/ viernes 18 de septiembre de 2020

La isla de las mujeres

Hay en Coatzacoalcos una isla. Una isla porque significa un hecho excepcional en el estado de Veracruz con los 212 municipios.

Es una isla para las mujeres sujeto y objeto de la violencia doméstica. Depende de una ONG, fundación, llamada Movimiento de Asistencia a la Mujer. Y dan abrigo y protección, incluso, a la familia completa, cuando a sus puertas toca una mujer golpeada por la pareja.

El machismo, en el más alto decibel, multiplicado en el tiempo del coronavirus. Siete meses en que vamos acuartelados, los hombres endurecidos, desquitándose con la pareja.

Mucho se duda que en el resto de Veracruz existiera un paraíso terrenal así. Y es que una cosita es la violencia doméstica, y otra, que la violencia familiar derive en feminicidios y mujeres asesinadas. Lo peor: mujeres secuestradas, desaparecidas, ultrajadas, ejecutadas, cercenadas, decapitadas, arrojados los cadáveres en los ríos para flotar aguas abajo, en las calles y carreteras y en medio de los cañaverales.

Un mundo caótico para la población femenina. Nunca como hoy las mujeres victimizadas con tanta intensidad, saña y barbarie.

La capacidad del albergue para las mujeres golpeadas en Coatzacoalcos es mínima, por ahora. Y siempre está ocupada y poblada, digamos, al máximo. Más, porque si una señora pide socorro con todo y familia es asilada. Y ahí permanece cuidada, protegida, alimentada y asistida mientras dure, digamos, el proceso ante la ley. El machismo está canijo. Y en todos los niveles. Clases baja y media, pero también, alta. Mujeres urbanas y suburbanas y mujeres rurales e indígenas. Solteras. Casadas. Divorciadas.

Los expertos dicen que la mayor parte del origen de los feminicidios está en la violencia doméstica. Posible. Pero… en el caso de las últimas mujeres ejecutadas otras son, parecen ser, las causas. En Zozocolco, la chica de 18 años, Heidi, secuestrada, desaparecida y asesinada cuando la familia fue incapaz de reunir los 5 millones de pesos del rescate.

En el caso de la maestra asesinada en Amatlán, así no más. Incluso, la mataron delante de la hija. Y en el caso de la señora asesinada con su esposo en Astacinga, el robo. El robo, caray, en una región de Veracruz, en la total miseria y pobreza.

Pero más allá de que así pudiera, entonces, y como cada tribu política en el poder ha sido insuficiente para combatir con resultados el machismo, entonces, solo resta esperar un milagro social con albergues de asistencia para la mujer en desventaja ante la pareja. Y al mismo tiempo, la asesoría jurídica para su legítima defensa.

En el siglo pasado, en las facultades de Leyes los estudiantes de años superiores daban asistencia jurídica gratuita a las personas necesitadas, como el caso. Un día, sin embargo, dejó de tener sentido para la universidad y la quitaron.

Hay en Coatzacoalcos una isla. Una isla porque significa un hecho excepcional en el estado de Veracruz con los 212 municipios.

Es una isla para las mujeres sujeto y objeto de la violencia doméstica. Depende de una ONG, fundación, llamada Movimiento de Asistencia a la Mujer. Y dan abrigo y protección, incluso, a la familia completa, cuando a sus puertas toca una mujer golpeada por la pareja.

El machismo, en el más alto decibel, multiplicado en el tiempo del coronavirus. Siete meses en que vamos acuartelados, los hombres endurecidos, desquitándose con la pareja.

Mucho se duda que en el resto de Veracruz existiera un paraíso terrenal así. Y es que una cosita es la violencia doméstica, y otra, que la violencia familiar derive en feminicidios y mujeres asesinadas. Lo peor: mujeres secuestradas, desaparecidas, ultrajadas, ejecutadas, cercenadas, decapitadas, arrojados los cadáveres en los ríos para flotar aguas abajo, en las calles y carreteras y en medio de los cañaverales.

Un mundo caótico para la población femenina. Nunca como hoy las mujeres victimizadas con tanta intensidad, saña y barbarie.

La capacidad del albergue para las mujeres golpeadas en Coatzacoalcos es mínima, por ahora. Y siempre está ocupada y poblada, digamos, al máximo. Más, porque si una señora pide socorro con todo y familia es asilada. Y ahí permanece cuidada, protegida, alimentada y asistida mientras dure, digamos, el proceso ante la ley. El machismo está canijo. Y en todos los niveles. Clases baja y media, pero también, alta. Mujeres urbanas y suburbanas y mujeres rurales e indígenas. Solteras. Casadas. Divorciadas.

Los expertos dicen que la mayor parte del origen de los feminicidios está en la violencia doméstica. Posible. Pero… en el caso de las últimas mujeres ejecutadas otras son, parecen ser, las causas. En Zozocolco, la chica de 18 años, Heidi, secuestrada, desaparecida y asesinada cuando la familia fue incapaz de reunir los 5 millones de pesos del rescate.

En el caso de la maestra asesinada en Amatlán, así no más. Incluso, la mataron delante de la hija. Y en el caso de la señora asesinada con su esposo en Astacinga, el robo. El robo, caray, en una región de Veracruz, en la total miseria y pobreza.

Pero más allá de que así pudiera, entonces, y como cada tribu política en el poder ha sido insuficiente para combatir con resultados el machismo, entonces, solo resta esperar un milagro social con albergues de asistencia para la mujer en desventaja ante la pareja. Y al mismo tiempo, la asesoría jurídica para su legítima defensa.

En el siglo pasado, en las facultades de Leyes los estudiantes de años superiores daban asistencia jurídica gratuita a las personas necesitadas, como el caso. Un día, sin embargo, dejó de tener sentido para la universidad y la quitaron.