/ viernes 28 de diciembre de 2018

Tala clandestina acentúa pobreza en la zona del Cofre de Perote

En los últimos cien años se han perdido más de 10 mil hectáreas de bosque en Veracruz

La vida de tres millones de veracruzanos que dependen de manera directa de los servicios ecosistémicos del Pico de Orizaba y Cofre de Perote se encuentra en riesgo debido a la devastación que sufren ambas montañas. El deterioro ambiental generado por la acción humana en ambas áreas naturales ha generado mayor pobreza a las comunidades que viven en sus inmediaciones, ha puesto en riesgo la captación de agua de lluvia que abastece a más de 35 municipios y favorecido el incremento de desastres naturales.

De acuerdo con las cifras oficiales, en los últimos 100 años se han perdido más de 10 mil hectáreas de bosque, lo que representa un tercio del total de ambas regiones. Esto a su vez se refleja en erosión, pérdida de fauna, arrastre de suelos, reducción del secuestro de carbono, cambios de clima y sobre todo la disminución de mantos acuíferos fundamentales.

El caso más grave de reducción forestal lo presenta el Cofre de Perote con el 52% de su extensión desaparecida, ya que de las 11 mil 530 hectáreas que abarcan el Parque Nacional, poco más de 6 mil ya no tienen árboles. Por su parte, el Pico de Orizaba —la montaña más alta de México— ha perdido 20% de su superficie arbolada y de las 19 mil 750 hectáreas de extensión que posee, 4 mil padecen la deforestación.

TALA DE ÁRBOLES, A LA VISTA DE TODOS

El sonido inconfundible de las sierras eléctricas se escucha por todo el bosque. Junto al canto de los pájaros, el trueno del chirrión para arrear a los borregos y el mugido las vacas; el ruido característico de la deforestación se hace presente en cuanto se comienza el ascenso al Pico de Orizaba o al Cofre de Perote, consideradas como número uno y ocho —respectivamente— en la lista de montañas más altas de México.

Al amparo de la corrupción, el abuso de poder y la impunidad que prevalece en la entidad, la tala clandestina se ha convertido en la principal amenaza de los bosques veracruzanos. A plena luz del día y en zonas transitadas, se puede observar el corte, apilamiento y traslado de miles de árboles sin que ninguna autoridad intervenga. Y es que, de acuerdo con los pobladores de las regiones aledañas, detrás del derribo de árboles se encuentran los intereses económicos de los dueños de medianas y grandes industrias que lucran con la pobreza de los habitantes de estas comunidades.

Bastan apenas unos minutos para derribar árboles a los que les tomó más de cien años crecer. Una vez talados, podados y apilados, las vigas de madera de pino y oyamel —especies endémicas— viajan algunos kilómetros a empresas que ya los esperan para convertirlos en tarimas o cajas para empacar fruta. Otros irán a parar a aserraderos y otros más son esperados por industrias que se valen de la clandestinidad para ahorrar unos pesos en los gastos de producción de muebles e insumos. “Es el final más indigno para un árbol que sirvió durante tantos años”, lamenta un encargado del cuidado de los bosques.

En los últimos años la delincuencia organizada también ha incursionado en el "negocio" de la madera clandestina. Desde hace unos años, el paso de hombres portando armas de grueso calibre y a bordo de camionetas en los perímetros de ambos parques nacionales ha ocasionado terror entre los habitantes de varios municipios, provocando a su vez la desarticulación de la poca organización social que se tenía en la zona. "Es nuestra vida o los árboles", advierten vecinos, quienes se han resignado a entregar su bosque camión por camión.

Basta con recorrer las carreteras y caminos de los seis municipios veracruzanos en los que se encuentran ambas montañas para notar la devastación. Y aunque en algunos espacios se pueden observar árboles de apenas unos centímetros de altura que fueron sembrados de manera reciente, el daño se impone por mucho a la conservación.

“SE NOS ACABA EL BOSQUE”

Don Miguel Ángel vive en la comunidad El Conejo, del municipio de Perote, a las faldas del Cofre. Los 68 años que tiene de vida los ha pasado junto a la montaña. Ahí nació, conoció a su esposa, construyó una casa y vio nacer y crecer a sus cuatro hijos. Ahí también ha sido testigo de la disminución de árboles y de los problemas ambientales que ha traído consigo esto a su comunidad.

