/ lunes 12 de octubre de 2020

Comisión Anticorrupción

Hacia finales del mes de agosto, el CDE del PRD anunció la creación de una cosita llamada Comisión Anticorrupción.

Iría, dijo el presidente, contra el nepotismo, el abuso de poder, el desvío de recursos y la opacidad en el gobierno de Veracruz. Desde entonces, ni fu ni fa. Habría sido, entonces, el fuego pirotécnico por excelencia. Acaso, digamos, “medir el agua a los tamales” para ver si “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Más, porque el PRD, un partido moribundo, tenía, precisaron, “más que los pelos de la burra en la mano, la burra completa”. Y, por tanto, amenazaron con denuncias penales en la Fiscalía General estatal y en la Fiscalía General de la República. Semanas después, nada. El palabrerío hueco e insustancial que nada deja y, por el contrario, exhibe y expone la demagogia pura y el populismo barato y ramplón.

Pareciera, por un lado, la declaracionitis, la peor enfermedad del periodismo, peor que un cáncer, donde el político habla de todo, pero sin sustancia.

Y por el otro, la locura mediática de figurar en los titulares.

Peor si se considera lo siguiente: El CDE del PRD aseguró que tenía listo los expedientes en contra de los titulares de las secretarías de Infraestructura y Obra Pública, Educación y Desarrollo Económico, y en contra de la extitular del DIF, una ex panista, soñando ahora, háganos favor, con la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Veracruz. Nadie dudaría de que la tribu perredista encaramada en el poder lanzó un relámpago político para llamar la atención. Y cotizarse en la cancha guinda.

El PRD está en el descrédito total y absoluto. Así comenzó en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, cuando el PRD se volvió color rojo. Después, con Javier Duarte.

Luego, el colmo, cuando el líder perredista, Rogelio Franco Castán, aceptó la secretaría General de Gobierno con el panista Miguel Ángel Yunes Linares.

Y durante los 24 meses de aquel periodo constitucional se volvió un cero a la izquierda, pero de seguro ejerciendo el poder con sentido patrimonialista, como se afirma en la cancha pública, vaya a saberse. Incluso, partido de izquierda, la izquierda de Morena lo rebasó cuando a mediados del año 2018 ganara la gubernatura y la mayoría de las diputaciones locales y diecisiete presidencias municipales, las más importantes, Coatzacoalcos, Minatitlán, Xalapa y Poza Rica.

Los perredistas andan tan mal que el politólogo del barrio dice que ni en alianza con otro partido opositor a Morena ganaría posiciones en las elecciones de alcaldes, síndicos, regidores y diputados locales y federales el año entrante. Y si de pronto, caray, anuncian una Comisión Anticorrupción para cazar pillos, ladrones y rateros de la política, y luego de los titulares, nada trasciende, entonces, peor tantito.

Hacia finales del mes de agosto, el CDE del PRD anunció la creación de una cosita llamada Comisión Anticorrupción.

Iría, dijo el presidente, contra el nepotismo, el abuso de poder, el desvío de recursos y la opacidad en el gobierno de Veracruz. Desde entonces, ni fu ni fa. Habría sido, entonces, el fuego pirotécnico por excelencia. Acaso, digamos, “medir el agua a los tamales” para ver si “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Más, porque el PRD, un partido moribundo, tenía, precisaron, “más que los pelos de la burra en la mano, la burra completa”. Y, por tanto, amenazaron con denuncias penales en la Fiscalía General estatal y en la Fiscalía General de la República. Semanas después, nada. El palabrerío hueco e insustancial que nada deja y, por el contrario, exhibe y expone la demagogia pura y el populismo barato y ramplón.

Pareciera, por un lado, la declaracionitis, la peor enfermedad del periodismo, peor que un cáncer, donde el político habla de todo, pero sin sustancia.

Y por el otro, la locura mediática de figurar en los titulares.

Peor si se considera lo siguiente: El CDE del PRD aseguró que tenía listo los expedientes en contra de los titulares de las secretarías de Infraestructura y Obra Pública, Educación y Desarrollo Económico, y en contra de la extitular del DIF, una ex panista, soñando ahora, háganos favor, con la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Veracruz. Nadie dudaría de que la tribu perredista encaramada en el poder lanzó un relámpago político para llamar la atención. Y cotizarse en la cancha guinda.

El PRD está en el descrédito total y absoluto. Así comenzó en el sexenio de Fidel Herrera Beltrán, cuando el PRD se volvió color rojo. Después, con Javier Duarte.

Luego, el colmo, cuando el líder perredista, Rogelio Franco Castán, aceptó la secretaría General de Gobierno con el panista Miguel Ángel Yunes Linares.

Y durante los 24 meses de aquel periodo constitucional se volvió un cero a la izquierda, pero de seguro ejerciendo el poder con sentido patrimonialista, como se afirma en la cancha pública, vaya a saberse. Incluso, partido de izquierda, la izquierda de Morena lo rebasó cuando a mediados del año 2018 ganara la gubernatura y la mayoría de las diputaciones locales y diecisiete presidencias municipales, las más importantes, Coatzacoalcos, Minatitlán, Xalapa y Poza Rica.

Los perredistas andan tan mal que el politólogo del barrio dice que ni en alianza con otro partido opositor a Morena ganaría posiciones en las elecciones de alcaldes, síndicos, regidores y diputados locales y federales el año entrante. Y si de pronto, caray, anuncian una Comisión Anticorrupción para cazar pillos, ladrones y rateros de la política, y luego de los titulares, nada trasciende, entonces, peor tantito.