vigencia a una postura.

“Esa es la importancia de encontrar, más que una etiqueta como castigo o como límite, una categoría donde uno pueda ser, y sobre todo ser con un otro y a través de otro, donde se sienta libre, donde no se sienta roto, donde no sienta que hay algo qué componer sino un espacio para explorarnos y conocernos, porque como seres humanos siempre estamos en cambio; tener un espacio que nos permitan ser y sobre todo, comenzar a ser”, finaliza LópezMacip Bernal.

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