"Todos esos huecos que se ven ahí no existían”, asegura mientras apunta su dedo a la inmensidad del bosque que conoce a la perfección. “Todo estaba cundido de pinos y para donde se mirara era verde. Ahora ya todo ha cambiado. Se nos acaba el bosque", advierte.

Foto: René Corrales


El campesino explica que la deforestación de la región se ha dado por varios factores, pero los más graves son la tala legal o ilegal, así como los incendios forestales que en los meses de calor son constantes e incontrolables. Don Miguel se dedica a la siembra de papa principalmente, aunque algunas veces también siembra maíz para el consumo de su familia. Para él, la temporada navideña y de fin de año representa una de las mejores en cuanto a la venta, ya que varios platillos de las cenas incluyen papas, sin embargo, reconoce que los cambios que ha sufrido el suelo y el clima provocan que sus cosechas sean cada vez más bajas y de menor calidad.

Sin dejar de trabajar en sus tierras platica que la pérdida de árboles y fauna que se ha padecido de manera constante en la zona ha ocasionado a su vez cambios en la temperatura de la región, incluso la modificación de las condiciones climáticas. "El clima ha cambiado mucho. Las lluvias son más frecuentes, las heladas a destiempo, los calores más sofocantes y todo eso no sólo nos afecta a nosotros sino a las tierras", indicó.

De acuerdo con el presidente del Consejo Intermunicipal de Ambientalistas AC, Graciano Illescas Téllez, las comunidades asentadas en las faldas del Cofre de Perote son las que primero recibieron las afectaciones de la tala de árboles, ya que desde hace varios años se ha comenzado a presentar erosión del suelo del que dependen para vivir. Indicó que aunado a esto han padecido problemas como la pérdida de fauna de las que se pudieran alimentar, el arrastre de suelos y la pérdida de sus acuíferos.

Sin embargo, asegura que los daños ambientales no sólo afectan a las comunidades aledañas porque hay cerca de un millón de veracruzanos que dependen de manera directa de esta montaña para las acciones de captación de agua y secuestro de carbono. "Hay graves problemas de deterioro que a su vez están generando mayor pobreza a las comunidades que viven en sus inmediaciones, poniendo en riesgo la captación de agua de lluvia que abastece a millones de veracruzanos y favoreciendo el incremento de desastres naturales", dijo.

BOSQUES SON DE TODOS Y DE NADIE

“Aquí no hay ley que valga, el precio de la madera supera cualquier miedo”, aseguran pobladores de la región, quienes son los testigos mudos de la devastación del que consideran su bosque.

Con una superficie de 11 mil 530 hectáreas, el Cofre de Perote se ubica en los municipios de Perote, Ayahualulco, Ixhuacán de los Reyes y Xico, sin embargo, la protección natural que brinda esta montaña abarca también una decena más de municipios, como Xalapa, Coatepec, Teocelo y Las Vigas, entre otros.

Delimitado por el concepto de Parque Nacional, el Cofre de Perote o "Nauhcampatépetl" cuenta con un programa de manejo ambiental establecido en enero de 2015 con el fin de proteger a las 551 especies de flora y fauna silvestre, de las cuales 59 se encuentran bajo alguna categoría de riesgo. Sin embargo, a casi cuatro años de la entrada en vigor del acuerdo para preservar esta área natural protegida, el daño ambiental continúa e incluso ha aumentado según biólogos de la región.

Héctor Narave Flores, catedrático e investigador de la Facultad de Biología de la Universidad Veracruzana, aseguró que aunque durante unos años se controló el problema de la tala clandestina, de 2016 a la fecha el problema regresó y de manera más intensa. Dio a conocer que la mayor parte de la devastación en la zona del Cofre de Perote es realizada por personas de otros municipios e incluso de estados como Puebla y Tlaxcala que cometen estos ilícitos sin que las autoridades hagan algo por detenerlos. “Ante la insuficiencia de las instancias normativas en la zona se ha intensificado de manera fuerte y severa", apuntó.

