/ sábado 3 de octubre de 2020

Inicié de bailarina cuando había prejuicios: Carmen Pineda

Además de ser bailarina y coreógrafa, durante 25 años dio clases en su propia academia de ballet clásico

Xalapa, Ver.- A los 79 años, las anécdotas y los recuerdos de Carmen Pineda suceden uno tras otro. Igual las lágrimas, y en las palabras hay un cúmulo de sentimientos: alegría, nostalgia, tristeza, satisfacción. ¿Y cómo no? Si además de ser reconocida como docente de ballet, se trata de la primera bailarina del puerto de Veracruz que bailó con un varón (Alberto Pérez), algo que antes era mal visto.

Carmen Pineda se formó artísticamente en una época en la cual había prejuicios y críticas. Los tiempos eran otros, dice en entrevista, para luego compartir su admiración por el desarrollo y la estética actual de las extensiones, porque antes, “¡Cómo una niña o señorita iba a abrir así las piernas!”.

La trayectoria de Carmelita inició a la edad de siete años, a finales de la década de los 40 del siglo pasado, con la llegada al Puerto de Veracruz de Pedro Ruiz de la Sota. Al lado de su maestro y de otros artistas que tenían breves estancias, procedentes de Bellas Artes, fue adquiriendo conocimiento y técnica.

Hablar de sus presentaciones requeriría mucho espacio. “Todo es importante, todo tiene algo especial”. Sin embargo, menciona que las funciones en el Teatro Felipe Carrillo Puerto —Teatro Clavijero— le dejaron grandes satisfacciones.

Bailó el “Cascanueces”, “El lago de los cisnes” y del “Quijote”, al lado de Miguel Matamoros, aún recuerda vívidamente el aplauso del público, que se mantuvo de pie.

Además de aprender de Ruiz de la Sota y formar parte del ballet del ayuntamiento, lo cual le dio oportunidad de tener presencia en todas las fiestas con cuadros de folclor y otras danzas, Carmelita fue integrante del ballet del laureado coreógrafo y pedagogo venezolano Tulio de la Rosa.

Apasionada de la música y la danza, llegó el momento en el cual dedicó su tiempo a la docencia. Impartió clases de ballet en el Colegio La Paz (antes Josefino). Allí trabajaba con 12 grupos de primaria, con niños y niñas.

Cortesía | Carmen Pineda

Ella se encargaba de hacer las adaptaciones de cuentos clásicos como “Alicia en el país de las maravillas”, “El mago de Oz”, “Pinocho”, “Blanca Nieves y los Siete Enanos”, entre otros.

Escribía los diálogos, escogía la música, la escenografía y la función era en el Teatro Francisco Javier Clavijero

Con cariño, también evoca su paso como maestra en el Instituto América y en la Escuela Municipal de Bellas Artes. Posteriormente fundó y dirigió su propio estudio, la Academia de Danza Carmelita Pineda, desde donde coordinaba festivales anuales.

Sostener espacios para el arte siempre ha tenido ciertas complejidades, afirma, aunque también cree que es más importante la persistencia. En su caso, después de 25 años de sostener su escuela, se retiró. La renta y la disminución de interés —en ese momento— por el ballet clásico la llevaron a concluir esa etapa. No sin pesar, pues se trataba de su proyecto de vida.

“Lloré mucho y tardé en recuperarme. Me encerré como un año… Después empecé a tener problemas de artritis”, expresa quien también fue coreógrafa y profesora de gimnasia.

Hoy, Carmelita radica en Veracruz, la misma ciudad que la vio nacer el 24 de julio de 1941 y donde formó su familia, al lado de Vicente Suárez, con quien tuvo a sus dos hijos, Hugo Francisco y Gabriela del Carmen.

Emocionada, declara vivir ahora la danza a través de sus nietas, en quienes ve con sorpresa la evolución de una manifestación artística de la cual ella forma parte de los orígenes de la historia estatal.

Xalapa, Ver.- A los 79 años, las anécdotas y los recuerdos de Carmen Pineda suceden uno tras otro. Igual las lágrimas, y en las palabras hay un cúmulo de sentimientos: alegría, nostalgia, tristeza, satisfacción. ¿Y cómo no? Si además de ser reconocida como docente de ballet, se trata de la primera bailarina del puerto de Veracruz que bailó con un varón (Alberto Pérez), algo que antes era mal visto.

Carmen Pineda se formó artísticamente en una época en la cual había prejuicios y críticas. Los tiempos eran otros, dice en entrevista, para luego compartir su admiración por el desarrollo y la estética actual de las extensiones, porque antes, “¡Cómo una niña o señorita iba a abrir así las piernas!”.

La trayectoria de Carmelita inició a la edad de siete años, a finales de la década de los 40 del siglo pasado, con la llegada al Puerto de Veracruz de Pedro Ruiz de la Sota. Al lado de su maestro y de otros artistas que tenían breves estancias, procedentes de Bellas Artes, fue adquiriendo conocimiento y técnica.

Hablar de sus presentaciones requeriría mucho espacio. “Todo es importante, todo tiene algo especial”. Sin embargo, menciona que las funciones en el Teatro Felipe Carrillo Puerto —Teatro Clavijero— le dejaron grandes satisfacciones.

Bailó el “Cascanueces”, “El lago de los cisnes” y del “Quijote”, al lado de Miguel Matamoros, aún recuerda vívidamente el aplauso del público, que se mantuvo de pie.

Además de aprender de Ruiz de la Sota y formar parte del ballet del ayuntamiento, lo cual le dio oportunidad de tener presencia en todas las fiestas con cuadros de folclor y otras danzas, Carmelita fue integrante del ballet del laureado coreógrafo y pedagogo venezolano Tulio de la Rosa.

Apasionada de la música y la danza, llegó el momento en el cual dedicó su tiempo a la docencia. Impartió clases de ballet en el Colegio La Paz (antes Josefino). Allí trabajaba con 12 grupos de primaria, con niños y niñas.

Cortesía | Carmen Pineda

Ella se encargaba de hacer las adaptaciones de cuentos clásicos como “Alicia en el país de las maravillas”, “El mago de Oz”, “Pinocho”, “Blanca Nieves y los Siete Enanos”, entre otros.

Escribía los diálogos, escogía la música, la escenografía y la función era en el Teatro Francisco Javier Clavijero

Con cariño, también evoca su paso como maestra en el Instituto América y en la Escuela Municipal de Bellas Artes. Posteriormente fundó y dirigió su propio estudio, la Academia de Danza Carmelita Pineda, desde donde coordinaba festivales anuales.

Sostener espacios para el arte siempre ha tenido ciertas complejidades, afirma, aunque también cree que es más importante la persistencia. En su caso, después de 25 años de sostener su escuela, se retiró. La renta y la disminución de interés —en ese momento— por el ballet clásico la llevaron a concluir esa etapa. No sin pesar, pues se trataba de su proyecto de vida.

“Lloré mucho y tardé en recuperarme. Me encerré como un año… Después empecé a tener problemas de artritis”, expresa quien también fue coreógrafa y profesora de gimnasia.

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