/ miércoles 5 de febrero de 2020

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La Ecología de la Reconciliación se dedica al estudio y desarrollo de estrategias para promover la biodiversidad en el 90% de los ecosistemas terrestres que eventualmente podrían estar dominados por las actividades humanas

La relación especies/área expresa el número de especies que alberga un territorio en función de su tamaño, y describe regularidades que sugieren posibles estrategias para salvaguardar la biodiversidad del planeta. No muy sorprendentemente, el número de especies aumenta conforme se incrementa la superficie del territorio. Ya no resulta tan intuitivo el hecho de que la tasa a la que se acumulan o se pierden especies, cambia entre tipos de territorios.

La inclinación de la línea (recta, cuando transformamos por su logaritmo los datos de número de especies y área) que describe el cambio en el número de especies entre regiones de un área continental es pequeña, entre islas de un archipiélago es intermedia, y entre provincias o continentes alcanza un máximo de alrededor del 100%, indicando que la tasa de pérdida o ganancia de especies equivale a la proporción de cambio en el tamaño del territorio.

La diferente inclinación se debe a la posibilidad de movimiento de los seres vivos, que es máxima entre áreas del mismo continente, intermedia entre islas, y prácticamente nula entre provincias o continentes. Las áreas naturales, conforme se van reduciendo de tamaño y aislando de otras ante el avance de los paisajes humanizados, se acaban comportando como mini continentes entre los que no hay dispersión de vida silvestre, situándose en la línea de la relación especies/área del 100%.

Malas noticias para la conservación de la biodiversidad manteniéndola en áreas naturales protegidas, ya que el 5% de la superficie terrestre que la humanidad parece estar dispuesta a conservar, más un 5% que podríamos restaurar, tan sólo podría salvaguardar un 10% de las especies del planeta.

La Ecología de la Reconciliación, bautizada en 2003 por el ecólogo Michael Rosenzweig, se dedica al estudio y desarrollo de estrategias para promover la biodiversidad en el 90% de los ecosistemas terrestres que eventualmente podrían estar dominados por las actividades humanas. La amigabilidad de estos sistemas reconciliados facilita la dispersión de la biodiversidad, aumentando la conectividad y reduciendo el aislamiento de las áreas de conservación, movilizando la capacidad de mantener diversidad desde la relación especies/área intercontinental a la intracontinental.

Las estrategias de ecología reconciliadora son muy diversas en cuanto a las especies en que se enfocan y los tipos de ecosistemas y la escala espacial a la que se aplican. Los sistemas agrícolas y ganaderos tienen un gran potencial reconciliador. Por ejemplo, en cafetales y otros cultivos frutales, el manejo rústico, con conservación del dosel arbóreo, cercas vivas y setos con arbustos y árboles nativos, facilita la presencia de una fracción importante de la biodiversidad regional.

Las cercas vivas y árboles dispersos aumentan la capacidad de mantener biodiversidad en paisajes agrícolas y potreros. Los productores encuentran beneficios en la diversificación, en los aportes de alimento para el ganado por la vegetación nativa y en el control de plagas por depredadores naturales. En plantaciones forestales, la diversificación de árboles y arbustos nativos ofrece refugio y alimento a la fauna.

La preservación de una cierta cantidad de árboles viejos con huecos y la instalación de refugios artificiales facilita la permanencia de muchos animales que necesitan refugios donde guarecerse. La producción forestal se beneficia de estos manejos, pues la fauna ayuda a controlar plagas, y la vida silvestre puede proporcionar recursos alimenticios o materiales adicionales.

También en los ecosistemas más inhóspitos para la vida silvestre, como los urbanos e industriales, hay oportunidades de reconciliación. Los parques, banquetas, márgenes de arroyos y canales, patios y jardines pueden mantener áreas de vegetación nativa, que atraen y mantienen fauna regional, y sirven como corredores bióticos entre las áreas verdes y los ecosistemas naturales o reconciliados de la periferia urbana. En algunas ciudades florecen las azoteas verdes, que sirven de escalones intermedios para la dispersión de flora y fauna.

La segmentación del paisaje por las vías de comunicación y la mortalidad causada por el tráfico rodado es un problema muy importante para la fauna mediana en áreas urbanas y suburbanas, que se puede resolver mediante la instalación de pasos de fauna aéreos o subterráneos. La población urbana recibe cuantiosos beneficios en ciudades reconciliadas, entre ellos la regulación de la temperatura y el clima local, los servicios ambientales de captación de agua y purificación del aire, el control de patógenos, y la educación ambiental y el bienestar físico y psicológico del contacto con la biodiversidad.