El exdirector de la Facultad de Biología de la UV explicó que los pobladores de la región también llevan a cabo acciones de tala de árboles sin autorización "a demanda de los industriales", además de que también se trafica con la documentación que se otorga a los pobladores para la tala controlada. "En estos dos años se han intensificado estos esquemas en el Cofre de Perote (...) Hay toda una estructura de clandestinaje. Son gente organizada que se dedica a eso y en contraparte no hay ninguna regulación, no hay vigilancia y nos está afectando a nuestros recursos naturales", dijo.

Basta con rodear las zonas norte, oeste y suroeste del Parque Nacional que comprende parte de los municipios de Ayahualulco y Perote para dar cuenta de la explotación de la madera para su uso y comercialización que padece el Cofre. Troncos apilados en los caminos, alfombras de aserrín y camiones cargados de madera son fáciles de observar en la región, sobre todo del lado del municipio de Ayahualulco, donde problema es mayúsculo y evidente para cualquiera que recorra esta zona.

Ahí los habitantes explican que la tala clandestina es propiciada y respaldada por la delincuencia organizada, por lo que nadie se atreve a defender el bosque que les están arrebatando con cada camión cargado de madera. "La delincuencia organizada ya se metió también aquí y ya se ve a la gente armada ingresar por la madera y lo cierto es que tampoco nos podemos poner con ellos", asegura el integrante de uno de los comités comunitarios de protección que existen en la región.

Habilitado como guardia del bosque, el hombre —cuya identidad permanece en resguardo— reconoce que estos esquemas de seguridad comunitaria funcionaron hace unos años cuando la tala se llevaba a cabo de manera individual y esporádica, sin embargo, con la inclusión de integrantes de la delincuencia organizada ya resulta completamente inviable. "Aquí lo que se necesita es una presencia de las fuerzas policiacas, del Ejército o de guardaparques armados porque ya ha habido casos de inspectores forestales que no han regresado", advirtió.

Indicó que aunque el parque nacional cuenta con vigilancia y elementos asignados por la Federación, éstos trabajan en horarios de oficina y de lunes a viernes, por lo que poco o nada hacen para acabar con este mal.

En esto coincide Narave Flores, quien reiteró que la tala en la región es un problema “grave e incontrolable” y a pesar de que los grupos ambientalistas y los académicos lo han denunciado con claridad, "poca ha sido la respuesta" por parte de las autoridades encargadas de prevenir y sancionar. "Es competencia de la Federación, pero tenemos la esperanza de que se trabaje en coordinación del estado y de los municipios porque eso no puede esperar", indicó.

Alertó que aunque sus cifras dan cuenta de la pérdida de más del 50% de la superficie forestal, el daño podría ser aún mayor a esta cifra, toda vez que buena parte de los árboles que dejan en pie los talamontes son aquellas especies viejas, raquíticas o plagadas que no garantizan la reproducción al no contar con semilla o tenerla de menor calidad. "Aunque no se están presentando matarrasas, que es cuando llegan y tiran todos los árboles para sembrar, si se están llevando los árboles gruesos, los más añosos, los más vigorosos, los de mejor conformación y están dejando latizales que son árboles de 10 centímetros de ancho", expuso.

NO TODA LA TALA DEL COFRE DE PEROTE ES ILEGAL

En los patios de las casas ubicadas en las zonas aledañas a la montaña Nauhcampatépetl es común ver troncos de árboles apilados. Las bajas temperaturas que se registran durante buena parte del año hacen necesario calentarse con el uso de fogatas o calentadores de leña. Asimismo, muchas de las casas tienen a la madera de pino como estructura principal sin que este aprovechamiento implique daño ecológico.

Y es que, de acuerdo con Luis Raúl Álvarez Oseguera, director del Parque Nacional Pico de Orizaba y Parque Nacional Cofre de Perote de la Comisión de Nacional de Áreas Naturales Protegidas en esta zona, existe un esquema de aprovechamiento forestal legal que permite a los pobladores de la región obtener ganancias de los bosques a cambio de su cuidado y mantenimiento.

