/ viernes 16 de octubre de 2020

En nombre de Cuitláhuac

En nombre de “la lealtad ciega” al gobernador, par de diputados locales se lanzaron al palenque.

En contra, Gonzalo Guízar Valladares. A favor, Amado de Jesús Cruz Malpica. Uno, negando que en dos años los delitos bajaran. Y el otro, asegurando que Veracruz es ya, ya, ya, el paraíso terrenal.

Y que, además, el góber machetero cumplió su promesa de pacificar Veracruz en par de años cuando, caray, a Fernando Gutiérrez Barrios significó cuarenta días.Gonzalo Guízar fue priista y panista y ahora es del PES. O era, parece. Cruz Malpica toda su vida ha sido de izquierda. Antes, del PRD. Hoy, de Morena. Pero el destino político de ambos se empalma, pues sueñan con la candidatura a presidente municipal de Coatzacoalcos y ganar en las urnas.

Guízar es oposición a Morena y por eso mismo dispara “rayos y centellas” contra el góber. Cruz Malpica es de Morena y muestra con su lealtad ciega el principio universal de Morena. “Va mi espada en prenda y voy por ella”.

Académico en la Universidad Veracruzana desde hace más de veinte años, exitoso abogado laborista defendiendo las mejores causas, entre ellas, a los pobres, y con frecuencia, sin cobrar un centavo, Cruz Malpica fue arrinconado en el Congreso local por Cuitláhuac García.

Incluso, el diputado de Morena con mayor fogueo y experiencia, formación académica y vida partidista, uno de los más respetado en el estado de Veracruz, fue enviado a una comisión intrascendente en la LXV Legislatura en vez de ocupar, digamos, la Junta de Coordinación Política.

Incluso, ni siquiera, vaya, la presidencia de la Mesa Directiva, y en donde el góber impuso a uno de los diputados sin biografía política ni social.

Juan Maldonado Pereda tenía razón: “En política nunca llega el más capaz, sino el que más conviene”.

Y, sin embargo, resulta insólita su “lealtad ciega” al góber.

La inseguridad, la incertidumbre y la zozobra fue el punto del desencuentro, cada uno con su cajetilla de fósforos ante un polvorín creciente y descarrilado, fuera de control.

El sur, Coatzacoalcos, es el infierno. Tiradero de violencia y tiradero de cadáveres y tiradero de impunidad, con todo y Guardia Nacional y Fuerza Civil y policías municipales.

Pero, bueno, en nombre de “la lealtad ciega” cada uno tiene su Coatzacoalcos. La presidencia municipal fermenta las pasioncillas entre uno y otro, más otros actores soñando con la silla embrujada del palacio como, por ejemplo, la diputada Mónica Robles Barajas, cuyo esposo, Iván Hillman Chapoy ya lo fue.

Con Víctor Carranza, Morena entró al palacio. Pero es un desencanto social, entre otras cositas, por el pleito legendario con la síndica y porque baila cumbia tirado al piso y porque el oleaje de violencia se ha disparado.

En el zipizape verbal con Gonzalo Guízar, Cruz Malpica defendió lo indefendible. Bastaría recordar el tiempo aquel cuando una población creciente se lanzó a la resistencia pacífica molesta, irritada, furiosa con la inseguridad.

Plantones, marchas, discursos incendiarios, desplegados, bloque de la oficina del gobierno de Veracruz en la Ciudad de México, cartas a la ONU, plataforma digital, a todo recurrieron para devolver la tranquilidad al pueblo. De pronto, callaron. Sus razones tendrían. Quizá las presiones, las intimidaciones, las amenazas, porque Coatzacoalcos está convertido en uno de los peores lugares, no de Veracruz, sino del país, para vivir.

En nombre de “la lealtad ciega” al gobernador, par de diputados locales se lanzaron al palenque.

En contra, Gonzalo Guízar Valladares. A favor, Amado de Jesús Cruz Malpica. Uno, negando que en dos años los delitos bajaran. Y el otro, asegurando que Veracruz es ya, ya, ya, el paraíso terrenal.

Y que, además, el góber machetero cumplió su promesa de pacificar Veracruz en par de años cuando, caray, a Fernando Gutiérrez Barrios significó cuarenta días.Gonzalo Guízar fue priista y panista y ahora es del PES. O era, parece. Cruz Malpica toda su vida ha sido de izquierda. Antes, del PRD. Hoy, de Morena. Pero el destino político de ambos se empalma, pues sueñan con la candidatura a presidente municipal de Coatzacoalcos y ganar en las urnas.

Guízar es oposición a Morena y por eso mismo dispara “rayos y centellas” contra el góber. Cruz Malpica es de Morena y muestra con su lealtad ciega el principio universal de Morena. “Va mi espada en prenda y voy por ella”.

Académico en la Universidad Veracruzana desde hace más de veinte años, exitoso abogado laborista defendiendo las mejores causas, entre ellas, a los pobres, y con frecuencia, sin cobrar un centavo, Cruz Malpica fue arrinconado en el Congreso local por Cuitláhuac García.

Incluso, el diputado de Morena con mayor fogueo y experiencia, formación académica y vida partidista, uno de los más respetado en el estado de Veracruz, fue enviado a una comisión intrascendente en la LXV Legislatura en vez de ocupar, digamos, la Junta de Coordinación Política.

Incluso, ni siquiera, vaya, la presidencia de la Mesa Directiva, y en donde el góber impuso a uno de los diputados sin biografía política ni social.

Juan Maldonado Pereda tenía razón: “En política nunca llega el más capaz, sino el que más conviene”.

Y, sin embargo, resulta insólita su “lealtad ciega” al góber.

La inseguridad, la incertidumbre y la zozobra fue el punto del desencuentro, cada uno con su cajetilla de fósforos ante un polvorín creciente y descarrilado, fuera de control.

El sur, Coatzacoalcos, es el infierno. Tiradero de violencia y tiradero de cadáveres y tiradero de impunidad, con todo y Guardia Nacional y Fuerza Civil y policías municipales.

Pero, bueno, en nombre de “la lealtad ciega” cada uno tiene su Coatzacoalcos. La presidencia municipal fermenta las pasioncillas entre uno y otro, más otros actores soñando con la silla embrujada del palacio como, por ejemplo, la diputada Mónica Robles Barajas, cuyo esposo, Iván Hillman Chapoy ya lo fue.

Con Víctor Carranza, Morena entró al palacio. Pero es un desencanto social, entre otras cositas, por el pleito legendario con la síndica y porque baila cumbia tirado al piso y porque el oleaje de violencia se ha disparado.

En el zipizape verbal con Gonzalo Guízar, Cruz Malpica defendió lo indefendible. Bastaría recordar el tiempo aquel cuando una población creciente se lanzó a la resistencia pacífica molesta, irritada, furiosa con la inseguridad.

Plantones, marchas, discursos incendiarios, desplegados, bloque de la oficina del gobierno de Veracruz en la Ciudad de México, cartas a la ONU, plataforma digital, a todo recurrieron para devolver la tranquilidad al pueblo. De pronto, callaron. Sus razones tendrían. Quizá las presiones, las intimidaciones, las amenazas, porque Coatzacoalcos está convertido en uno de los peores lugares, no de Veracruz, sino del país, para vivir.