La reconciliación puede requerir acciones muy enfocadas a especies particulares que desaparecen de los ecosistemas humanizados por la falta de un recurso clave o la presencia de una amenaza grave. Por ejemplo, muchas aves y murciélagos necesitan refugios para la reproducción, o para protegerse de inclemencias ambientales y depredadores, los cuales escasean en paisajes humanizados, pero se pueden suplir con alternativas artificiales.

Los gatos representan una amenaza muy grave para las aves y otros pequeños vertebrados que matan, comprometiendo su existencia en ecosistemas humanizados, pero el problema desaparece si las mascotas no deambulan por el espacio público. Algunas estructuras arquitectónicas pueden resultar en trampas letales.

Por ejemplo, las aves se estrellan contra los vidrios de los edificios al confundir el reflejo como un paisaje profundo, y mamíferos, reptiles y anfibios se ahogan en estanques, albercas, y en balsas y canales de riego. Pequeños cambios en el diseño de estas estructuras pueden evitar esa mortalidad. La ecología de la reconciliación puede ser practicada por cada ciudadano. Sin embargo, su progreso se beneficia de la guía, planificación y promoción por las agencias ambientales de gobiernos y municipios.

Xalapa, ciudad capital del estado de Veracruz, tiene el privilegio de estar rodeada de extensos bosques y cafetales arbolados, y de contar con una serie de áreas naturales protegidas en el interior y la periferia de la mancha urbana. Sin embargo, en los bosques faltan especies con alto valor simbólico, y muy importantes para su adecuado funcionamiento ecológico, y las áreas naturales protegidas inmersas en la ciudad presentan comunidades bióticas empobrecidas, ya que son pequeñas y están aisladas (Figura 3).

Una acción decidida en ecología reconciliadora, mediante la creación de corredores de vegetación nativa a lo largo de avenidas y arroyos, la transformación de parques, lotes baldíos, cementerios, jardines, traspatios y azoteas en pequeñas áreas verdes, y la reconversión amigable de las tierras agrícolas y ganaderas aledañas, aumentaría el área capaz de albergar biodiversidad y la conectividad de áreas protegidas, restauradas y reconciliadas, permitiendo la supervivencia de la vida silvestre y sus servicios a largo plazo.

La reconciliación, junto con la conformación de reservas y la restauración de paisajes, ofrece la posibilidad de conformar grandes áreas amigables para la biodiversidad interconectadas entre sí, retornando a la relación especies/área intracontinental que permite albergar un máximo de biodiversidad.

antonio.guillen@inecol.mx

La relación especies/área expresa el número de especies que alberga un territorio en función de su tamaño, y describe regularidades que sugieren posibles estrategias para salvaguardar la biodiversidad del planeta. No muy sorprendentemente, el número de especies aumenta conforme se incrementa la superficie del territorio. Ya no resulta tan intuitivo el hecho de que la tasa a la que se acumulan o se pierden especies, cambia entre tipos de territorios.

La inclinación de la línea (recta, cuando transformamos por su logaritmo los datos de número de especies y área) que describe el cambio en el número de especies entre regiones de un área continental es pequeña, entre islas de un archipiélago es intermedia, y entre provincias o continentes alcanza un máximo de alrededor del 100%, indicando que la tasa de pérdida o ganancia de especies equivale a la proporción de cambio en el tamaño del territorio.

La diferente inclinación se debe a la posibilidad de movimiento de los seres vivos, que es máxima entre áreas del mismo continente, intermedia entre islas, y prácticamente nula entre provincias o continentes. Las áreas naturales, conforme se van reduciendo de tamaño y aislando de otras ante el avance de los paisajes humanizados, se acaban comportando como mini continentes entre los que no hay dispersión de vida silvestre, situándose en la línea de la relación especies/área del 100%.

Malas noticias para la conservación de la biodiversidad manteniéndola en áreas naturales protegidas, ya que el 5% de la superficie terrestre que la humanidad parece estar dispuesta a conservar, más un 5% que podríamos restaurar, tan sólo podría salvaguardar un 10% de las especies del planeta.

La Ecología de la Reconciliación, bautizada en 2003 por el ecólogo Michael Rosenzweig, se dedica al estudio y desarrollo de estrategias para promover la biodiversidad en el 90% de los ecosistemas terrestres que eventualmente podrían estar dominados por las actividades humanas. La amigabilidad de estos sistemas reconciliados facilita la dispersión de la biodiversidad, aumentando la conectividad y reduciendo el aislamiento de las áreas de conservación, movilizando la capacidad de mantener diversidad desde la relación especies/área intercontinental a la intracontinental.