Este modelo es de reciente creación, ya que durante más de 30 años se mantuvo una veda que prohibía todo uso de la madera y esta misma veda pudo haber sido la causante de que hectáreas completas de árboles se derribaran para establecer ahí campos de cultivo con los que los campesinos pudieron obtener ganancias económicas de sus terrenos.

"El bosque ya tiene valor y por ley, si tú trabajas 100 hectáreas de bosque tienes que entregar 100 hectáreas del bosque tras 10 años de aprovechamiento. No puede haber una superficie y esto le da movilidad económica", asegura Álvarez Oseguera.

Por ello, de acuerdo con el funcionario federal, muchos de los aserraderos, camiones y troncos de madera son señales de la economía de la región de Perote pero no propiamente implican ni ilegalidad ni impacto ambiental negativo. "Tiene efectos en la estructura del bosque y afecta a la fauna, pero para eso está el Parque Nacional donde no existe absolutamente ningún permiso de tala y que ahí se resguarda".

El director del Parque Nacional Cofre de Perote reconoce que es necesario reforzar las acciones de vigilancia para garantizar la permanencia de los árboles que existen, así como de los renuevos que se han sembrado en los últimos años.

Sin embargo, la tala ilegal no sólo existe en los perímetros del parque nacional, sino también en el interior del área natural protegida. Cualquier día una persona puede llegar a la cima del Cofre de Perote, a la zona conocida como “las antenas”, sin que ninguna autoridad o vigilancia regule la presencia en este espacio natural.

Y es que, aunque en el camino de acceso existe una caseta de la Dirección del Parque Nacional con una pluma con la finalidad de controlar el acceso de los visitantes y donde se debería ofrecer información general del área natural protegida, ésta no cuenta con personal.

Con buen clima, logramos el ascenso hasta la peña, coincidiendo apenas con un par de investigadores del Instituto de Investigaciones Forestales de la Universidad Veracruzana, a bordo de un vehículo oficial. Desde la cima de esta montaña se puede observar con claridad los daños a la vegetación, espacios a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar convertidos en terrenos de cultivo o pastizales, espacios enormes con apenas unos cuántos árboles, huellas de la tala reciente, así como restos de incendios en los alrededores. El problema dista mucho de estar bajo control.

La vida de tres millones de veracruzanos que dependen de manera directa de los servicios ecosistémicos del Pico de Orizaba y Cofre de Perote se encuentra en riesgo debido a la devastación que sufren ambas montañas. El deterioro ambiental generado por la acción humana en ambas áreas naturales ha generado mayor pobreza a las comunidades que viven en sus inmediaciones, ha puesto en riesgo la captación de agua de lluvia que abastece a más de 35 municipios y favorecido el incremento de desastres naturales.

De acuerdo con las cifras oficiales, en los últimos 100 años se han perdido más de 10 mil hectáreas de bosque, lo que representa un tercio del total de ambas regiones. Esto a su vez se refleja en erosión, pérdida de fauna, arrastre de suelos, reducción del secuestro de carbono, cambios de clima y sobre todo la disminución de mantos acuíferos fundamentales.

El caso más grave de reducción forestal lo presenta el Cofre de Perote con el 52% de su extensión desaparecida, ya que de las 11 mil 530 hectáreas que abarcan el Parque Nacional, poco más de 6 mil ya no tienen árboles. Por su parte, el Pico de Orizaba —la montaña más alta de México— ha perdido 20% de su superficie arbolada y de las 19 mil 750 hectáreas de extensión que posee, 4 mil padecen la deforestación.

TALA DE ÁRBOLES, A LA VISTA DE TODOS

El sonido inconfundible de las sierras eléctricas se escucha por todo el bosque. Junto al canto de los pájaros, el trueno del chirrión para arrear a los borregos y el mugido las vacas; el ruido característico de la deforestación se hace presente en cuanto se comienza el ascenso al Pico de Orizaba o al Cofre de Perote, consideradas como número uno y ocho —respectivamente— en la lista de montañas más altas de México.

Al amparo de la corrupción, el abuso de poder y la impunidad que prevalece en la entidad, la tala clandestina se ha convertido en la principal amenaza de los bosques veracruzanos. A plena luz del día y en zonas transitadas, se puede observar el corte, apilamiento y traslado de miles de árboles sin que ninguna autoridad intervenga. Y es que, de acuerdo con los pobladores de las regiones aledañas, detrás del derribo de árboles se encuentran los intereses económicos de los dueños de medianas y grandes industrias que lucran con la pobreza de los habitantes de estas comunidades.

Bastan apenas unos minutos para derribar árboles a los que les tomó más de cien años crecer. Una vez talados, podados y apilados, las vigas de madera de pino y oyamel —especies endémicas— viajan algunos kilómetros a empresas que ya los esperan para convertirlos en tarimas o cajas para empacar fruta. Otros irán a parar a aserraderos y otros más son esperados por industrias que se valen de la clandestinidad para ahorrar unos pesos en los gastos de producción de muebles e insumos. “Es el final más indigno para un árbol que sirvió durante tantos años”, lamenta un encargado del cuidado de los bosques.

En los últimos años la delincuencia organizada también ha incursionado en el "negocio" de la madera clandestina. Desde hace unos años, el paso de hombres portando armas de grueso calibre y a bordo de camionetas en los perímetros de ambos parques nacionales ha ocasionado terror entre los habitantes de varios municipios, provocando a su vez la desarticulación de la poca organización social que se tenía en la zona. "Es nuestra vida o los árboles", advierten vecinos, quienes se han resignado a entregar su bosque camión por camión.

Basta con recorrer las carreteras y caminos de los seis municipios veracruzanos en los que se encuentran ambas montañas para notar la devastación. Y aunque en algunos espacios se pueden observar árboles de apenas unos centímetros de altura que fueron sembrados de manera reciente, el daño se impone por mucho a la conservación.

“SE NOS ACABA EL BOSQUE”

Don Miguel Ángel vive en la comunidad El Conejo, del municipio de Perote, a las faldas del Cofre. Los 68 años que tiene de vida los ha pasado junto a la montaña. Ahí nació, conoció a su esposa, construyó una casa y vio nacer y crecer a sus cuatro hijos. Ahí también ha sido testigo de la disminución de árboles y de los problemas ambientales que ha traído consigo esto a su comunidad.

"Todos esos huecos que se ven ahí no existían”, asegura mientras apunta su dedo a la inmensidad del bosque que conoce a la perfección. “Todo estaba cundido de pinos y para donde se mirara era verde. Ahora ya todo ha cambiado. Se nos acaba el bosque", advierte.

Foto: René Corrales


El campesino explica que la deforestación de la región se ha dado por varios factores, pero los más graves son la tala legal o ilegal, así como los incendios forestales que en los meses de calor son constantes e incontrolables. Don Miguel se dedica a la siembra de papa principalmente, aunque algunas veces también siembra maíz para el consumo de su familia. Para él, la temporada navideña y de fin de año representa una de las mejores en cuanto a la venta, ya que varios platillos de las cenas incluyen papas, sin embargo, reconoce que los cambios que ha sufrido el suelo y el clima provocan que sus cosechas sean cada vez más bajas y de menor calidad.

Sin dejar de trabajar en sus tierras platica que la pérdida de árboles y fauna que se ha padecido de manera constante en la zona ha ocasionado a su vez cambios en la temperatura de la región, incluso la modificación de las condiciones climáticas. "El clima ha cambiado mucho. Las lluvias son más frecuentes, las heladas a destiempo, los calores más sofocantes y todo eso no sólo nos afecta a nosotros sino a las tierras", indicó.

De acuerdo con el presidente del Consejo Intermunicipal de Ambientalistas AC, Graciano Illescas Téllez, las comunidades asentadas en las faldas del Cofre de Perote son las que primero recibieron las afectaciones de la tala de árboles, ya que desde hace varios años se ha comenzado a presentar erosión del suelo del que dependen para vivir. Indicó que aunado a esto han padecido problemas como la pérdida de fauna de las que se pudieran alimentar, el arrastre de suelos y la pérdida de sus acuíferos.