Las estrategias de ecología reconciliadora son muy diversas en cuanto a las especies en que se enfocan y los tipos de ecosistemas y la escala espacial a la que se aplican. Los sistemas agrícolas y ganaderos tienen un gran potencial reconciliador. Por ejemplo, en cafetales y otros cultivos frutales, el manejo rústico, con conservación del dosel arbóreo, cercas vivas y setos con arbustos y árboles nativos, facilita la presencia de una fracción importante de la biodiversidad regional.

Las cercas vivas y árboles dispersos aumentan la capacidad de mantener biodiversidad en paisajes agrícolas y potreros. Los productores encuentran beneficios en la diversificación, en los aportes de alimento para el ganado por la vegetación nativa y en el control de plagas por depredadores naturales. En plantaciones forestales, la diversificación de árboles y arbustos nativos ofrece refugio y alimento a la fauna.

La preservación de una cierta cantidad de árboles viejos con huecos y la instalación de refugios artificiales facilita la permanencia de muchos animales que necesitan refugios donde guarecerse. La producción forestal se beneficia de estos manejos, pues la fauna ayuda a controlar plagas, y la vida silvestre puede proporcionar recursos alimenticios o materiales adicionales.

También en los ecosistemas más inhóspitos para la vida silvestre, como los urbanos e industriales, hay oportunidades de reconciliación. Los parques, banquetas, márgenes de arroyos y canales, patios y jardines pueden mantener áreas de vegetación nativa, que atraen y mantienen fauna regional, y sirven como corredores bióticos entre las áreas verdes y los ecosistemas naturales o reconciliados de la periferia urbana. En algunas ciudades florecen las azoteas verdes, que sirven de escalones intermedios para la dispersión de flora y fauna.

La segmentación del paisaje por las vías de comunicación y la mortalidad causada por el tráfico rodado es un problema muy importante para la fauna mediana en áreas urbanas y suburbanas, que se puede resolver mediante la instalación de pasos de fauna aéreos o subterráneos. La población urbana recibe cuantiosos beneficios en ciudades reconciliadas, entre ellos la regulación de la temperatura y el clima local, los servicios ambientales de captación de agua y purificación del aire, el control de patógenos, y la educación ambiental y el bienestar físico y psicológico del contacto con la biodiversidad.

La reconciliación puede requerir acciones muy enfocadas a especies particulares que desaparecen de los ecosistemas humanizados por la falta de un recurso clave o la presencia de una amenaza grave. Por ejemplo, muchas aves y murciélagos necesitan refugios para la reproducción, o para protegerse de inclemencias ambientales y depredadores, los cuales escasean en paisajes humanizados, pero se pueden suplir con alternativas artificiales.

Los gatos representan una amenaza muy grave para las aves y otros pequeños vertebrados que matan, comprometiendo su existencia en ecosistemas humanizados, pero el problema desaparece si las mascotas no deambulan por el espacio público. Algunas estructuras arquitectónicas pueden resultar en trampas letales.

Por ejemplo, las aves se estrellan contra los vidrios de los edificios al confundir el reflejo como un paisaje profundo, y mamíferos, reptiles y anfibios se ahogan en estanques, albercas, y en balsas y canales de riego. Pequeños cambios en el diseño de estas estructuras pueden evitar esa mortalidad. La ecología de la reconciliación puede ser practicada por cada ciudadano. Sin embargo, su progreso se beneficia de la guía, planificación y promoción por las agencias ambientales de gobiernos y municipios.

Xalapa, ciudad capital del estado de Veracruz, tiene el privilegio de estar rodeada de extensos bosques y cafetales arbolados, y de contar con una serie de áreas naturales protegidas en el interior y la periferia de la mancha urbana. Sin embargo, en los bosques faltan especies con alto valor simbólico, y muy importantes para su adecuado funcionamiento ecológico, y las áreas naturales protegidas inmersas en la ciudad presentan comunidades bióticas empobrecidas, ya que son pequeñas y están aisladas (Figura 3).

Una acción decidida en ecología reconciliadora, mediante la creación de corredores de vegetación nativa a lo largo de avenidas y arroyos, la transformación de parques, lotes baldíos, cementerios, jardines, traspatios y azoteas en pequeñas áreas verdes, y la reconversión amigable de las tierras agrícolas y ganaderas aledañas, aumentaría el área capaz de albergar biodiversidad y la conectividad de áreas protegidas, restauradas y reconciliadas, permitiendo la supervivencia de la vida silvestre y sus servicios a largo plazo.

La reconciliación, junto con la conformación de reservas y la restauración de paisajes, ofrece la posibilidad de conformar grandes áreas amigables para la biodiversidad interconectadas entre sí, retornando a la relación especies/área intracontinental que permite albergar un máximo de biodiversidad.

antonio.guillen@inecol.mx

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