Sin embargo, asegura que los daños ambientales no sólo afectan a las comunidades aledañas porque hay cerca de un millón de veracruzanos que dependen de manera directa de esta montaña para las acciones de captación de agua y secuestro de carbono. "Hay graves problemas de deterioro que a su vez están generando mayor pobreza a las comunidades que viven en sus inmediaciones, poniendo en riesgo la captación de agua de lluvia que abastece a millones de veracruzanos y favoreciendo el incremento de desastres naturales", dijo.

BOSQUES SON DE TODOS Y DE NADIE

“Aquí no hay ley que valga, el precio de la madera supera cualquier miedo”, aseguran pobladores de la región, quienes son los testigos mudos de la devastación del que consideran su bosque.

Con una superficie de 11 mil 530 hectáreas, el Cofre de Perote se ubica en los municipios de Perote, Ayahualulco, Ixhuacán de los Reyes y Xico, sin embargo, la protección natural que brinda esta montaña abarca también una decena más de municipios, como Xalapa, Coatepec, Teocelo y Las Vigas, entre otros.

Delimitado por el concepto de Parque Nacional, el Cofre de Perote o "Nauhcampatépetl" cuenta con un programa de manejo ambiental establecido en enero de 2015 con el fin de proteger a las 551 especies de flora y fauna silvestre, de las cuales 59 se encuentran bajo alguna categoría de riesgo. Sin embargo, a casi cuatro años de la entrada en vigor del acuerdo para preservar esta área natural protegida, el daño ambiental continúa e incluso ha aumentado según biólogos de la región.

Héctor Narave Flores, catedrático e investigador de la Facultad de Biología de la Universidad Veracruzana, aseguró que aunque durante unos años se controló el problema de la tala clandestina, de 2016 a la fecha el problema regresó y de manera más intensa. Dio a conocer que la mayor parte de la devastación en la zona del Cofre de Perote es realizada por personas de otros municipios e incluso de estados como Puebla y Tlaxcala que cometen estos ilícitos sin que las autoridades hagan algo por detenerlos. “Ante la insuficiencia de las instancias normativas en la zona se ha intensificado de manera fuerte y severa", apuntó.

El exdirector de la Facultad de Biología de la UV explicó que los pobladores de la región también llevan a cabo acciones de tala de árboles sin autorización "a demanda de los industriales", además de que también se trafica con la documentación que se otorga a los pobladores para la tala controlada. "En estos dos años se han intensificado estos esquemas en el Cofre de Perote (...) Hay toda una estructura de clandestinaje. Son gente organizada que se dedica a eso y en contraparte no hay ninguna regulación, no hay vigilancia y nos está afectando a nuestros recursos naturales", dijo.

Basta con rodear las zonas norte, oeste y suroeste del Parque Nacional que comprende parte de los municipios de Ayahualulco y Perote para dar cuenta de la explotación de la madera para su uso y comercialización que padece el Cofre. Troncos apilados en los caminos, alfombras de aserrín y camiones cargados de madera son fáciles de observar en la región, sobre todo del lado del municipio de Ayahualulco, donde problema es mayúsculo y evidente para cualquiera que recorra esta zona.

Ahí los habitantes explican que la tala clandestina es propiciada y respaldada por la delincuencia organizada, por lo que nadie se atreve a defender el bosque que les están arrebatando con cada camión cargado de madera. "La delincuencia organizada ya se metió también aquí y ya se ve a la gente armada ingresar por la madera y lo cierto es que tampoco nos podemos poner con ellos", asegura el integrante de uno de los comités comunitarios de protección que existen en la región.

Habilitado como guardia del bosque, el hombre —cuya identidad permanece en resguardo— reconoce que estos esquemas de seguridad comunitaria funcionaron hace unos años cuando la tala se llevaba a cabo de manera individual y esporádica, sin embargo, con la inclusión de integrantes de la delincuencia organizada ya resulta completamente inviable. "Aquí lo que se necesita es una presencia de las fuerzas policiacas, del Ejército o de guardaparques armados porque ya ha habido casos de inspectores forestales que no han regresado", advirtió.

Indicó que aunque el parque nacional cuenta con vigilancia y elementos asignados por la Federación, éstos trabajan en horarios de oficina y de lunes a viernes, por lo que poco o nada hacen para acabar con este mal.

En esto coincide Narave Flores, quien reiteró que la tala en la región es un problema “grave e incontrolable” y a pesar de que los grupos ambientalistas y los académicos lo han denunciado con claridad, "poca ha sido la respuesta" por parte de las autoridades encargadas de prevenir y sancionar. "Es competencia de la Federación, pero tenemos la esperanza de que se trabaje en coordinación del estado y de los municipios porque eso no puede esperar", indicó.

Alertó que aunque sus cifras dan cuenta de la pérdida de más del 50% de la superficie forestal, el daño podría ser aún mayor a esta cifra, toda vez que buena parte de los árboles que dejan en pie los talamontes son aquellas especies viejas, raquíticas o plagadas que no garantizan la reproducción al no contar con semilla o tenerla de menor calidad. "Aunque no se están presentando matarrasas, que es cuando llegan y tiran todos los árboles para sembrar, si se están llevando los árboles gruesos, los más añosos, los más vigorosos, los de mejor conformación y están dejando latizales que son árboles de 10 centímetros de ancho", expuso.

NO TODA LA TALA DEL COFRE DE PEROTE ES ILEGAL

En los patios de las casas ubicadas en las zonas aledañas a la montaña Nauhcampatépetl es común ver troncos de árboles apilados. Las bajas temperaturas que se registran durante buena parte del año hacen necesario calentarse con el uso de fogatas o calentadores de leña. Asimismo, muchas de las casas tienen a la madera de pino como estructura principal sin que este aprovechamiento implique daño ecológico.

Y es que, de acuerdo con Luis Raúl Álvarez Oseguera, director del Parque Nacional Pico de Orizaba y Parque Nacional Cofre de Perote de la Comisión de Nacional de Áreas Naturales Protegidas en esta zona, existe un esquema de aprovechamiento forestal legal que permite a los pobladores de la región obtener ganancias de los bosques a cambio de su cuidado y mantenimiento.

Este modelo es de reciente creación, ya que durante más de 30 años se mantuvo una veda que prohibía todo uso de la madera y esta misma veda pudo haber sido la causante de que hectáreas completas de árboles se derribaran para establecer ahí campos de cultivo con los que los campesinos pudieron obtener ganancias económicas de sus terrenos.

"El bosque ya tiene valor y por ley, si tú trabajas 100 hectáreas de bosque tienes que entregar 100 hectáreas del bosque tras 10 años de aprovechamiento. No puede haber una superficie y esto le da movilidad económica", asegura Álvarez Oseguera.

Por ello, de acuerdo con el funcionario federal, muchos de los aserraderos, camiones y troncos de madera son señales de la economía de la región de Perote pero no propiamente implican ni ilegalidad ni impacto ambiental negativo. "Tiene efectos en la estructura del bosque y afecta a la fauna, pero para eso está el Parque Nacional donde no existe absolutamente ningún permiso de tala y que ahí se resguarda".

El director del Parque Nacional Cofre de Perote reconoce que es necesario reforzar las acciones de vigilancia para garantizar la permanencia de los árboles que existen, así como de los renuevos que se han sembrado en los últimos años.

Sin embargo, la tala ilegal no sólo existe en los perímetros del parque nacional, sino también en el interior del área natural protegida. Cualquier día una persona puede llegar a la cima del Cofre de Perote, a la zona conocida como “las antenas”, sin que ninguna autoridad o vigilancia regule la presencia en este espacio natural.

Y es que, aunque en el camino de acceso existe una caseta de la Dirección del Parque Nacional con una pluma con la finalidad de controlar el acceso de los visitantes y donde se debería ofrecer información general del área natural protegida, ésta no cuenta con personal.

Con buen clima, logramos el ascenso hasta la peña, coincidiendo apenas con un par de investigadores del Instituto de Investigaciones Forestales de la Universidad Veracruzana, a bordo de un vehículo oficial. Desde la cima de esta montaña se puede observar con claridad los daños a la vegetación, espacios a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar convertidos en terrenos de cultivo o pastizales, espacios enormes con apenas unos cuántos árboles, huellas de la tala reciente, así como restos de incendios en los alrededores. El problema dista mucho de estar bajo control.

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